La importancia de la fuerza militar en el mundo actual

Rusia ha puesto la mira en el fortalecimiento militar. Se aceptan y se ponen en práctica programas de reequipamiento y de reformas radicales de las fuerzas armadas. Y aunque la amenaza externa militar es mínima, esta política continuará, ya que se adapta a las nuevas realidades internacionales y cumple con la lógica interna del desarrollo en el país.

Dibujado por Alexei Iorsh

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¿Está  perdiendo valor la fuerza militar? Esta opinión está ampliamente extendida. De hecho, la mayoría de los grandes problemas del mundo, como el cambio climático, la crisis del sistema financiero mundial o el aumento de la escasez relativa de alimentos, no se pueden resolver por medio de la fuerza. 

Al mismo tiempo, la potencia militar más poderosa, Estados Unidos, perdió dos guerras, que ella misma había iniciado (en Irak, Afganistán) y así desvaloriza la política de inversión de miles de millones de dólares en las fuerzas armadas. 

Sin embargo, hay otra serie de argumentos que contradicen la idea de reducir el papel de la fuerza militar en el mundo. 

De todas formas las guerras, siguen existiendo. Recordemos los conflictos en Yugoslavia, Libia, Chechenia y Georgia. Además, la disuasión nuclear funciona a la hora de impedir grandes conflictos, y nadie reduce seriamente los arsenales nucleares, sino que, al contrario, los perfecciona. 

Las declaraciones sobre un inminente conflicto por los recursos, como por ejemplo el agua, no cesan. Al parecer ya no funciona la apropiación directa del control sobre el territorio y los recursos que se encuentran en él.  Pero con la ayuda de métodos militares se puede controlar el acceso a los mismos. 

El deseo de seguir apoyándose en la fuerza militar se da por otros motivos. El curso de los acontecimientos  en los últimos años en Occidente, nos lleva a una completa perplejidad. 

Los países occidentales, bajo la consigna de apoyar la democracia, contribuyen a la caída de regímenes autoritarios y seculares como los de Egipto, Túnez, Libia y ahora, Siria. 

Aunque saben que después de su derrocamiento lo único que permanecerá será, no solo el descontento de las masas, sino también las monarquías fundamentalistas suníes del Golfo Pérsico, que establecen un orden más reaccionario que los regímenes derrocados, desde el punto de vista de los valores occidentales. 

La pérdida por parte de Occidente de una orientación estratégica es inevitable debido a la prolongada crisis. 

Su comportamiento político contribuye a la imagen de un mundo caótico e impredecible en el que, en un futuro previsible, la humanidad tendrá que vivir. 

Ante este escenario, sobran los argumentos de aquellos que se inclinan a hacer hincapié en algo comprensible: la soberanía y la fuerza. Rusia se encuentra entre ellos. 

Rusia y la fuerza militar

Hoy en día no hay ninguna amenaza externa deliberada, y en una perspectiva a medio plazo, tampoco parece que vaya a surgir ninguna. El estatus de superpotencia nuclear frustra la posibilidad de ataques externos a gran escala.

Sin embargo, a pesar de la ausencia de amenazas, es inevitable pretender fortalecer el poderío militar del país, y no solo por la exigencia de las fuerzas armadas modernas para poder disuadir activamente las amenazas directas. 

Creo que para los dirigentes rusos, es necesario contar con una fuerte fuerza militar para mantener la posición internacional del país, y el modelo actual de desarrollo no permite otras maneras. 

Por supuesto, es mucho mejor ser fuerte en economía, en tecnología y en relaciones culturales y espirituales. Pero esto será después. Por ahra es la reforma militar la que ocupa un lugar destacado. 

La reforma militar de Rusia

Lo más sorprendente y ejemplar en la reforma militar es que, a pesar de los enormes obstáculos y diferentes actitudes, tuvo mucho éxito.

Se está llevando a cabo realmente una reforma revolucionaria de las Fuerzas Armadas. Ha pasado de ser un enorme ejército tradicionalmente de movilización, diseñado principalmente para una gran guerra terrestre frente a la amenaza de Occidente, a ser un ejército compacto, con una preparación más profesional para el combate constante, que se centraría en conflictos de baja y mediana  intensidad. 

Para evitar conflictos mayores, aumenta la dependencia de las armas nucleares, que también se moderniza. Al fin comenzaron a llegar misiles balísticos a las tropas intercontinentales de nueva generación con capacidad para superar cualquier sistema de defensa de misiles.

Las fuerzas nucleares fuertes, que, de hecho, no están destinadas a ser utilizadas, son todavía necesarias para privar de sentido cualquier intento de ejercer presión sobre Rusia debido a la superioridad de las fuerzas convencionales. 

De hecho, la modernización de las fuerzas armadas está objetivamente dirigida no solo a la lucha contra los problemas de seguridad y a reforzar la condición política internacional de Rusia, sino también a la superación de muchos aspectos de la carrera armamentística en el mundo, capaces de socavar en la estabilidad estratégico-militar internacional. 

Al garantizar su seguridad y estatus, Rusia está recuperando su papel como garante fundamental de la paz y la seguridad internacionales. 

No solo hay logros, también hay problemas y errores. Sin embargo, Rusia sigue en camino de convertirse en una potencia militar moderna de gran alcance. ¿Qué consecuencias tendrá este hecho? La cuestión queda abierta, como otros tantos temas del mundo actual. 

Seguéi Karagánov, politólogo y presidente del Consejo sobre Relaciones Exteriores y Política de Defensa, presidente del Consejo de Redacción de la revista “Rossiya v globalnoi politike” (Rusia en los asuntos mundiales). Decano de la Facultad de Política Mundial y Economía de la Universidad Nacional de Investigación de la Escuela Superior de Economía. 

Artículo publicado originalmente en ruso enRossiya v globalnoi politike.  

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