Un festival de jazz ambulante

Un concierto en Pskov puso el broche final al Festival Internacional de Música “La provincia del Jazz”. En el plazo de un mes, los participantes del Festival recorrieron más de una decena de ciudades de Rusia, desde Krasnoyarsk en el norte, hasta Krasnodar en el sur. Gracias a su concepto “ambulante”, el Festival “La provincia del Jazz” lleva más de 17 años regalando un encuentro con música de calidad a todos aquellos que viven lejos de las capitales culturales del país.

Fuente: Ígor Filonov

Pese a que por motivos económicos sigue siendo imposible invitar al festival a los artistas de máximo renombre, entre sus participantes se encuentran tanto representantes destacados del mundo del jazz como bandas rusas poco conocidas. 

Además, en el marco del festival se ofrecen clases magistrales para estudiantes de música, y hay reuniones con las leyendas del jazz de la época soviética.  

Este año ha participado en el festival el célebre saxofonista estadounidense Ernie Watts, que se hizo famoso en la década de los 60. Hoy sus piezas se estudian en escuelas universitarias, mientras que la interpretación de 'Highway Blues' que grabó junto con Marc Seales, está a disposición de la mayoría de los usuarios de ordenadores personales como parte de la “música de prueba” del sistema operativo Windows XP.

En Yaroslavl se está creando un Centro de Investigación de Jazz para poder conservar los valiosísimos documentos y grabaciones que reflejan los 90 años de historia de este estilo musical en Rusia. Hay, por ejemplo, copias de los informes secretos de un oficial de la KGB que supervisaba todo lo tocante al jazz en Moscú. Los materiales del 'Grupo de estudios de Jazz de la URSS',  una asociación informal que surgió en la década de los 70 estuvieron a punto de desaparecer. Esta gente copiaba manualmente trabajos sobre la historia y la práctica del jazz mundial.

Inesperada para la audiencia fue la actuación conjunta de un quinteto ruso-estadounidense con el grupo folclórico 'Rostán' procedente de la región de Kursk. 

En el mismo escenario se pudieron ver y oír un saxofón, un bajo, teclados electrónicos y tambores junto con un coro de muchachas jóvenes vestidas con 'sarafanes' (vestidos nacionales rusos), de elaboración artesanal hace 200 años. 

El coro interpretó antiguas canciones rituales, mientras que los miembros del quinteto tocaban variaciones musicales sobre temas folclóricos rusos en  estilo del jazz. 

“En la tradición musical folclórica también existe la costumbre de  improvisar. Las abuelas en los pueblos, cada vez que interpretan la misma canción, van introduciendo elementos diferentes”, contaba Valentina Savenko, directora del grupo musical 'Rostán'. 

Sin embargo, la improvisación en la música folclórica depende del ánimo de su intérprete. Para los miembros del grupo norteamericano – el guitarrista Mike Miller, el percusionista Joel Taylor y el bajo Kip Reed– no resultó nada fácil aceptar esta práctica musical. 

Al fin y al cabo, en el jazz las variaciones se desarrollan siguiendo unas reglas preestablecidas. Pero al final, todos los participantes quedaron satisfechos con los resultados de esta singular colaboración e, incluso, acordaron grabar un álbum de estudio en conjunto. 

Orígenes del Festival 

El festival fue concebido por el pianista Leonid Vitskévich, virtuoso que desde hace más de 30 años toca junto con los más célebres músicos de la escena mundial, aunque él prefiere seguir viviendo en su Kursk natal. 

En 1989, cuando los conciertos de jazz despertaban poco interés en la que todavía era la Unión Soviética, Vitskévich asistió al prestigioso festival de Lionel Hampton en una pequeña ciudad norteamericana llamada Moscow, en el estado de Idaho. Con una población de 25.000 habitantes, cada noche más de 10.000 oyentes asistían a los conciertos. 

Entonces Vitskévich pensó si podría hacer algo así en Rusia, y con el entusiasta apoyo de Hampton, logró poner en marcha los “días de Jazz”.

 Él mismo mantenía negociaciones con músicos extranjeros. También se encargaba de buscarles hoteles y transporte, y de conseguirles patrocinadores. 

En 1998 toda 'La provincia del Jazz', (incluidos managers, artistas, los instrumentos y los equipos) cabía en un solo autobús de dos pisos. Hoy los participantes del Festival viajan en grandes grupos, descubriendo para sí rutas intrincadas y ciudades nuevas. 

“Si la gente no puede desplazarse lejos, es la música en vivo la que debe salir hacia la gente. La música debe circular por el mundo como la sangre circula por las venas”, declara la vocalista Catherina Palvair. 

Al principio, semejante 'maratón' por el país requería heroísmo por parte de sus participantes extranjeros, quienes aguantaban estoicamente, por ejemplo, la ausencia de retretes “civilizados” por el camino. 

“Algunas de las características de la infraestructura local todavía están por  mejorar”, comentaba el productor del festival, Alexánder Lukínov. ”¿Cómo se le puede explicar a un extranjero que para recorrer los 350 kilómetros de Vorónezh a Orel se requiere el mismo tiempo que para el recorrido de 500 kilómetros de Vorónezh a Moscú?

Pero los músicos que vienen a participar en el festival a menudo le encuentran una especie de encanto a todo eso. 

Entre concierto y concierto, Catherina Palvair no se separaba de su cámara. Lo que más le impresionó fue la variedad de tipos de mujeres en el país, las catedrales y las iglesias ortodoxas, y... las talladas urnas de hierro fundido en forma de labios en Stari Oskol. 

Katie no dudó en comprar en el mercado los válenki bordados (botas de fieltro) tras haber oído la canción popular “válenki-válenki”, interpretada por Nina Ruslánova. 

“De los baches en el asfalto no hay que hablar, ¿verdad?”, bromeaba el saxofonista Neil Gerstenberg, compartiendo sus impresiones del viaje. “Me ha llamado la atención el hecho de que a la pregunta '¿Cuánto falta para llegar? En Rusia te responden algo así como '500 kilómetros'. ¡Es decir, que te hablan de la distancia en lugar del tiempo! Al parecer, la duración de un recorrido es algo imprevisible”. 

Hubo tiempos en los que las entradas al Festival se repartían gratuitamente para atraer a la gente. En algunas ciudades éste era el único evento musical donde se tocaba jazz. 

En cambio, ahora las entradas no son nada baratas y se venden como churros. La ciudad de Tambov ha estrenado su propio pequeño festival de Jazz. 

En Vorónezh, han comenzado a celebrarse conciertos de grupos de jazz a lo largo de todo el año y la escuela universitaria de música ha reabierto el Departamento de música moderna. 

“La provincia del Jazz” también se ha incluido en el programa de la Olimpiada Cultural que acompañará a los Juegos Olímpicos de invierno de Sochi 2014. 

“Hemos dado conciertos tanto en clubes como en salas de conciertos y siempre se ha llenado el aforo. En Europa es algo poco común. Los amantes de la música van para criticar a los intérpretes”, destacó Neil Gerstenberg. 

“En Rusia en cambio, es como si hubiéramos vuelto 20 años atrás, cuando la música se tocaba y se oía con entusiasmo. ¿A dónde habrá ido a parar esta actitud en Europa?”

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