“Tenemos que aventurarnos en los mercados externos”

Ígor Petlyakov, vicepresidente de Softline. Fuente: Ana Nóvikova

Ígor Petlyakov, vicepresidente de Softline. Fuente: Ana Nóvikova

Igor Petlyakov nos habla de soluciones informáticas, administración de empresas y su orgullo por la patria. Antes de convertirse en el vicepresidente regional de Softline, la única compañía rusa de los servicios IT que está conquistando Sudamérica en un tiempo récord, fue diplomático. Tal vez por eso enfoca el tema del posicionamiento empresarial desde una perspectiva estratégica, casi de estadista.

¿Qué es lo que ofrece su compañía al usuario latinoamericano? Hace cuánto tiempo tiene presencia Softline en el mercado sudamericano? 

Nuestra  compañía está presente en América Latina desde el 2008 y se especializa en soluciones informáticas para empresas. 

Digamos que somos distribuidores de paquetes de software, que armamos 'a medida' para cada caso particular, ayudando a las empresas medianas y grandes a mejorar su gestión: entre nuestros clientes hay bancos, aerolíneas, empresas como Nestlé o Siemens, también colaboramos con Coca-Cola, DHL etc. 

Al alcanzar este grado de liderazgo en Rusia y el 'extranjero cercano', surgió la necesidad de expansión a otras regiones. Además de Turquía y Asia Oriental como mercados potenciales, se habló de Sudamérica. 

Fue idea mía, puesto que ya conocía el terreno, y las perspectivas de inversión eran buenas. Hace cuatro años empezamos de cero, y hoy estamos por abrir una sucursal en Costa Rica y otra en Chile a principios del 2013. 

¿Softline se posiciona como una empresa rusa o como una transnacional? 

Como una empresa rusa, claro. Pero esto no influye en nuestra política de recursos humanos. Consideramos que una sucursal regional debe apoyarse en profesionales locales y sus conocimientos. Son sutilezas del lenguaje y la mentalidad. 

Su empresa tiene la certificación ISO 19770. ¿Qué ventajas supone eso para sus clientes? 

Acá hay dos planos para tener en cuenta: primero, se trata de trabajar de acuerdo con ciertos procedimientos estandarizados que garantizan la calidad del producto o servicio final. Y segundo, la certificación aporta la seriedad necesaria para ser considerados en las licitaciones internacionales, que son otra forma efectiva para darnos a conocer. Eso supone ciertas garantías para el consumidor final. 

¿Se importa acá también el software ruso? 

No mucho. Los más emblemáticos son Kaspersky y Abbyy. Nosotros los ofrecemos como parte de una propuesta, donde su importancia se resalta en combinación con otros programas, orientados a cumplir objetivos específicos. 

¿A quién considera como competencia de peso en la región? 

En cada país hay asesores locales que son fuertes en su propio terreno, pero por ahora no hay nadie que tenga peso en todo el continente. 

¿Cómo pretende Rusia volver a tener la imagen de una superpotencia tecnológica? 

En los 90 nuestro país perdió varios escalones en el ranking,  pero se ha recuperado y tiene mucho que ofrecer. 

Ha habido un desarrollo científico-técnico. Vuelven las inversiones. El problema es que muchos gerentes creen que los negocios internacionales se pueden hacer sin salir de un cómodo despacho en Moscú. 

Faltan políticas regionales y estrategias de expansión. Sin embargo, en el ámbito informático hay jugadores que se han ganado la fama mundial. Este es el caso de Kaspersky que no tuvo miedo de correr riesgos. 

Por otro lado, los programadores rusos suelen lanzar al mercado productos terminados, y a diferencia de sus competidores no tienen que lanzar versiones mejoradas para eliminar los bugs. 

¿Cuáles son las perspectivas de crecimiento para el nicho ruso en el mercado mundial de tecnologías informáticas? 

Creo que serían mucho más prometedoras si nuestros empresarios se atrevieran a aventurarse más en los mercados externos. Hay muchas empresas interesantes que tienen productos de muy buena calidad, pero fuera ni siquiera se conocen. 

¿Cuál podría ser la razón de esta situación? 

Son compañías demasiado conservadoras. Además, en el caso concreto del continente sudamericano, queda lejos. Por ejemplo, Asia Oriental está más cerca de Rusia y por lo tanto se conoce más. 

¿Cómo llegó a conocer Sudamérica? ¿Porqué se eligió a Argentina como país-anfitrión para Softline? 

Tuve la oportunidad de vivir en Buenos Aires durante 5 años, mientras fui el cónsul de la Federación Rusa en Argentina. 

Hablaba el idioma, vi de cerca la crisis del 2001-2002. Creo que este es un país muy dinámico, de gran potencial en cuanto a recursos humanos y con grandes posibilidades de crecimiento. Acá se pueden hacer muchas cosas, sólo hay que saber cómo. 

Algunas compañías europeas que abren sus sucursales en la región se quejan de ciertas “particularidades” en el estilo de negocios. ¿Qué opina usted al respecto? 

Creo que culturalmente los rusos y los sudamericanos nos parecemos bastante, tenemos varias “particularidades” en común… Y los que se quejan, que no vengan, tendremos menos competencia (se ríe). 

Bueno, hablando en serio, es un suicidio tratar de hacer negocios en América Latina sin hablar bien el idioma. Sin el idioma es imposible entender la mentalidad de la gente, y sin entender, no puedes actuar en forma adecuada. 

¿Ha tenido la oportunidad de viajar por América Latina? Cuáles son sus impresiones? 

Los países de este continente son muy diferentes entre sí y tienen identidades propias muy marcadas. 

Pero los une el hecho de que la gente tenga un carácter alegre, admiro la capacidad de los sudamericanos de disfrutar la vida. Otra cosa que me gusta mucho, es que sean tan familiares, la familia suele ser una prioridad absoluta.

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