La oposición se manifiesta, a pesar del frío y los arrestos

Fuente: Ruslan Sujushin

Fuente: Ruslan Sujushin

La concentración tuvo lugar en la plaza Lubianka, sede del FSB, sucesor del KGB. Según la policía hubo alrededor de 700 manifestantes, los convocantes hablan de 5.000.

A pesar de que las temperaturas rondasen los 17 grados bajo cero un considerable grupo de personas se concentró en el centro de Moscú el 15 de diciembre para participar en una concentración no autorizada para protestar contra el gobierno de Vladímir Putin. 

“Estimados ciudadanos. Esta reunión no cumple las leyes de Moscú. Diríjanse hacia el metro para no ser detenidos”, repetían los policías, también centenares, por un megáfono. 

La protesta tuvo lugar en la plaza Lubianka, enfrente del cuartel general del FSB, sucesor del KGB. En los alrededores había numerosos autobuses que iban a ser utilizados para meter a los manifestantes detenidos. Un helicóptero volaba bajo, quizá en un intento de acallar el ruido que pudiesen hacer los reunidos. 

Ni la policía ni el frío impidieron que se concentrase un grupo de personas proveniente de diferentes estratos sociales. Se podían ver familias con niños, jóvenes con iPads y pensionistas. El número de participantes difiere según las fuentes; las oficiales dicen que había 700 personas, mientras, Serguéi Udaltsov,  uno de los líderes de la oposición, insistió en que había 5.000 personas. 

Los manifestantes colocaron flores blancas (el color de la oposición) en la piedra de Solovetski, un memorial situado en la plaza dedicado a las víctimas del Gulag y erigido tras la caída de la URSS. Según la nueva ley, por acudir a una concentración no autorizada, todos los asistentes se enfrentaban a multas de alrededor de 1.000 dólares, y los organizadores a multas de 6.500 dólares. 

“No tengo miedo por estar aquí, el que debería tenerlo es Putin”, dijo la moscovita Lilia Sokolova, que declaró haber asistido a protestas desde los años 60. 

“Este es el lugar más cálido de Moscú”, bromeó el opositor Borís Nemtsov, viceprimer ministro con Borís Yeltsin. “Tomé el trolebús número 45 para llegar hasta aquí”, añadió. 

Pero no solo había liberales como Nemtsov y sus seguidores. También había nacionalistas, libertarios y activistas de los derechos de los homosexuales. Los comunistas, sin embargo, convocaron una protesta autorizada en otra parte de Moscú. Lo que unía a este dispar grupo era el deseo de ver a Vladímir Putin fuera del poder tras casi 13 años. 

“No quiero que nuestra libertad dependa de una persona”, dijo Alexánder Bolgov, “es estúpido”. 

“El pez se pudre desde la cabeza”, declaró Valentina Ostak-Pengur, que se mostró escéptica ante la lucha contra la corrupción anunciada por el presidente. 

Alexéi Navalni, el bloguero anticorrupción y uno de los líderes más famosos tanto dentro como fuera del país, estuvo en la protesta. Al llegar fue rodeado por los periodistas y sus seguidores. Fue detenido y liberado más tarde. El viernes, el Comité de Instrucción abrió una causa penal contra él y su hermano Oleg, por blanqueo de dinero. El acusado declara que es una causa motivada políticamente. 

Sergué Udaltsov, del Frente de Izquierdas, y Xenia Sobchak también fueron detenidos. 

Durante la semana se denegó el permiso para realizar la protestas

“Estoy indignada porque no se ha autorizado la protesta a pesar de haber hecho la solicitud dentro del periodo necesario. Nunca hemos sido violentos. No tienen derecho para denegar el permiso”, declaró la pensionista Tamara Kozhevnikova. 

Alrededor de hora y media después de que los manifestantes se juntasen, la policía comenzó a detenerlos, a retirarlos de la plaza. Los concentrados gritaban “¡Vergüenza!”, y “¡Rusia sin Putin!”. La protesta terminó cuando los agentes, que había formado una cadena, empujaron a la muchedumbre fuera de la plaza al frío de la noche moscovita.

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