Putin describe su visión moral de la Rusia moderna

La necesidad de plantar cara al nacionalismo y la importancia geopolítica del país en un mundo multipolar son algunas de las líneas destacadas. Fuente: ITAR-TASS

La necesidad de plantar cara al nacionalismo y la importancia geopolítica del país en un mundo multipolar son algunas de las líneas destacadas. Fuente: ITAR-TASS

Vladímir Putin se centra en el futuro de su país, dejando atrás los debates sobre si Rusia estaba mejor en la era soviética.

En el discurso del presidente Vladímir Putin a la Asamblea Federal del 12 de diciembre, el primero desde su regreso a la presidencia, trazó su visión para el futuro de Rusia. Habló de moralidad, de la relevancia geopolítica del país, de la importancia de la educación para el desarrollo, de la demografía y de la necesidad de hacer una “reestructuración” económica, palabra que ha sustituido a la ya anticuada “modernización”.  

Putin habló de la importancia de observar toda la historia del país en lugar de mirar solo el siglo XX: “Rusia no comenzó en 1917, ni siquiera en 1991”; de enfrentarse a la amenaza del nacionalismo y de la importancia de mirar hacia el este.

Antes del discurso, fuentes del Kremlin decían que una parte significativa del discurso estaría dedicada a la seguridad nacional. Aunque Putin apenas mencionó las palabras “defensa” o “política exterior”, su discurso presentó una nueva visión de la seguridad nacional.

Reiteró lo que lleva diciendo desde comienzos de 2012: que el mundo es un lugar extremadamente peligroso y que la situación solo va a empeorar.

Dijo que nadie puede aislarse de lo que está sucediendo. Lo externo y lo interno están irremediablemente ligados; el uno alimenta al otro, creando un remolino de turbulencias. La política nacional y exterior del Kremlin pretende minimizar esta turbulencia y mitigar los riesgos.

En lo que concierne a la política exterior, Putin habló de plantar cara a los países que están generando el caos y tumbando los últimos pilares restantes del sistema antiguo.

La postura de Rusia en cuanto a Siria era que si no puedes mejorarla, no la empeores. Aunque Rusia es un jugador influyente en Siria, es uno entre muchos y sus posibilidades de lograr algo son limitadas. De ahí que el énfasis en la dicotomía de “lo interno y lo externo”, que define la seguridad nacional, se esté moviendo a áreas en las que tiene más influencia y control. La estabilidad interna del estado y de la sociedad es una garantía de seguridad nacional.

El discurso de Putin marca un paso de alejamiento de la era postsoviética. “Debemos mirar solo hacia adelante y pensar solo en el futuro”, proclamó. Es un eslogan obvio, pero marca un significativo paso de alejamiento de los lamentos por la grandeza perdida de Rusia que han definido el pensamiento político de los últimos 20 años, desde la caída de la Unión Soviética. El debate durante la era postsoviética trataba de este período: ¿qué es mejor, la Unión Soviética o lo que la reemplazó?

La historia milenaria de Rusia ni siquiera estaba presente.

Ahora el gobierno está buscando material de construcción para un nuevo mito histórico, donde los debates sobre el papel de Stalin y otros eventos se conviertan en una mera parte de una internalización general del proceso de desarrollo nacional. El discurso de Putin da esperanzas de que la sociedad rusa abandone los inútiles debates sobre el siglo XX.

Su decisión de evocar la Primera Guerra Mundial por segunda vez este año también es comprensible: “Nuestros antepasados la llamaron la Gran Guerra, pero quedó injustamente olvidada y desechada de nuestra memoria histórica por razones políticas e ideológicas”. Parece que la celebración del 200 aniversario de la Guerra Patria de 1812 será la precursora de otros eventos a gran escala durante el 2014 para conmemorar la Primera Guerra Mundial.

El énfasis de Putin en enfrentarse al nacionalismo, el cual ya había manifestado durante su campaña electoral y reiteró en su discurso, sugiere que el Kremlin es muy consciente de dónde se encuentra el nervio más sensible.

El legado soviético se ha agotado ahí también; el internacionalismo y la presunción de un estado secular ya no pueden darse por sentado y deben ser defendidos y reformulados.

