¿Cómo se ven las protestas rusas desde España?

Protestas en Moscú. Fuente: Ruslan Sukhushin

Protestas en Moscú. Fuente: Ruslan Sukhushin

Se cumple un año desde la salida de la población civil a la calle. Olga Mikhaylova, activista rusa que vive en Madrid, nos describe un espíritu que ha asomado en Rusia y que recorre el mundo.

Ya antes del 5 de diciembre de 2011 algunos rusos estaban participando en un movimiento cívico que se hizo multitudinario el día 15 del mismo mes con la llamada 'Marcha de los millones'

Olga Mikhaylova, estudiante de telecomunicaciones en una universidad de Madrid, con una intensa experiencia en el activismo español, cuenta una anécdota que sucedió unas semanas antes, en octubre, mientras se daban en las calles de Moscú una réplica al espíritu Occupy de EE UU.

La protagonista es una mujer, con la cara tapada por una braga militar, que se sienta en el suelo de una plaza de Moscú. Está frente a una asamblea como las que se han dado en las distintas plazas españolas, aún hoy se mantienen en el centro de El Cairo y aparecen en los distintos levantamientos no violentos de los países árabes. Asambleas sin líderes en las que cualquiera puede intervenir. La chica, a la que sólo se le pueden ver los ojos y el pelo, pide el turno de palabra.

“Si pudiera venir aquí y hablar abiertamente. Si pudiera decir qué pienso de todo lo que ocurre en este país, sin temer que, alguno de vuestros conocidos, después, me atacara en el metro con un puñal, ahora mismo tendría la cara descubierta.”

A quien habla esta chica es, probablemente, personas de extrema derecha que coparon muchas de estas asambleas. Olga Mikhaylova, acostumbrada a las protestas en España, afirma que en Rusia ella tendría que tener mucho más cuidado por su vida, como le ocurre a la chica de la anécdota.

Porque, si es verdad, que hay similitudes entre las situaciones políticas española y rusa, no lo es en el transcurso de sus movimientos civiles. La 'Marcha de los millones' nace de movimientos ciudadanos espontáneos.

Para Olga, grupos políticos como Otra Rusia, en que participa por el Partido Nacional Bolchevique, amenazan, en realidad, el espíritu democrático de las protestas. Y estas mezclas políticas son exclusivas del país.

“¿Conoces el gag de los comunistas nazis de Los Simpsons? Algo así es el partido de Limónov. Sería una broma si la extrema derecha no matara, impunemente, personas a diario”, declara.

Ella piensa que no hay una alternativa política en Rusia y que hay un sentir de impotencia general al respecto. Sin embargo todo el mundo no sale a la calle con las mismas intenciones. “Me preocupa que mucha gente no vea el peligro de incluir a la extrema derecha en un movimiento democrático”.

Las crisis y el despertar civil

Para Olga, la crisis de los años 90 en Rusia y la actual en España tienen dos puntos de similitud. En ambas se sale, por el colapso, de un modelo político que hasta entonces parecía más o menos estable.

En los dos momentos, con el desconcierto general, se desguazan los servicios públicos y se privatizan hasta que la población reacciona. Sin embargo, la actitud rusa de entonces se podía definir por un desencanto y una profunda desconfianza a las instituciones, en las que, aisladas del resto del mundo, se entregaban al capitalismo como antes se había probado el modelo soviético.

“En España es diferente. Aquí la gente cree que se puede recuperar la situación como por arte de magia. Se confía mucho en Europa. Aquí se conserva cierto aire optimista”.

Lamenta que no haya un sostén para una cultura de la disidencia. “Hasta hace poco en España no se

había vuelto a hablar de democracia de manera radical, es decir, acudiendo a sus raíces, sino que imperaba un miedo a romper un pacto, el pacto de silencio de la transición por miedo a una guerra civil o la vuelta a la dictadura. En Rusia fue diferente. En los años 90 hubo quien, al ver que el sistema no otorgaba, en realidad, ningún servicio satisfactorio, sugirió volver al sistema anterior, que era el soviético”.

Ella está convencida de que la gente quiere un cambio, ya que durante estos años han desaparecido los referentes para los trabajadores en el ámbito político. Explica que los sindicatos han estado ocupados en sostenerse y perpetuarse o los partidos de siglas obreras han aplicado recetas neoliberales.

Lo que surge ahora es, en realidad, la necesidad legítima de una referencia, una representación y de una auténtica democratización de la sociedad. En lo económico “esas recetas que, en todos los países que se han aplicado, han resultado de un fracaso clamoroso para la población civil, es decir, para la inmensa mayoría. Sin embargo hay otros países que pueden servirnos de ejemplo, como Ecuador, Venezuela, Bolivia, incluso Brasil... y ninguna de sus intervenciones aparecen en la agenda de los intereses de la casta política rusa o española”.

Olga, que acostumbró a gestionar las redes sociales del grupo de DRY (Democracia Real Ya), uno de los grupos que encendieron las protestas españolas, asegura que una de las herramientas esenciales para el despertar civil es el uso de internet.

“Con la imprenta las masas empiezan a tener en sus manos más información y otros conceptos que permiten un contagio riguroso por Europa de distintos órdenes sociales que transformaron el feudalismo” dice Olga.

“Ahora, con internet, no sólo se puede acceder a la creación de esos contenidos quien tenga dinero y conocimientos como para montar una imprenta, sino que, con una infraestructura mínima, algo de voluntad y esfuerzo, uno puede ser independiente de los medios oficiales y formarse autónomamente en cuestiones políticas”.

 Y su entusiasmo no acaba aquí.

“Es de tal importancia esta herramienta que, no sería de extrañar, pudiésemos convocar una asamblea en todo el mundo, simultánea. Mientras tanto, la conciencia crítica es la única herramienta de elección con la que cuenta cada ciudadano para poder decidir por encima de los bombardeos de la publicidad. Esta atiende a la lógica del que mejor vende, no a la razón de la decisión más apropiada”.

En Rusia hay una preocupación de los expertos por la victoria a corto plazo de tal o cual sector, frente a un poder monolítico que lo mira de reojo y con desconfianza. Para ella la conciencia crítica no se instala en dos meses, o en un año, tiene que tardar tiempo para que sea auténtica y una vez compartida, sólo a partir de entonces, puede dar frutos.

“Es posible que las cosas empeoren todavía más en España en los próximos diez años. Sin una educación para pensar las cosas no va haber mejoría en más tiempo, ni en economía, ni en ninguno de los sentidos”.

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