Rusia y Europa: una cuestión de negocios

Las relaciones se basan en aspectos comerciales, más que de valores. Fuente: RIA Novosti

Las relaciones se basan en aspectos comerciales, más que de valores. Fuente: RIA Novosti

En la actualidad, en las relaciones entre Rusia y Europa destacan dos tendencias: el creciente alejamiento ideológico-político y el incremento del interés económico. Esto es lo que revelaron los resultados de la pasada consulta interestatal ruso-alemana de noviembre.

Se esperaba un escándalo de la asamblea ordinaria del foro Diálogo de San Petersburgo y de la consulta interestatal ruso-alemana. La víspera del evento, el Bundestag aprobaba una dura resolución sobre el estado de la democracia en Rusia, precedido por las desavenencias públicas debidas a las acciones y declaraciones del coordinador alemán oficial de las relaciones con Rusia, Andreas Schockenhoff.

Varios medios de comunicación han informado de que las relaciones entre los dos países, considerados últimamente como dos íntimos aliados, están pasando por una profunda crisis.

Sin embargo, no ha habido un conflicto abierto. Hubo un intercambio de opiniones acerca de la situación política interna en Rusia, pero, como suele pasar entre Moscú y Berlín, a la sombra de los temas de negocios.

Y a pesar de que las observaciones de Vladímir Putin sobre el escándalo de Pussy Riot provocaron otra ola de indignación en Alemania, donde se muestra gran preocupación por las cantantes en prisión, en general todo se quedó como estaba.

No obstante, no se puede decir que no esté cambiando nada en las relaciones ruso-alemanas. Se ha llegado a una situación en la que las relaciones políticas y las económicas se encuentran enfrentadas.

En el plano político, Rusia se niega deliberadamente a seguir el modelo que hasta hace poco se consideraba europeo por defecto. En los años 90 y 2000 a Moscú le sobraban los conflictos con sus socios europeos sobre cuestiones políticas y éticas, y Rusia siempre alegaba su “particularidad nacional”, así como su imposibilidad de asumir tan rápidamente el nivel de democracia  en el que el resto de países se encontraba desde hacía décadas, si no siglos.

En otras palabras, sin descartar sus propias opiniones y el objetivo final, Rusia exigía que se le reconociera el derecho a avanzar por su propio camino y a su propio ritmo.

Ahora todo es diferente. El modelo europeo 'medio' ya no se considera una referencia, y su contenido ético se pone en cuestión constantemente.

Dos visiones del mundo en conflicto

La situación de Pussy Riot muestra claramente el desacuerdo entre ambos puntos de vista.

En Europa se habla de persecuciones políticas, violación de la libertad de expresión, mientras que en Rusia se prioriza el sacrilegio, la blasfemia y el agravio de los sentimientos religiosos.

Es cierto que en esta discusión existe en ambas partes algo de conflicto propagandístico, pero también hay un choque de las visiones del mundo: la visión liberal,  profundamente arraigada en la Europa moderna, y la tradicional, extendida Rusia.

Esta última postura es comprensible. En un contexto de desaparición definitiva de los paradigmas morales e ideológicos de la época soviética y postsoviética, la sociedad comienza a buscar otros apoyos. La vuelta hacia la tradición cultural religiosa no es exclusivamente propia de estos casos.

Aunque es cierto que esto no significa que la formación de la nueva identidad se basará en la religión: el péndulo puede oscilar en otra dirección, ya que la búsqueda es un proceso doloroso.

En lo que respecta a Europa, es poco probable que su visión del mundo quede intacta. Aunque a día de hoy existen vectores divergentes y no hay razón alguna para esperar que la trayectoria se corrija.

Todo al revés en la economía

Rusia entró finalmente en la OMC, algo que las comunidades comerciales de los principales países llevaban tiempo esperando. No será un medio mágico por el cual vaya a caer sobre el país una lluvia de inversores extranjeros, pero la inclusión de Rusia en el sistema de las normas del comercio mundial elimina una parte de nuestras preocupaciones y da mecanismos de defensa de los intereses de los empresarios extranjeros.

Aunque incluso este hecho el interés del negocio europeo por Rusia está creciendo, y no sólo como fuente de recursos, sino también como un mercado casi inagotable en el que crece la capacidad de compra, y como un país que necesita una cooperación tecnológica con las mayores compañías y los mayores estados.

Según señalaba recientemente en una conversación privada uno de los altos representantes de la UE, sea Rusia como sea, “hay que reconocer que para nosotros es el último El Dorado”. Lo cual es especialmente importante, dadas las circunstancias del estancamiento general de la UE y las inquietantes tendencias en el mundo.

Por lo tanto, los hombres de negocios, entre ellos los alemanes, están realmente interesados en que las discordancias políticas no impidan el correcto funcionamiento del mercado ruso, así como no lo impidieron en la inversión en China.

Una cuestión interesante sería hasta qué punto será posible conciliar estas dos tendencias divergentes: el creciente alejamiento ideológico-político y el incremento del interés económico.

La consulta ruso-alemana ha demostrado que por ahora no existe una contradicción fatal.

Por otra parte, esta disonancia no puede durar para siempre. En algún momento, o bien los socios occidentales tendrán que asumir que Rusia tiene sus propia opinión acerca de las relaciones ente el estado y la sociedad, y dejar de preocuparse por ello, o bien Rusia comenzará a adaptarse a los estándares políticos actuales europeos, o bien la interacción económica comenzará a sufrir las consecuencias de esta contradicción política.

Por ahora no se observa ninguno de estos tres desenlaces, pero tarde o temprano aparecerá esta piedra en el camino.

Fiódor Lukiánov es redactor jefe de la revista “Rusia en la política global”

Artículo publicado originalmente en RIA Novosti.

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