Está claro a quién van dirigidas las palabras de Putin sobre lo inaceptable de cualquier manifestación de nacionalismo o chovinismo. Sus palabras, “no permitiremos que emerjan enclaves étnicos cerrados en Rusia con su propia jurisdicción informal existente fuera del marco legal y cultural común del país y que ignora con desdén las normas, leyes y reglas aceptadas”, iban dirigidas a los nacionalistas rusos y a aquellos que están tratando de formar comunidades étnicas en áreas metropolitanas. Pero los principios específicamente rusos para establecer este marco legal y cultural uniforme no están del todo claros.

Rusia está dejando de ser un imperio, pero debido a su compleja composición, no puede convertirse en un estado nación corriente como lo hicieron otros poderes coloniales tras su colapso.

Como resultado, la Rusia del futuro corre el riesgo de combinar lo peor de ambos mundos. No está claro aún si un modelo que permite los aspectos positivos de la construcción de naciones con base imperial y étnica puede ser capitalizada, pues no existe un marco de valor apropiado para ella.

No es casualidad que el leitmotif del discurso fuera la moralidad, una noción que los líderes rusos apenas mencionan, y practican menos aún.

Esto también significa una ruptura con la última era soviética y con la era postsoviética, cada una de las cuales, a su modo, se distanció de cualquier ideal. Los románticos con los ideales de los 60 que iniciaron la perestroika fueron una excepción, pero su rápida desaparición de la política solo refuerza la idea de la aversión a los valores.

Los valores morales

Durante los muchos años de reformas, la transformación social se percibió principalmente en un aspecto puramente económico; el pragmatismo prevaleció sobre todo tipo de idealismo; y se consideró más importante tener un modelo matemático preciso que un contenido de valores adecuado. Incluso los acalorados debates sobre los “valores europeos” tenían una dimensión política e incluso geopolítica, pero nunca una sustancial.

Al parecer, los valores se están convirtiendo en un concepto ideológico, aunque el tipo de tradicionalismo que está surgiendo delante de nuestros ojos no tiene pinta de ser algo que pueda impulsar el desarrollo.

Por eso son tan importantes los mensajes de Putin que dicen que “la moralidad no puede imponerse mediante la ley” y que “los intentos por parte del gobierno de coartar las creencias y opiniones de la gente son una manifestación de totalitarismo... que es completamente inaceptable”.

Al menos es algo que evocar cuando los grandes campeones de la moralidad de dentro de la Duma del Estado comiencen a imponer la ley moral de nuevo.

El regreso de la noción de los valores al vocabulario político es un progreso en comparación con el cinismo arrogante que predominaba hasta el momento.

Como es natural, el presidente habló también de uno de sus temas favoritos, la demografía, y volvió a recordar a la audiencia que para tener éxito en el mundo “debemos ser más y mejores”. Cree que los recursos humanos son la verdadera base de la soberanía, y que son más importantes que todos los demás recursos.

Putin ha introducido también la nueva noción de la “relevancia geopolítica” de Rusia, que “Rusia no solo debe conservar, sino también aumentar”. Dijo: “Debe generar demanda entre nuestros vecinos y socios. Quiero subrayar que esto es por nuestro propio bien.

Esto incide en nuestra economía, nuestra cultura, nuestra ciencia y educación, así como en nuestra diplomacia, especialmente en la capacidad de movilizar acciones colectivas a nivel internacional. En último lugar, pero no menos importante, incide en nuestra fuerza militar, que garantiza la seguridad y la independencia de Rusia”.

La relevancia geopolítica significa la habilidad de construir diversas relaciones con diferentes centros de poder en el mundo multipolar y de ofrecerles lo que necesitan. Esto es posible gracias a la céntrica situación geopolítica de Rusia, pero hay riesgos. “Si una nación es incapaz de conservarse y reproducirse, si pierde puntos vitales de referencia e ideales, no necesita un enemigo externo porque se vendrá abajo por sí misma”. Esta reflexión podría poner fin a los debates que, desde hace veinte años, especulan sin cesar sobre las razones por las que cayó la URSS.

En los años recientes ha llegado a parecer que la teoría de una “conspiración enemiga” se estaba volviendo canónica, pero quizá ahora cambie algo.

Todos los derechos reservados por Rossiyskaia Gazeta.

Más historias fascinantes en la página de Facebook de Russia Beyond.

Esta página web utiliza cookies. Haz click aquí para más información.

Aceptar cookies