Cambios en el mercado de la aviación militar

Según los datos que se conocen, el J-31 utiliza la tecnología 'stealth'. Fuente: AFP / EastNews

Según los datos que se conocen, el J-31 utiliza la tecnología 'stealth'. Fuente: AFP / EastNews

La aviación militar mundial está desarrollando aparatos de nueva generación a un ritmo acelerado. Pekín y Moscú, reconocidos “pesos pesados” militares, tras Estados Unidos elaboran cazas de quinta generación. Es difícil contar con la coexistencia “pacífica” de sus respectivos cazas en el mercado armamentístico.

A finales de octubre China lanzó al aire por primera vez un prototipo de caza de quinta generación, llamado como J-31. El vuelo duró 10 minutos.

 

Según los datos que se conocen, el J-31 utiliza la tecnología 'stealth', lo que lo convierte en  poco visible para el sistema de localización de radar del enemigo. Además, la característica distintiva de este avión es que utiliza motores turbo-reactores RD-93 elaborados por la corporación 'Klimov'.

 

En principio, en el futuro el J-31 se optimizará para poder equipar al primer portaaviones chino, el 'Shi-Lan', vendido por Rusia y que se llamaba 'Variag'.

 

En general es un aparato parecido al norteamericano F-35, creado como contrapeso al F-22 Raptor. Cabe destacar que si el complejo de pruebas J-31 se realiza con éxito China se convertirá en el segundo país, tras EEUU, que dispone de dos tipos de caza de quinta generación.

 

El primer vuelo de otro modelo, J-20, se realizó a mediados de enero del año 2011. Entonces el experto militar, Andréi Chan, jefe de redacción de la agencia analítica de noticias militares basada en Hong-Kong, destacó que “el nuevo avión es totalmente capaz de competir con los productores rusos en el mercado internacional ya que será considerablemente más barato”.

 

Por otra parte, también se señalaban las carencias del aparato: potencia insuficiente de los motores, incapacidad de realizar vuelos a velocidades supersónicas, así como la imperfección del sistema de radar y de la tecnología 'stealth'. De esta forma, según Chan, “el caza más bien es de la generación 4+…”

 

Sea como fuere, los ritmos a los que China elabora armamento impresionan. También es interesante el hecho que la información sobre J-20 empezara a ser conocida públicamente en el periodo de agravamiento de las relaciones chino-estadounidenses.

 

De la misma forma, las primeras imágenes de J-31 aparecieron en el momento en el que se agravó la discusión territorial chino-japonesa en el mar de China Oriental.

 

Andréi Chan considera que “esto puede interpretarse como un señal del estado de preparación de las Fuerzas Armadas de la República Popular China para defender los intereses nacionales”.

 

Aunque también puede obedecer al puro interés comercial de Pekín. La existencia de dos modelos de caza modernos hace aumentar considerablemente las posibilidades de China de promover su tecnología en el mercado internacional de armamento, en detrimento de los productores rusos.  

Sobre la “amenaza china” a la industria aeronaval rusa no solo se habla en la República Popular. A mediados de otoño el 'The Wall Street Journal', analizando la política tecnológica del país asiático y sus primeros resultados, destacaba que en diez años China ha asimilado bien las tecnologías militares rusas y ahora empieza a exportar de forma activa, socavando las posiciones de Rusia entre los países en vías de desarrollo y amenazando con cambiar el equilibrio de fuerzas en una serie de zonas conflictivas. 

 

De momento, el gigante asiático no se cohíbe a la hora de “clonar” los aviones de combate rusos. En concreto eso fue lo que ocurrió con el avión de asalto Su-27. Los ingenieros chinos lo “convirtieron” en el caza J-11B y China empezó a exportarlo al extranjero, privando de las ganancias al sector de defensa ruso.

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