Siberia está en La Mancha

Fuente: Julián Jaén

Fuente: Julián Jaén

Una ‘Quijota’ española ha montado en Toledo dos museos sobre Siberia y los pueblos indígenas. Dirige también una fundación sobre el tema.

“¡En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme…” está Siberia! y también una mujer apasionada por las venturas más nobles, una enamorada de los indígenas de la remota Siberia. 

Sí, en mitad de Los Montes de Toledo se encuentra un trozo de la arquitectura y casas típicas de la tundra, la estepa, la taiga y el ártico, los grandes ecosistemas de esa región 22 veces más grande que España. 

Porque si uno pasea por Polán o por Las Ventas con Peña Aguilera (ambos pueblos a poco más de 100 kilómetros de Madrid) puede encontrar, gracias al esfuerzo de Carmen Arnau Muro, antropóloga y especialista en los pueblos indígenas de Siberia, sus casas, formas de vida, joyas, cuernos para cazar, fotos, documentales... 

Ella, nacida en la zona, “muy manchega” como se reconoce ha levantado un etnomuseo que piedra a piedra y madera a madera reproduce cómo viven los indígenas de Siberia, un museo y una fundación con la misma temática. 

¿Por qué, de qué ese interés por Siberia? “Por compromiso. Porque cuando los conocí me sorprendieron tanto que me siento obligada a contar”, cuenta al tiempo que va paseando por las cuatro hectáreas que compró para construir su personal reconocimiento a los pueblos que le robaron el alma. 

“Aquí estaría la estepa… y esto es una yurta”, y la historiadora abre la puerta de la construcción típica de madera, un octógono con alfombras y pieles en el suelo y luz cenital.

En la mitad de la casa habitan los hombres, en la otra, las mujeres, va explicando. 

“Y aquí, fuera, en la hoguera, se hacen los rituales… Pero, sigue, pasemos a la tundra”, va indicando al tiempo que señala el molino medieval, la torre mora y las tumbas visigodas entre las que ha levantado cada una de las casas rusas.

Acceder al recinto es gratis. Ella ejerce de guía mientras cuenta la relación que estas gentes establecen con la naturaleza, su inteligencia emocional, sus formas alternativas de sanar... 

Se puede visitar los sábados y domingos; de lunes a viernes Carmen está en el museo y la fundación. No descansa. Quiere dar a conocer cómo viven hoy unos 300.000 hombres y mujeres en la zona más remota del mundo, unas gentes que se transportan a caballo y reno, siguen cazando como forma de vida y “están atados” de espíritu a la Naturaleza. 

Y así, esta mujer que habla siete idiomas (enseña ruso los viernes en el museo, en Polán, ¡gratis para todo aquel que se acerque!), monta en reno y caballo y ha hecho 17 expediciones a Siberia, va desgranando su saber. 

Es discreta. Como los chamanes, con quienes ha pasado horas y tardes y casi siempre optan por callar; son más de mostrar, cuenta. La envergadura de su causa: montar Siberia en la Mancha, hace fácil el símil. 

Es una Quijota, una noble enamorada de la cosmovisión de los indígenas. “Son gente austera, solidaria, no se quejan, no juzgan... En los talleres que dicto sobre pensamiento indígena cuento que su saber sería de gran ayuda para reencontrarnos”, señala. 

Habla con prudencia: “No quiero hacer de esto un parque temático”. Quizás por eso es parca en palabras cuando se le pregunta que explique la magia y energía de los chamanes a los que trae a su pueblo. Le va aquello que decía El Quijote: “El andar tierras y comunicar con diversas gentes hace a los hombres discretos”. Y ella ha paseado.

En sus aventuras por tierras de La Mancha lo hace todo prácticamente sola: las páginas web que lleva, las conferencias, la organización de los talleres de cocina, de pensamiento chamanista, los encuentros con expertos, la organización de los viajes de chamanes a España... 

También, una vez al mes, se viste con los trajes típicos de la zona (abrigos bordados con los más vivos colores, cuentas y 1.001 abalorios) y viaja a Madrid para dejarse ver en pleno centro y hablar de sus museos: quiere gente.

Termina la visita. “¿Os ha gustado Siberia?”, dice la mujer que se enamoró de esas tierras lejanas por un pequeño cuento de renos, cazadores y nieve que le regalaron de pequeña, su particular novela de caballería sobre la península “sibérica”. 

Más información en la página de Carmen Muro.

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