El mejor de Barcelona 92, veinte años después

Vitali Shcherbo fue el atleta más laureado en aquellas Olimpiadas.

“Recuerdo la villa olímpica, la sala donde íbamos a jugar a videojuegos y la discoteca donde bailábamos con las chicas del equipo francés de gimnasia”; eso sí, “siempre después de competir, nunca antes”, bromea Vitali Shcherbo cuando le preguntan qué recuerda de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92.

Evidentemente, también se acuerda de la competición. Cómo olvidar las seis medallas de oro que le convirtieron en el atleta más laureado de aquella cita olímpica y que le han hecho valedor de un homenaje en la capital catalana cuando se cumplen dos décadas de aquella gesta.

“No me puse nervioso”, asegura. “Nos preparaban para salir a ganar (…) Daba igual si se trataba de unas Olimpiadas o de cualquier otra competición. Lo importante era entrenar duro y ganar. Solo después te dabas cuenta de lo que habías conseguido y exclamabas: ¡uauh! (…) No sé muy bien cómo expresar ese sentimiento. No te lo puedes llegar a creer (…) Era tan joven que solo el hecho de estar en unos juegos olímpicos ya era un sueño”, rememora el que seguro es uno de los mejores gimnastas de la historia.

Las medallas de oro que consiguió fueron en las categorías de individual, equipos, caballo con arcos, paralelas, anillas y salto, seis de las ocho posibles.

Por cierto, Shcherbo desmintió la leyenda según la cual le habrían robado estos metales cuando asaltaron su casa en Minsk.

“Las medallas estuvieron siempre en casa de mi madre”, afirma. Además, el ladrón “era una persona muy próxima; habíamos entrenado juntos y sabía el esfuerzo que me había costado conseguirlas. Creo que no se hubiera atrevido a robarlas”.

Vitali Shcherbo ha regresado a Barcelona para participar en el Memorial Joaquim Blume, junto con la gimnasta uzbeka Oksana Chusovitina, quien tiene el mérito de haber participado en seis juegos olímpicos.

Con 41 años, algunos kilos de más, cargado de vistosas joyas de oro y con un inglés más que fluido, Shcherbo explica que disfruta de la vida. “Cuido de mi familia, de mis negocios, de mis alumnos; viajo (…) Tengo una buena vida”, resume.

Gracias a que el gimnasio que fundó en Las Vegas en 1998 está consolidado, se ha podido dedicar a entrenar y se siente muy orgulloso de uno de sus pupilos: Nikita Volotski, de 12 años de edad y padres rusos.

“Apunten este nombre porque dentro de cinco o seis años van a oír hablar de él”, asegura y añade: “Es mejor de lo que yo era con su edad. Supera a otros gimnastas de 15 años y ya ha ganado un campeonato junior”.

Sin embargo, llegar aquí no ha sido fácil. En lo deportivo, la trayectoria de Shcherbo ha estado llena de éxitos. Ha conseguido 27 medallas de oro en competiciones oficiales; otras tantas de plata y bronce y ostenta el récord de metales de oro conseguidos en un solo día, cuatro.

 Ha competido como representante de la URSS, del Equipo Unificado (que agrupaba diversas repúblicas exsoviéticas en Barcelona 92) y Bielorrusia.

En lo personal, ha tenido que luchar tanto o más. Además del robo ya apuntado, también sufrió un intento de secuestro de su hija. Todo esto en el marco de la desintegración de la URSS. Su mujer tuvo un gravísimo accidente y ello lo llevó a la bebida. Ambos se repusieron y pudieron rehacer su vida en los Estados Unidos.

La clave del éxito

“Ganar seis medallas con tan solo 20 años me ayudó, no solo en el deporte –porque me salieron muchas oportunidades de participar en competiciones- sino también me ayudó a hacer algo con mi vida”, dice. En cambio, muchos de sus colegas no supieron digerir los éxitos deportivos, “cayeron en el alcoholismo y acabaron muy mal”.

“En aquella época, ganar mucho dinero no quería decir nada porque igual que lo ganabas, te lo gastabas. Yo decidí invertir en negocios, en mi futuro y ahora lo disfruto”, explica Vitali Shcherbo.

¿Qué es más importante en un deportista: el talento o el trabajo? Shcherbo lo tiene clarísimo. “El talento sin el trabajo no sirve para nada” y advierte a los que quieran dedicarse profesionalmente al deporte:

“Tienes que olvidarte de la familia y de muchas cosas si quieres conseguir una meta y no te puedes desviar ni un poco del camino trazado. Todos los deportistas de élite tienen que sacrificar muchas cosas”.

Finalmente se refirió al buen nivel que tienen los gimnastas estadounidenses –así lo demostró con creces el equipo femenino en las últimas olimpiadas- y explicó que en aquel país existen más de 3.800 clubes de gimnasia, de los cuales, más de 2.000 son muy competitivos.

También apuntó que muchos entrenadores de países con gran tradición de este deporte, como Rusia, China, Bulgaria o Rumanía han emigrado a los Estados Unidos porque encuentran mejores oportunidades.

Y lamentó especialmente el caso de su Bielorusia natal, que tenía a los mejores gimnastas y ahora está entre los peores.

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