“Ellos bebían su vodka y yo mi fernet”

Entrevista a Carlos Delfino, argentino que jugó en el equipo ruso del Jimki antes de volver a la NBA. Fuente: photoXpress

Entrevista a Carlos Delfino, argentino que jugó en el equipo ruso del Jimki antes de volver a la NBA. Fuente: photoXpress

El santafecino Carlos Delfino, actualmente en los Houston Rockets de la NBA, se convirtió en 2008 en el segundo y por ahora último basquetbolista argentino en la liga rusa.

Han pasado cuatro años y hoy Delfino, con la perspectiva que da el tiempo, recuerda con cariño su estancia en Moscú, “un año diferente”, como explica en esta entrevista concedida en exclusiva a Rusia Hoy.

Su fichaje por el Jimki, club de un barrio periférico de Moscú, supuso el punto cumbre de una etapa de vacas gordas en el deporte ruso. A pesar de que Delfino venía de cuajar varias temporadas flojas en la NBA, su enorme talento era bien conocido en el ‘Viejo Continente’, pues jugó 4 años en Italia (Calabria y Bolonia).

Así que el equipo ruso no escatimó en gastos para traerle de regreso y le ofreció un contrato por el salario más alto de la historia del baloncesto en Europa: unos 7 millones de euros brutos anuales.

Perfil

Carlos Delfino nació en Santa Fé en agosto de 1982.  En 2004 debuta con la albiceleste y forma parte de la selección que ganó la medalla de oro en los JJOO de Atenas. En ese mismo año comienza su carrera en la NBA, donde juega cuatro temporadas entre Detroit y Toronto. Delfino ficha en 2008 por el Jimki ruso, donde sólo permanece una temporada, antes de regresar a la NBA: Milwaukee Bucks. Carlos cuaja su mejor actuación con la selección en el Mundial de 2010, promediando 21 puntos por partido. El pasado verano fichó como agente libre por los Houston Rockets. Delfino, que destaca por su lanzamiento exterior, mide dos metros exactos y alterna las posiciones de alero y escolta. Tiene tres hijos con su mujer, Martina, de nacionalidad italiana.

Hasta el faraónico fichaje de Delfino en 2008, el Jimki era un club poco conocido, con menos de 5.000 asientos en su pabellón y apenas 15 años de historia, siempre a la sombra del todopoderoso CSKA. Pero apenas transcurrieron unos meses desde la llegada del argentino cuando la situación económica del país se torció, y con ella la del Jimki, que despertó de sus sueños de nuevo rico.

El argentino sólo jugó en Rusia una temporada, que se complicó con lesiones e incertidumbre en los pagos del club. Además el equipo perdió dos finales, la Liga Rusa y Eurocup.

Carlos Delfino fichó por el mismo club ruso, el Jimki, en el que un par de años antes había jugado el único otro argentino, Rubén Wolkowiski.

El salario a deportistas extranjeros de élite en Rusia se paga en dólares, pero los sponsors cotizan a los clubes en rublos (moneda nacional). El millonario sueldo de Delfino se firmó en un tipo de cambio muy favorable para el rublo. Cuando a finales de 2008 se produjo una brusca caída del precio del petróleo y el rublo se depreció, el Jimki encontró que apenas podía hacer frente al pago de los salarios.

Aunque el club logró finalmente cumplir con todos sus pagos, las estrellas se marcharon a final de temporada, entre ellas Delfino, que regresó a la NBA de la mano de Milwaukee Bucks. El baloncesto ruso se recuperó rápido de aquella crisis y hoy vuelve a situarse entre las ligas más potentes de Europa, sino la que más.

¿Cómo recuerdas tu temporada en Moscú?

Fue un año diferente, interesantísimo. Me encontré una liga corta pero muy intensa, con jugadores atléticos, no demasiado lejos de la NBA. Quizá les falta el tipo de experiencia que se adquiere jugando más. A nivel personal, sufrí dos lesiones tontísimas y me perdí casi media temporada. Me quedó un sabor amargo porque perdimos la final de liga rusa y de la Eurocup.

