Desarrollar un país a alta velocidad

La infraestructura ferroviaria de Rusia necesita modernizarse. El Mundial de Fútbol de 2018 podría marcar un punto de inflexión. Fuente: Flickr / Vokabre

La infraestructura ferroviaria de Rusia necesita modernizarse. El Mundial de Fútbol de 2018 podría marcar un punto de inflexión. Fuente: Flickr / Vokabre

Rusia necesita más de 200 millones de dólares para construir un tren de alta velocidad. Esa es la estimación que ha hecho la empresa estatal RZhD (Ferrocarriles Rusos) para el proyecto de creación de líneas de alta velocidad para el 2030. Según los cálculos en 18 años la extensión de la línea férrea alcanzará los 12.000 km y tendrá una capacidad de transporte de pasajeros de 34 millones de personas al año.

Los trenes rápidos en Rusia comenzaron a desarrollarse a principios del siglo pasado. La primera línea férrea fue la línea Moscú-San Petersburgo por la que en 1931 transitaba el mítico tren Krásnaya strelá (Flecha roja). Hoy en día todavía hay un tren con el mismo nombre que hace la ruta entre las dos capitales. 

En el año 1963 se puso en marcha el Aurora que iba a una velocidad de 160 km/h y cubría la distancia entre las dos capitales en menos de cinco horas. En el 84 apareció el ER-200 que era capaz de hacer el trayecto entre Moscú y San Petersburgo en cuatro horas y media. 

Sin embargo el trayecto entre las dos capitales seguía siendo la única línea por la que transitaban trenes de alta velocidad.  

Tras la caída de la URSS se paró el desarrollo de las líneas de alta velocidad (VFAV). Hasta 2009 no se lanzó un nuevo tren, el Sapsan, con una velocidad máxima de 250 km/h. Y de nuevo entre las dos capitales. 

Un año después se abrieron dos nuevas rutas: Moscú-Nizhni Nóvgorod con una velocidad máxima de 160 km/h y San Petersburgo-Helsinki con una velocidad máxima de 200 km/h. 

El posterior desarrollo de la Alta Velocidad en Rusia debería hacerse en dos etapas. La primera, hasta el Mundial de fútbol de 2018 y  otra después. 

Los partidos se celebrarán en varias ciudades de Rusia y el gobierno cree que la logística y el transporte pueden ser uno de los problemas clave para los aficionados. 

Lo cierto es que Ferrocarriles Rusos no será capaz de construir una nueva infraestructura de trenes con velocidades mayores de 200 km/h en seis años, por lo que en su mayor parte se abrirán rutas por las que los trenes transitarán entre los 160 y los 200 km/h. 

En ocho años deberían comenzar a funcionar trenes de alta velocidad entre Nizhni Nóvgorod-Kazán-Ekaterimburgo y Novosibirsk-Omsk. Y también en Bielorrusia (Minsk) y Ucrania (Kiev). 

Para el 2020 debería modernizarse también la vía Moscú-San Petersburgo. La velocidad entre las dos ciudades debería alcanzar los 250-300 km/h. 

A día de hoy Rusia busca socios para estos proyectos. Uno de ellos podría ser la española ADIF.  Por otro lado el proyecto también ha despertado el interés de empresas de Italia, Francia, Alemania, Corea y China. 

Además, para después de 2020 se planea desarrollar la alta velocidad en Povolzhe, Siberia y Extremo Oriente. 

En cuanto a la conexión con Europa Occidental los planes de momento son menos concretos. Ya existen dos rutas: Moscú-Niza y Moscú-Varsovia-Berlín. Y eso es todo. 

Sin embargo, los expertos señalan que una vez que se abra la línea de alta velocidad con Bielorrusia y Ucrania la posterior ampliación hacia el oeste será solo una cuestión de tiempo. En estos países ya existe la infraestructura para este tipo de trenes, a diferencia de Rusia. 

En Bielorrusia y Ucrania los principales gastos en tiempo y dinero estarán relacionados, en primer lugar, con la modernización de los ferrocarriles ya existentes.

 RZhD valora que los gastos totales de la construcción de la infraestructura de alta velocidad en Rusia serían de más de 200 millones de dólares. Se espera que la principal parte de esta suma la aporte el gobierno. 

Por otro lado, la empresa estatal está convencida de que los beneficios económicos y sociales deberían cubrir los gastos. Por ejemplo, según cálculos de la compañía, el volumen total de las inversiones (incluidos los recursos ya invertidos) en la vía Moscú-San Petersburgo sería de 1,1 trillones de rublos. Los beneficios de la línea serían de 2,2 trillones. 

Vladislav Grib, miembro de la Cámara Social, está convencido de que "además del indiscutible efecto económico, habrá un enorme efecto social". "Si de Moscú, digamos hasta Tver se puede llegar en 30 minutos, las relaciones entre las ciudades, la mentalidad y el modo de vida de los rusos cambiarían radicalmente". 

Lo cierto es que, aunque solo tomáramos los beneficios económicos, las inversiones en alta velocidad, como muestra la experiencia mundial, compensan. Por ejemplo, en 30 años Francia ha obtenido 4 euros de beneficio por cada uno invertido. 

Denís Muratov, director general de la empresa Skorostnie maguistrali, considera que la alta velocidad sería para Rusia una medida anticrisis. 

"El transporte moderno da la posibilidad de desarrollar tanto el potencial económico como el social. En muchos países estos proyectos son un poderoso mecanismo capaz de crear puestos de trabajo, aumentar la movilidad de la población, posibilitar el desarrollo de completos sectores y unir regiones apartadas".

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