Cuando jugar a muñecas es un arte

La rusa Evguenia Jamuliak inaugura la primera galería de muñecas y juguetes artesanales de Barcelona. Fuente: Ruslan Shchegolkov

La rusa Evguenia Jamuliak inaugura la primera galería de muñecas y juguetes artesanales de Barcelona. Fuente: Ruslan Shchegolkov

'Dear Dolly' es el nombre de la primera galería dedicada a muñecas y juguetes artesanales que se acaba de inaugurar en Barcelona, coincidiendo con la segunda edición del Festival Mediterráneo del Arte de la Muñeca. El certamen incluye un concurso virtual, al que se han presentado 53 artistas de todo el mundo, si bien predominan los de origen ruso, bielorruso y ucraniano.

Detrás de estas iniciativas se encuentra la moscovita afincada en la Costa Brava Evguenia Jamuliak, artista y coleccionista, que también ha impulsado el nacimiento de una revista del mismo nombre que la sala de exposiciones, que es la primera en España en su género. 

Además, también se pretenden organizar talleres de confección de muñecas, espectáculos con títeres –como el que se pudo ver el día de la inauguración, del artista ruso Arseni Kovaslki- y otras actividades relacionadas con este arte. 

Todo empezó en una pequeña tienda de la República Checa de horario incierto. Los amigos que la acompañaban pasaron de largo, más interesados en la cerveza o en el ámbar de las joyerías, que en aquella galería extraña. 

Pero Evguenia Jamuliak no podía apartar la mirada del escaparate y, en concreto, de una de las muñecas que finalmente adquirió. Aquí comienza la historia de una fascinación que cuatro años después se ha convertido en una colección de 150 piezas y muchas horas de trabajo. 

Fuente: Ruslan Shchegolkov

“Es sólo una pequeña colección”, asegura Jamuliak. De ella, destaca la variedad de materiales, plástico, porcelana, tela, madera…; épocas, hay tanto piezas de anticuario, como modernas, las preferidas de Yevguenia; estilos, desde los clásicos ositos de peluche hasta zombies o procedencias: Rusia y España, claro, pero también, Canadá, Francia o Uzbekistán. También en los precios hay variedad, aunque la media es de unos 500 euros. 

La pieza más emblemática de la colección es Dolly, una muñeca de más de cien años que la directora de la galería compró en Figueres, la patria chica de Salvador Dalí. 

La huella rusa salta a la vista con figuras como un Dostoievski de plástico y otras que representan personajes de este mismo autor. 

La obra que ha hecho un viaje más largo para la ocasión es 'Tango', de Natalia Safrónova, ganadora de la última edición del concurso Dear Dolly. Ella y sus acompañantes han viajado dos días en tren cargadas con sus muñecas desde Siberia hasta Moscú y, desde aquí, hasta la capital catalana. 

Safrónova no puede evitar emocionarse al explicar que en su tierra natal están a 33 grados bajo cero, mientras en Barcelona la temperatura es de unos 18 grados. “Vivís en un paraíso”, exclama. 

Pero ni Barcelona, ni Cataluña, ni España son un paraíso para los que se dedican a este arte, pues lamentablemente no existe tradición. 

Aquí la muñeca se entiende exclusivamente como un juguete infantil. Así lo reconoce Evguenia Jamuliak, quien se plantea su aventura como un reto. “Intentaremos importar el arte de la muñeca y el juguete artesanal a España”, dice medio en broma y medio en serio. 

Coincide con el diagnóstico una de las pocas artistas locales presentes en la exposición, Anna Martí. Ella sabe bien de lo que habla, pues hace un año y medio tuvo que cerrar su tienda, “Les 1001 nines” (Las 1001 muñecas), tras 18 años. Estaba situada precisamente en Gràcia, el mismo barrio donde ahora ha abierto sus puertas Dear Dolly. 

“Mucha gente aquí desprecia las muñecas como arte; algunos incluso les ven connotaciones malignas”, lamenta Martí. 

Y eso “a pesar de que de niños todos hemos jugado con muñecos y hemos creado vínculos muy especiales con ellos”. “En todas las culturas existen las muñecas, aunque estén hechas con paja y tela de saco”, reivindica y concluye: “Se trata sin duda de una expresión artística”. 

Anna Martí ha traído a la exposición unos muñecos de reborn. Esta técnica consiste en reproducir bebés con tal precisión, que realmente tienes que mirar dos veces para asegurarte de que no son de carne y hueso. 

Martí explica que, en la elaboración de estos muñecos, han participado tres artistas diferentes: uno ha hecho el molde; otra está especializada en el cabello, que ha enhebrado uno a uno; y la otra, Anna, se ha encargado del resto. 

Aprovecho que tengo delante a una persona tan experta en la materia para preguntarle qué piezas le gustan más de la muestra. Me destaca una pequeña niña de estilo gótico, deliciosa, que parece salida de una película de Tim Burton, y una viejecita con un trabajo extraordinario del prestigioso artista francés Julien Martínez. Esta es también una de las preferidas de la anfitriona y yo me sumo sin dudar a esta elección.

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