¿Cuál fue tu primera reacción cuando en 2008 te propusieron mudarte a Rusia?

Por mi edad y las dificultades que venía pasando en Toronto, mi prioridad en ese momento era disputar minutos y firmar contrato antes de los Juegos Olímpicos. Tuve un par de ofertas de la NBA, pero poco concretas. Jimki fue el equipo que más interés mostró. Al recibir su propuesta, traté de informarme sobre el equipo y la liga rusa, pedí consejo a Rubén Wolkowiski y a mi ex compañero en Bolonia, Gianmarco Pozzecco. Quizá en aquel momento no sabía muy bien a dónde iba. Pero no me arrepiento en absoluto. Si pudiera elegir de nuevo sabiendo lo que se ahora, tomaría la misma decisión.

¿Cómo fue tu adaptación a la vida en Rusia?

 Aunque tenga chofer y traductor, uno trata de empaparse un poco de la cultura donde está. Lo más difícil es el idioma, la comunicación. Se pierde mucho ahí, aunque en nuestro equipo no era un problema, porque había muchos extranjeros. Pero me queda también un gran recuerdo del trato con los compañeros rusos, me esperaba gente más fría. Me sorprendió su calor humano, me hicieron sentir como en casa. Recuerdo que el día que terminó la liga me quedé tomando con ellos, los rusos su vodka y yo Fernet con Cola.

¿Cómo te afectaron los problemas de liquidez financiera del club? 

Uno escuchaba las noticias sobre el precio del petróleo, el tipo de cambio, equipos que se quedan sin dinero… y pensaba, ¿qué pasará con lo mío? ¿Me pagarán, no me pagarán? Hubo un par de retrasos con las mensualidades, sí, pero yo me marché de Jimki con todos los pagos al día. No tengo ninguna queja con el club, al contrario. Naturalmente, esto no pasa en la NBA, donde tienes la certeza de que llega el día primero del mes y cobras, te puedes concentrar exclusivamente en el baloncesto.

¿Considerarías regresar al baloncesto ruso antes de terminar tu carrera?

No sé cuántos años más voy a jugar, por ahora me siento físicamente muy bien tras la operación en mayo de una hernia. Hoy por hoy no cierro ninguna puerta. Lo única certeza es que antes de retirarme quiero jugar en el equipo de mi casa, la Unión de Santa Fe. Quiero retirarme allí.

Después de tres años en Milwaukee, este verano fichaste como agente libre por los Rockets. ¿Por qué elegiste Houston?

No me esperaba el cambio, la verdad, pensaba quedarme en Milwaukee por algún tiempo más. Al terminar los Juegos Olímpicos me llamó mi agente con las opciones que tenía, entre ellas Houston. Me decidí tras preguntarle a Luis Scola, que me habló muy bien tanto de la franquicia como de la ciudad.

Precisamente contra Rusia perdió Argentina el bronce en los Juegos Olímpicos de Londres.  ¿Llegará está generación al Mundial de 2014?

La columna vertebral de la selección se va degenerando, cada vez somos más ‘viejitos’. Esperábamos cerrar el ciclo con una medalla en los Juegos de Londres.

Ese sabor agridulce es el que nos lleva a buscar una revancha en el Mundial de España 2014, que sí será la última cita.

¿Qué papel juegan los rusos Kirilenko y Shved en los Minnesota Timberwolves?

Kirilenko aporta experiencia a un grupo joven y con talento. Es de esos jugadores que uno siempre quiere tener de su lado. Sabe hacer muchas cosas en la pista y no mira sus estadísticas sino que juega siempre para el equipo. Tendrá un rol importante en la adaptación de su compatriota Shved, al que talento le sobra, como sabemos bien en Argentina después de sufrirle en el partido por el bronce en los Juegos.

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