Se acabó la energía nuclear de bajo coste

El desastre de Fukushima hizo saltar los interrogantes en torno al futuro de esta industria. Fuente: Reuters / Vostock-Photo

El desastre de Fukushima hizo saltar los interrogantes en torno al futuro de esta industria. Fuente: Reuters / Vostock-Photo

El accidente ocurrido en la central japonesa planteó dudas sobre la idoneidad de este tipo de energía. Sin embargo, países como Rusia, Polonia, Argentina o Gran Bretaña apuestan por el desarrollo de esta energía, siempre y cuando se mantengan las medidas de seguridad adecuadas.

De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía (IEA), la demanda energética aumentará más de un 33% en el año 2035. La misma fuente afirma que la decisión alemana de abandonar la energía nuclear en el 2020 provocará que el coste de la electricidad en Europa para el año 2030 sea mucho más alto que en Estados Unidos.

Estos datos suscitan cuestiones que pasan por analizar cómo será el futuro energético y qué tipo de energía utilizaremos: renovable, fósil, gas, nuclear o de cualquier otra naturaleza.  

Para hacer frente a un importante incremento de la demanda, parece claro que el futuro de la energía pasa no solo por buscar esa combinación energética que sea capaz de cumplir con la demanda, sino también de encontrar una solución viable y segura que respete el medio ambiente, en concreto los problemas de la polución, las emisiones de CO2 y el efecto invernadero.

Aunque la energía solar y eólica incremente su participación, la IEA subraya que la energía tradicional y el gas se mantendrán en la base energética. 

Ante esta realidad, solo podemos preguntarnos si la industria nuclear tiene futuro tras Fukushima.  Un accidente en una central nuclear afecta a esta industria en todo el mundo, razón por la que el argumento según el cual la energía nuclear es respetuosa con el medio ambiente (no tiene emisiones de CO2) continúa siendo insuficientepara justificar el desarrollo tecnológico.  

Hay que tener en cuenta la opinión de la sociedad al respecto, motivo por lo que Europa y Rusia, tras el accidente de Fukushima, aplicaron revisiones especiales a sus centrales nucleares. 

Rusia además, revisó su protocolo de emergencia en caso de un ataque terrorista. Los operadores de centrales tuvieron que invertir millones para aumentar la seguridad.  

Sería muy útil que existiera una autoridad internacional capaz de lidiar con la seguridad y la protección de las centrales, que regulase con parámetros estrictos y respondiera a las preocupaciones de la población. 

A pesar de lo ocurrido en la central japonesa, existe un conjunto de países que siguen apostando por la energía nuclear: Gran Bretaña, Polonia, India, Turquía, China, Sudáfrica, Argentina  y Rusia.  

En la actualidad, Rosatom, la corporación estatal de energía atómica de Rusia, desarrolla 38 nuevos proyectos, y su participación en la energía nuclear del país pasará del 16 al 25% en los próximos 20 años. 

Una cosa está clara: Fukushima supuso el fin de la energía nuclear de bajo coste. Se han reforzado las medidas de protección y los niveles de seguridad, aunque probablemente aún no sea suficiente y se necesite un árbitro internacional que vele por la seguridad y protección nuclear. 

En el futuro, serán necesarias todas las fuentes de energía. La implicación de los productores de energía tradicional y las fuentes alternativas, como la nuclear y las renovables, demuestran que todas son complementarias, y que ninguna representa una alternativa por sí sola. 

Emmanuel Gout es analista energético de la consultora StratinvestRu.

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