Las relaciones Rusia-UE, estancadas

Vladímir Putin admite que Rusia es parte de la economía global. Fuente: RIA Novosti / Alexey Druginyn

Vladímir Putin admite que Rusia es parte de la economía global. Fuente: RIA Novosti / Alexey Druginyn

La relación entre Rusia y la Unión Europea se asemeja cada vez más a la de un matrimonio al borde de un trágico divorcio. Ambas partes recuerdan perfectamente todas las ofensas que han tenido que soportar, y cada una de ellas está plenamente convencida de su propia inocencia en el plano moral. Como en cualquier divorcio, la cuestión económica sigue siendo una herramienta clave para hacer presión.

“Tenemos ante nuestros ojos a una Rusia extraordinariamente independiente a nivel económico. Sí; Vladímir Putin admite que Rusia es parte de la economía global. Pero, al mismo tiempo, Rusia ha rechazado rotundamente la visión de sus relaciones con Europa en los años 1990 e incluso 2000. Rusia solía decir: 'Sí, vamos en vuestra dirección, pero debéis darnos un poco más de tiempo', señala . Ahora Rusia dice: 'No vemos por qué no se puede considerar correcto nuestro modelo. Europa está en baja forma ahora mismo, y su modelo está lejos de ser el único a seguir”, escribió Fiódor Lukianov, editor jefe de la revista Russia in Global Affairs.

Sin embargo, la Unión Europea tampoco ha dejado pasar la oportunidad de marcarse un

punto por encima de Rusia. “No vemos una Rusia fuerte: vemos una Rusia débil. En los últimos años, un millón y medio de jóvenes rusos han abandonado su país y, solo durante este año, ha habido una fuga de capitales de 100.000 millones de dólares.   Eso sucede porque el capital no ve allí ninguna perspectiva”, apunta el diputado del Bundestag, Andreas Schockenhoff, y hombre clave del gobierno federal de Alemania en las relaciones con Rusia.

 Actualmente, Rusia y la Unión Europea no son capaces de ponerse de acuerdo ni siquiera en cuál de ellas es más fuerte económicamente. No sorprende pues que el futuro del ámbito más importante de la cooperación mutua, la alianza energética, provoque debates subidos de tono.

 “El tercer paquete energético es un documento pernicioso, según nuestro punto de vista”, dijo el presidente ruso, Vladímir Putin, a la Canciller alemana, Ángela Merkel, cuando se reunieron en Moscú a finales de noviembre.

 Las autoridades rusas están muy preocupadas por la posible debilitación de la principal compañía energética rusa, Gazprom, en el ranking. El tercer paquete energético de la Unión Europea, adoptado en 2009, exige una separación de las capacidades de producción, de las redes de transporte, y frustra efectivamente las esperanzas de Gazprom de ganar acceso a consumidores finales en Europa. 

 Aunque la construcción del gaseoducto North Stream,  co-propiedad de Gazprom, E.On Ruhrgas, Wintershall, GDF Suez y Gasunie, se llevó a término con éxito este otoño, el papel del suministro de gas natural ruso en Europa sigue siendo discutible.

 El aumento del peso de la energía rusa en Europa sigue despertando una respuesta emocional entre los políticos europeos, especialmente los de Polonia, la República Checa y otros países del este.

 Mientras que los políticos rusos creen firmemente que el suministro de gas natural ruso a Europa solo puede mejorar sus relaciones con la UE, los políticos europeos lo ven como una amenaza a su libertad a la hora de elegir a sus socios energéticos.

Entonces, los rusos lo sienten, no solo como una humillante falta de confianza, sino también como una amenaza a las inversiones existentes, y realizan movimientos verdaderamente agresivos para asegurarse el mercado, sobre todo en los países balcánicos que todavía no son parte de la Unión Europea.

A su vez, los políticos alemanes ponen énfasis en el hecho de que prefieren tratar con la pequeña y mediana empresa rusa, en lugar de con sus grandes compañías. “Es cierto que queremos crear vínculos económicos con Rusia y esperamos que se integre en el bloque occidental, tras su adhesión a la OMC. Pero tales vínculos no deberían limitarse a las cinco mayores empresas”, señaló Schockenhoff. 

Acceso denegado

 También existe desconfianza entre Rusia y la Unión Europea en otras esferas, en especial en el tema de la reforma de los visados

Hoy día todavía se requiere un visado para viajar entre la UE y Rusia, incluso para breves estancias turísticas, y muchos países europeos exigen a los ciudadanos rusos que lo soliciten en persona en un consulado, aunque el más cercano se puede encontrar a miles de kilómetros de donde viven.

