Casarse en Moscú: crónicas de un delirio cotidiano

Surgen nuevas tradiciones, en ocasiones disparatadas y casi siempre llamativas. Fuente: Reuters / Vostock-Photo

Surgen nuevas tradiciones, en ocasiones disparatadas y casi siempre llamativas. Fuente: Reuters / Vostock-Photo

Los moscovitas llegados a la edad adulta durante la primera década del siglo XXI se han encontrado en una encrucijada: las tradiciones nupciales de los 90 se han quedado desfasadas y nadie sabe cómo hay que casarse. En esta era de la información están surgiendo nuevas tradiciones, en ocasiones disparatadas, en ocasiones algo salvajes, y casi siempre llamativas e intrigantes para los demás. Es decir, lo habitual en Rusia.

Una boda puede ser entre cara y muy cara. Es posible organizar una 'celebración alternativa', pero es algo a lo que se recurre casi exclusivamente en casos de pobreza. La buena noticia es que en Rusia ni las novias no tienen dote ni el novio tiene que 'comprar' a su elegida. Tampoco ha arraigado la tradición norteamericana según la cual la pedida de mano debe hacerse con un anillo de diamantes. La mala noticia es que, si bien antes era tradición que el padre de la novia pagara todo, ahora suele ser el novio quien tiene que correr con los gastos. 

1. Los patriotas

Neopaganismo 

La boda rusa típica no difiere mucho de su análoga de hace cinco siglos. Tienen un importante elemento en común: la suntuosidad. No la riqueza, sino la suntuosidad. Esta tradición parte de un principio mágico: al mirar a los jóvenes, es como si los invitados les dieran parte de su fuerza.

El tema más debatido en los foros de novias es el transporte de la novia hasta la ceremonia. Lo más chic se considera llegar en limusina (especialmente del tipo Hammer), y si se tiene un presupuesto ajustado se puede utilizar un Mercedes blanco.

Es imprescindible hacer una ruta que incluya la Llama Eterna, la montaña Poklónnaya y, a ser posible, la iglesia de Cristo Salvador.

Lo principal es dar con un lugar bonito donde el fotógrafo pueda tener un buen entorno para retratar. Uliana F., que se casó en abril de 2012, recuerda cómo eligieron el lugar para las fotos: “Decidimos ir a la finca de Kuskovo (al este de Moscú). Fue una elección algo banal, pues lo elegimos por estar cerca de nuestra casa, del ayuntamiento y del lugar del banquete. Pero también por ser un lugar bonito y lleno de vida”.

El lugar del banquete se suele elegir en función de la capacidad de la sala y del precio.

“Nosotros buscábamos algo de estilo palaciego”, cuenta Uliana. “No había mucho donde elegir, porque no queríamos hacerlo lejos de casa. Al final escogimos una sala para cien personas donde el cubierto salía a 2.700 rublos (87 dólares)”.

Durante el banquete no hay demasiadas fuentes de entretenimiento: alcohol, brindis y concursos. Estos los suele dirigir el maestro de ceremonias, que es quien marca el ritmo de la celebración y de la borrachera. Este papel lo tomó la cultura rusa del Cáucaso.

Uliana comenta: “Nosotros no tuvimos maestro de ceremonias. Los concursos los organizó una amiga mía. Hubo concursos de comer rápido, los hombres tuvieron que buscar con los ojos vendados pinzas escondidas en la ropa de las mujeres... No recuerdo todo. Lo que mejor recuerdo es un concurso en el que tenían que llenarse la boca de hielitos y a continuación darnos un discurso de felicitación a mi marido y a mí. A todos se les caía la baba”.

Los concursos suelen contener un elemento erótico, por ejemplo, atan al cinturón de los hombres rodillos, plátanos u otros objetos fálicos con los cuales ellos maniobran golpeando los atributos atados al cinturón de las chicas (por ejemplo, sartenes).

2. Los cosmopolitas

La importancia de no ser serio

“Decidimos casarnos de manera totalmente espontánea, apenas un par de semanas después de conocernos. Nos enamoramos perdidamente el uno del otro.

En nuestro entorno, la mayoría considera que el matrimonio es un atavismo. Pero para nosotros es algo importante desde un punto de vista religioso. Por eso decidimos hacer la parte laica lo más informal posible”.

Ana K., al igual que su marido, trabaja en publicidad. Esta pareja de creativos no echa de menos el legado de la URSS, tratan con escepticismo todo lo tradicional (como los transportes de la novia arriba mencionados) y hacer lo posible por ser “diferentes de los demás”.

“Al principio pensamos en hacer una boda estilo steampunk”, dice Ana, “pero nos dimos cuenta de que iba a ser un lío conseguir los trajes y decorar la sala. Como  solo faltaba un mes para la boda, decidimos hacerlo todo con el mayor ascetismo posible: reunimos a nuestros amigos en  el Mayak (El Faro), donde solemos reunirnos para beber los viernes”.

La alternativa más típica al Mayak es un café en el barrio de Krasni Oktiabr,   un lugar de moda cerca del Kremlin donde hay centros de arquitectura y espacios creativos. Para muchos, este es además su lugar de trabajo, así que se puede celebrar la boda allí sin siquiera frenar la producción. 

3. Los no tan patriotas

Marcharse esa misma noche a Baden-Baden

Los ricos han decidido escaparse: entre los hombres de negocios se ha puesto de moda casarse en el extranjero.

Los agentes nupciales dicen que, si a uno le importa la calidad, organizar una boda en Europa sale más barato que en Moscú, incluso pagando los billetes de avión de los invitados.

La opción más popular es Santorini, una isla griega con una famosa cúpula azul que corona un fondo compuesto de casas blancas y de un mar no menos azul.

De todos modos, lo importante no es que sea en Grecia. Lo principal, al igual que en el caso del neopaganismo, es la belleza, solo que en este caso todo debe ser real, y no “una sala de estilo palaciego”.

En los casos en que el presupuesto sea ilimitado, los “culpables del delito” lo financian todo, desde los billetes de avión hasta los pijamas de los invitados en la gama de colores de la celebración.

Olga M., propietaria de un negocio, dice: “Este es mi segundo matrimonio. La primera vez me casé según las mejores tradiciones estudiantiles, es decir, gastando todos mis ahorros y los de mis padres en una ceremonia más o menos digna.

Ahora eso no me preocupa, y lo que quiero es hacer una celebración bonita. Por eso nos casaremos en un castillo en Chequia. Todo será lila: la ropa de los invitados, las etiquetas del champán, el transporte, las cintas, todo. Y las actividades serán paseos en carroza y torneos medievales”.

Además de los castillos checos, son populares las bodas temáticas al estilo James Bond en las que el novio llega en un Aston Martin y los invitados van vestidos de empleados del MI6. Otra opción es la boda al estilo mafioso en Sicilia, con invitados vestidos de gangsters y músicos locales tocando a todo volumen la banda sonora de El Padrino.

Por lo general, los novios de esta categoría recurren a agencias nupciales para asegurarse de que el avión de la fantasía aterrice sin contratiempos.

Si nos fiamos de un informador secreto perteneciente a una de estas agencias, el coste medio de una boda en el extranjero es de varios millones de rublos (más de 70.000 dólares). Sin contar, por supuesto, el precio del vestido de la novia.

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