La historia de Rusia a través de la vivienda

Fuente: ITAR-TASS

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Una 'isbá' (vivienda típica de los campesinos rusos), una 'komunalka' (un piso compartido por varias familias) de los años 20, un moderno apartamento-estudio...Al parecer, todas estas viviendas no tienen nada en común, pero son en realidad imágenes de épocas enteras en la historia de Rusia.

Una isbá (vivienda típica de los campesinos rusos), una komunalka de los años 20 del siglo pasado es decir (un piso compartido por varias familias), barracones para los operarios de las colosales obras de construcción soviéticas, un moderno apartamento-estudio son muestras de la exposición 'Mi casa es Rusia' abierta en el Museo de la Historia Contemporánea.

El “guardián de la vida” y los samovares como mejor dote de las novias

El centro de la isbá era tradicionalmente el horno de leña. Tan importante se consideraba que se la llegó a llamar “guardián de la vida”. En torno al horno él giraban todas las actividades de los campesinos, cuenta la colaboradora del museo, Daria Kosolápova.

Otro artefacto imprescindible de la labor campesina es el arado, importante ayudante en la difícil tarea de mantener una familia.

“De acuerdo con los datos del censo de 1897, los campesinos constituían el 77% de la población del país. De modo que Rusia entró en el siglo XX sobre todo como una potencia agraria”, prosigue Daria Kosolápova.

Casi hasta la Revolución bolchevique de 1917 los terratenientes representaban la capa social más notable del Imperio.

Los pisos compartidos, las cortinas con hoces y martillos y los cigarrillos 'Ilych'

Las 'komunalkas' eran los enormes pisos pertenecientes a los “odiosos burgueses”. A los industriales ricos, conocidos médicos y abogados, el nuevo régimen les permitía quedarse con una o dos habitaciones de su propio domicilio, mientras que en otros cuartos se instalaban familias de obreros y campesinos.

“La cocina era el lugar más concurrido por los vecinos, allí se cocinaba, se lavaba y se secaba la ropa, se chismorreaba y se discutía sobre los principales acontecimientos políticos. Se peleaba y se hacía las paces”, explica Daria.

Todas las familias tenían en la cocina su mesa y un hornillo a queroseno, el Primus. El régimen aprovechaba incluso la vajilla y los cigarrillos, para hacer propaganda comunista.

“Los nuevos dueños no se sentían cómodos en los 'antiguos pisos señoriales', con sus altísimos y decorados techos, enormes ventanales y muebles macizos hechos de piel y ébano. Además, era difícil mantener calientes unas habitaciones tan grandes. Y el frío causaba en los años 20-30 unos estragos tan fuertes como el hambre”.

Ellos construían un futuro mejor y vivían en barracones mal iluminados

En 1929, en los Urales empezó una gigantesca obra de construcción, la de la fábrica metalúrgica Stalin. Junto con otros proyectos de la misma envergadura, facilitó puestos de trabajo para decenas de miles de personas.

Aquella gente que “construía un futuro mejor” vivía en condiciones precarias, metida en masa en barracones mal iluminados. Uno de estos barracones también forma parte de la exposición del museo. Los trabajadores tenían que pagar cerca del 25% de sus sueldos por vivir incluso en aquellas condiciones tan lejanas de la comodidad.

Para mediados de los años 30 se intentó mejorar las condiciones de vida de los operarios de las obras.

A mediados de los años cincuenta, el Comité Central del Partido Comunista de la Uni’on Soviética (PCUS) aprobó, por iniciativa del entonces Secretario General del Partido, Nikita Jruschov, el decreto 'Sobre la Construcción de Viviendas en la URSS'. Por esta razón los pisos de nueva construcción no tardaron en ser bautizados como “pisitos a lo Jruschov”.

Contaban con habitaciones de tamaños modestos, un estrecho pasillo, un minúsculo cuarto de baño y una cocina de unos 6 metros cuadrados.

“Pronto surgió el chiste en el que a una mujer soviética esta cocina le apretaba las caderas”, se cuenta en el museo. Para unas superficies tan reducidas hacían falta electrodomésticos y muebles de tamaños menores a los habituales y la industria soviética se dedicó a fabricarlos.

Se procedió a optimizar el aprovechamiento del espacio: armarios que se colgaban de las paredes desplazaron a las aparatosas cómodas, se usaron sofás cama en vez de camas normales y los burós sustituyeron a los escritorios.

En aquella época de intensa escasez los electrodomésticos se convirtieron en señal de prosperidad. Nada que ver con el día de hoy, cuando equipos musicales, cámaras fotográficas y aspiradoras son objetos habituales en las casas rusas.

Pisos estudio y una habitación individual en el hotel que ya no existe

Una aspiradora 'inteligente' que localiza superficies sucias y vuelve a la base para recargarse, neveras que hacen hielo sin necesidad de indicárselo, hornos con sistemas de limpieza... son los electrodomésticos que se suelen instalar en los modernos apartamentos de tipo estudio.

Es un nuevo tipo de espacio no separado con tabiques, la superficie se divide en zonas destinadas a la cocina o al salón, etc. Sus dueños suelen ser gente acomodada que puede permitirse contratar a un diseñador de interiores para decorar su casa. Un modelo de un estudio es la última muestra de la exposición. Le precede la habituación individual en el famoso hotel Rossiya. A lo largo de casi cuarenta años este hotel con vistas al Kremlin fue el centro de la vida política y social del país. Se hospedaban allí los participantes de los congresos del PCUS y de las sesiones del Soviet Supremo, de festivales cinematográficos y de las reuniones a nivel de jefes de Estado.

El hotel fue derribado en 2006. La idea de cómo era aquello puede captarse sólo en la exposición 'Mi Casa es Rusia'.

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