Un atasco de coches eléctricos

Como otros países, Rusia promueve el vehículo a batería. Pero este puede resolver solo parcialmente los problemas de movilidad de las ciudades rusas. Fuente: Flickr / kmerenkov

Como otros países, Rusia promueve el vehículo a batería. Pero este puede resolver solo parcialmente los problemas de movilidad de las ciudades rusas. Fuente: Flickr / kmerenkov

El vehículo a batería no corre demasiado, pero muchos confían en que acelerará pronto. Actores importantes de Rusia no dudan en brindarle su apoyo. ¿Hasta qué punto puede resolver los problemas de movilidad de las ciudades rusas? Probablemente, menos de lo que pareciera.

En Europa, EE UU, Japón y China el mercado ofrece desde hace un par de años varios modelos de vehículo eléctrico. Los gobiernos nacionales, regionales y locales están entusiasmados. Muchos conceden ayudas directas a la oferta. Y muchos incentivan la demanda.

 

Pese a estos esfuerzos, el coche a batería no acaba de arrancar. Según los expertos, todavía son caros y sus prestaciones muy limitadas, sobre todo en lo relativo a la recarga y la autonomía. Aunque todavía no corre demasiado, muchos confían, sin embargo, en que el automóvil eléctrico acelerará más temprano que tarde. Y en que, cuando lo haga, no habrá quien lo detenga.

 

El coche eléctrico en Rusia

 

El desarrollo del vehículo enchufable es más incipiente en Rusia. El primer coche propulsado con electricidad irrumpió en el mercado solo el año pasado.

 

Como en otras partes, el gobierno no ha dudado, en cualquier caso, en apoyar la introducción de este tipo de vehículos. Moscú lidera los planes en esta materia. En 2008, el exalcalde Luzhkov dio a conocer una estrategia para promover su desarrollo.

 

En 2010, el alcalde Sobianin hizo público un programa similar. Pero el primero nunca llegó a ejecutarse, y hasta la fecha no se tienen noticias del segundo. El auto a batería todavía parece un futuro lejano.

 

Mientras tanto, las ciudades rusas sufren problemas extraordinarios de movilidad.

 

Día sí y día también, las calles céntricas de las mayores urbes de Rusia son lugar de infinitos atascos.  Y de extraordinarias humaredas. Aunque no son industrias, juntos los tubos de escape emiten más gases contaminantes que muchas chimeneas. También generan ruido. No sin motivo, para muchos, la movilidad es el mayor desafío de las ciudades rusas.

¿Hasta qué punto puede contribuir el coche eléctrico a resolver el problema? Tal vez no tanto, probablemente, como pareciera.

 

Un coche no tan verde...

 

El vehículo a batería reduce las emisiones de gases contaminantes locales, que lesionan la calidad del aire de las ciudades, y disminuye el ruido. De manera directa, mitiga además las emisiones de gases de efecto invernadero, que no salen por su tubo de escape.

 

Pero hay dudas razonables sobre su comportamiento ambiental en varios aspectos.

 

Primero, en sus emisiones indirectas de gases de efecto invernadero. Para que el auto eléctrico sea limpio la matriz energética que lo alimenta también ha de serlo.

 

En Rusia, en 2009, casi el 65% de la energía eléctrica provenía de combustibles fósiles (el 47% de gas). Las centrales nucleares  producían casi el 17%. Las hidroeléctricas casi el 18%. El resto de fuentes renovables  no representaba el 1%. La Federación tiene intenciones de producir más electricidad con los dos tipos de centrales. La meta en renovables es poco ambiciosa (4,5% en 2020) y probablemente poco realista.

 

Así que, hoy, en Rusia, las emisiones indirectas del vehículo eléctrico serían más limpias que las del convencional. En el futuro la diferencia podría ser mayor. Pero eso no significa que los coches eléctricos sean un medio de transporte bajo en carbono.

 

No, desde luego, si se compara con medios de transporte como caminar o andar en bicicleta, o medios masivos de transporte alimentados por la misma fuente. La producción y funcionamiento del vehículo a batería también suscitan dudas.

 

En el sector automovilístico muchos opinan que la distancia efectiva entre vehículo eléctrico, híbrido y convencional es poco sustantiva. Para muchos el futuro a medio plazo de la movilidad verde pasa por los híbridos y la mejora de los motores de gasolina y gasoil.

 

Probablemente les falte razón en lo primero, dados los beneficios directos del eléctrico en ruido, calidad local del aire y CO2. Pero se equivocan con seguridad en lo segundo. El mayor problema del coche a batería es, ni más ni menos, que es un automóvil.

 

Al fin y al cabo, un coche

 

Las dificultades de movilidad de las ciudades rusas no se resolverán con el vehículo eléctrico, el híbrido ni una versión mejorada del convencional. La movilidad de una ciudad depende en realidad de la demanda y la oferta de transporte.

 

El primer problema de las urbes de Rusia es la gran demanda de transporte, estimulada por su estructura urbana, poco densa y relativamente monofuncional: aquí las casas, allí las tiendas, más allá las oficinas y las fábricas. Con esa estructura urbana, hay que moverse mucho y casi siempre lejos.

 

La otra pata del problema es la oferta de transporte. El público es precario. Pero el mayor problema son los coches privados. Pese a que la tasa de motorización de la Federación es pequeña internacionalmente, está creciendo de manera acelerada.

 

Este año se espera que la compra-venta de vehículos alcance los 2,8 millones de unidades.

 

La industria automotriz se frota las manos. Como las infraestructuras no se amplían al mismo ritmo que el parque automotor, los atascos se producen, sin embargo,en todas las esquinas. La congestión es sobre todo congestión vehicular.

 

Densidad, usos mixtos y transporte público

 

Podría pensarse que la solución es hacer más autopistas y aparcamientos. En realidad es un remedio inútil a la herida de un animal que te devora. Una ciudad moderna debe integrar y articular distintos medios de transporte.

 

Seguirá habiendo coches. Pero aunque trabaje en hacerlo más eficiente y sostenible, la intermodalidad implica sobre todo dar prioridad a los medios no motorizados y públicos de transporte.

 

La mayoría de las ciudades rusas están siendo inconsistentes. Moscú planea abordar integralmente la oferta y la demanda de transporte.

 

Su Plan Maestro apuesta por mejorar el reputado y envejecido metro de la capital. Y su política urbana por densificar en el centro y establecer tejidos de usos mixtos. Al tiempo, ha dado no obstante los primeros pasos para construir en las afueras una nueva ciudad. Sería más estratégico enfocarse en resolver los problemas de la urbe existente. 

Así que el vehículo eléctrico despega lentamente. Es una buena noticia para la industria automotriz. Si se toman medidas sobre la matriz energética y se mejoran los procesos de producción y las baterías, puedo serlo para el medio ambiente. También es positivo para la flota pública (camionetas de limpieza, autobuses...).

 

Pero no será la solución de la precaria movilidad de las ciudades rusas. Se requiere más densidad y usos mixtos. Más transporte público. Y menos autos privados, convencionales, híbridos o eléctricos.

 

El secreto de la movilidad urbana consiste en hacer más ciudad, no en dispersarla. Si no se reduce la demanda y se equilibra la oferta hacia el transporte público, todo lo que se logrará es que los atascos se vivan a bordo de coches eléctricos.

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