 Para no quedarse atrás, las autoridades rusas han empezado recientemente a solicitar pruebas de su situación financiera a los ciudadanos de la UE, como la verificación de sus ingresos, el estado de sus cuentas bancarias o su situación crediticia, para emitir el correspondiente visado. 

En una reunión en Berlín con miembros de la Asociación de Prensa Extranjera de Alemania, la pasada primavera, Vladímir Grinin, embajador de Rusia en Alemania, dejó claro que Rusia estaba preparada para cumplir con las condiciones necesarias para eliminar los visados en noviembre de 2012.

“Después de esto, cumpliremos con todos los requisitos, y esperamos empezar el proceso de abolición del régimen de visados con la Unión Europea”, explicó Grinin a los periodistas. En octubre, no obstante, los funcionarios de la UE dijeron haber encontrado dificultades

 El principal problema eran los pasaportes rusos de servicio. Más de 100.000 personas tienen pasaportes rusos de servicio, incluyendo el personal técnico de las embajadas, los empleados de las empresas estatales y una buen número de funcionarios. La Unión Europea está de acuerdo en que, en teoría, podría eliminarse la necesidad de visado para este tipo de personas, pero para que esto sucediera, habría que reducir de manera substancial el número de propietarios de pasaportes de servicio.

El Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia respondió a estas declaraciones amenazando con la cancelación de la admisión libre de visado a las tripulaciones aéreas, lo que encerraría de manera potencial a las tripulaciones europeas llegadas a Rusia en el interior de los aeropuertos; un movimiento que detonó una reacción incluso más fría por parte de la UE.

La cuestión de la eliminación de visados ha vuelto, pues, a su punto de partida: el de las amenazas mutuas y los malentendidos.

¿Luz al final del túnel?

 Desafortunadamente para las relaciones Rusia – UE, la brecha entre las posturas de ambas partes se está ensanchando, no solo en el área de los contactos bilaterales, sino también en sus valoraciones de los conflictos externos.

El conflicto sirio es otro tema que hace tiempo se convirtió en una espina en la garganta de estas relaciones. Mientras que Rusia apuesta por legitimar al régimen del presidente Bashar al-Assad e insiste en resolver el conflicto a través de negociaciones con el gobierno existente, el enfoque europeo presta apoyo, como mínimo moral, a la oposición.

 Los principales países de la UE han expresado reiteradamente su dura condena de las acciones del presidente de Siria, y a principios de noviembre, el presidente francés, François Holande, no descartó la posibilidad de suministrar armamento a la oposición siria.

En agosto, los diputados parlamentarios de Alemania lanzaron una petición para saber si el servicio de inteligencia del Bundestag compartía información con los rebeldes sirios. Rusia cree que estas acciones por parte de la UE menoscaban los fundamentos de un orden mundial que no se puede justificar por medio de consideraciones humanitarias; una postura que difícilmente cuajará en los gobiernos europeos. 

Bajo tales circunstancias, expertos europeístas, cada vez más escépticos ante el diálogo con la administración rusa, están preparados para centrarse en el diálogo con la opinión pública rusa.

“No deberíamos estar hablando solo con el Kremlin, La élite del Kremlin es un grupo muy aislado preocupado por su poder y su dinero. En lugar de esto, deberíamos intensificar el diálogo con la sociedad civil”, dijo Ingo Mannteufel, jefe del Servicio ruso de la Deutsche Welle y experto en Rusia.

 

 

 Pero añadió: “Nosotros, como europeos, hemos perdido la confianza de los rusos. No hemos empatizado con sus intereses ni una sola vez en los últimos 20 años. Debemos aprender a hablar con los rusos de nuevo”.

 Franz Thönnes, diputado del Bundestag y miembro de su Comité de Asuntos Exteriores, está de acuerdo con este planteamiento. “Espero que las relaciones no hayan llegado a un callejón sin salida. Las discusiones visiblemente caldeadas de las últimas semanas son solo la espuma emocional de nuestras relaciones”, dijo Thönnes.

 “Bajo esta espuma, vemos fundamentos sólidos: dos millones de personas en Rusia estudian alemán; 6.300 empresas alemanas trabajan e invierten en Rusia actualmente; más de 10.000 estudiantes rusos están formándose en Alemania. Éste es el potencial de nuestras relaciones. Debemos comprometernos a un debate, pero en base a la igualdad, sin perder la perspectiva de todo el escenario”.

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