Avestruces en el Ártico

En la ciudad de Múrmansk hay una granja de estas aves africanas. Fuente: PhotoXpress

En la ciudad de Múrmansk hay una granja de estas aves africanas. Fuente: PhotoXpress

Artióm Andronaki lleva con éxito un proyecto que parece disparatado: una granja de avestruces en la fría ciudad de Múrmasnk.

“Para conocer a los avestruces, es mejor ir con una fregona en la mano. La fregona es tan sólo un pretexto”, informa el propietario de la granja, Artióm Andronaki. Entre estas aves el más alto es el líder. Si no están 'a la altura' es mejor que no se busquen problemas ya que acabarían de forma trágica. Una patada de un animal de tal envergadura podría matar a un león.

Mientras cava un hoyo añade: “La tierra está congelada, es difícil cavar en las condiciones del Extremo Norte...”

Artióm abre la puertecita de la valla. Entre los enanos abedules de las colinas de Múrmansk, casi en el permafrost, pastan señoriales avestruces africanos.

Parientes de los dinosaurios

Las primeras 15 aves llegaron a una pequeña granja cerca de la aldea Molochni de la región de Múrmansk en 2007. No llegaron precisamente de África, sino de Vilnius, capital de Lituania. El matrimonio Andronaki comenzó con el negocio.

“Nuestros conocidos se llevaban las manos a la cabeza cuando decíamos que queríamos traer avestruces”, se ríe Artióm. “Todos asociaban los avestruces con el calor africano. Sin embargo, cuando nos los trajeron a Múrmansk había nieve en el patio”.

Llegaron en remolques. Se refugiaban debajo de sus alas. Llevaban una especie de calcetines puestos en sus cabezas, lo que les hacía parecer rehenes. Sus primeros pasos por la nieve del Ártico tuvieron lugar en plena oscuridad.

Alexánder Sklyar, un conocido criador de avestruces, lleva diez años suministrando estos animales a Rusia, Kazajistán, Ucrania, Bielorrusia, Uzbekistán e incluso a la corte de los Emiratos Árabes. No obstante, es la primera vez que sus aves llegan al Extremo Norte.

Pocos eran los que creían en esta idea y pensaban que las pobres aves acabarían muriendo de bronquitis. De hecho, nunca antes nadie había intentado criar aves africanas en el Círculo Polar Ártico.

Aunque, los avestruces viven en nuestro planeta desde hace 60 millones de años y han sobrevivido a más de una edad de hielo. A los pocos días de su llegada la temperatura alcanzaba los 30 grados bajo cero y en la granja la gente se agolpaba para ver con sus propios ojos el milagro.

Pudieron ver una imagen idílica a la que es difícil acostumbrarse: avestruces haciendo sus nidos y durmiendo en la nieve. 

Una atracción turística

En un principio los Androniki no planeaban convertir su granja en objeto turístico. Su intención era bastante más sencilla: querían criar carne dietética para los restaurantes de Múrmansk y para los gourmets. No existe una carne con menos calorías. Sólo un año después de la llegada de las aves, su carne llegó a las tiendas.

En general, se trata de un ave del que se puede aprovechar prácticamente todo. Su piel se utiliza para hacer bolsos; las plumas, para decorar sombreros y boas e, incluso, se aprovechan las córneas ya que pueden trasplantarse a humanos. La carne es muy baja en calorías y la grasa se utiliza en cosmética. También existe una alta demanda de huevos.

En Molochni no han desarrollado demasiado el negocio de los avestruces y la campaña de reparto de carne se hace una vez al año. El resto del tiempo cientos de aves picotean la hierba, pasean por el corral y engordan con el pienso compuesto.

No obstante, turistas de todo el mundo sienten interés por ver cómo viven estas aves en el Ártico. No hace mucho llegaron turistas de Argentina y de Australia.

El acertijo de Putin y Medvédev

Las primeras dos crías llegaron al Ártico en el año 2008 justo el día de la investidura del presidente.

“No perdimos mucho tiempo en pensar sus nombres. A uno lo llamamos Putin y al otro Medvédev”, Artióm hace una pausa.

“Lo gracioso era saber de qué sexo era cada uno de ellos ya que sólo es posible saberlo después de seis meses que es cuando el ave cambia su característico plumaje. Los machos se vuelven más negros y las hembras siguen siendo grisáceas. Al final resultó que una de las crías era una hembra, pero no os voy a decir cuál de ellas”.

En el corral corre una cría de una semana cuyo nombre, políticamente correcto, es Vasia. La pequeña ave muestra sus dotes haciendo sprints y esquivando con rapidez las manos de sus dueños para no ser capturado. Mientras es joven le mueve su instinto, pero dentro de unas semanas llegará a confiar en el hombre.

Veloz como un avestruz

En algunas granjas las carreras son todo un entretenimiento. Artióm aprendió a montar en avestruz a partir del método ensayo y error. Ahora los recuerda todos sus cardenales y golpes con una sonrisa.

En la actualidad no utiliza ni arnés ni ningún tipo de protección. Artióm salta desde la valla hacia el lomo del animal y ¡a correr!

Sin embargo, para atraparla tiene que correr bastante. Entonces llega el turno de domarla. El sistema es bastante sencillo. En primer lugar se les coloca un calcetín en la cabeza, el avestruz no ve nada y si no ve no tiene miedo. Lo más importante es sentarse lo más cerca posible del cuello, colocar las piernas bajo las alas y agarrarse. El ave, seguramente cansada, correrá unos 20 minutos y después se sentará en el suelo dejando que su jinete pueda descender.

A Vasya le espera un prometedor futuro: dentro de un año se le pondrá una silla de montar e irá por la nieve en Múrmansk como si se tratase de la hierba africana.