El peligroso vicio de la lectura

 “¿Qué tengo que hacer? Me parece que mi hijo ha empezado a leer”. Fuente: Legion Media

“¿Qué tengo que hacer? Me parece que mi hijo ha empezado a leer”. Fuente: Legion Media

Llega una edad en la que los niños se acercan con curiosidad a los libros. ¿Qué tienen que hacer los padres en este momento?

Como soy doctor, a menudo me preguntan: “¿Qué tengo que hacer? Me parece que mi hijo ha empezado a leer”. Intentaré responder.

Para empezar, ¿qué debe ponernos en guardia? Los síntomas son conocidos: el niño empieza a pasear menos, estudia mejor, le gusta aislarse con un libro en su habitación, en el servicio…

A la pregunta de para qué necesita un libro, el niño se queda desconcertado, baja los ojos, suelta una torpe explicación: “Se ha acabado el papel higiénico”, “para ponerlo debajo de la pata del armario”, “Petia y yo queríamos pegarnos con él”.

La situación se vuelve especialmente alarmante cuando los niños se dedican a leer en grupo, se reúnen, debaten lo leído. Muchos consideran que solo ellos son propensos a este vicio, ¡para nada! Con la misma frecuencia las niñas empiezan a leer a una edad muy temprana e inocente.

Entonces ¿qué hacer si vuestro hijo lee?

En primer lugar, ¡no hay que asustarse! En encuestas anónimas los médicos han aclarado que el 99% de la gente, en uno u otro momento de su vida, se han dedicado a leer, y además que 1% ha expulsado este hecho de su memoria.

A los niños les atrae todo lo nuevo, lo desconocido, por eso es inevitable que en algún momento se interesen por los libros, los tomen y se pongan a examinarlos.

En segundo lugar, no hay que asustarlos. Si al entrar a su habitación, vuestro hijo está echado leyendo, haga como que no ha visto nada. Y nada de historias de terror medievales: “Te vas a quedar ciego”, “te vas a cortar los dedos con el papel”, “se te va secar la médula espinal”.

Sí, claro, la lectura daña la vista y uno puede cortarse con el papel, pero no es para tanto. El interés por la lectura en edad infantil es natural.

Intente distraer al crío con otras cosas: deporte, trabajo en casa, juegos de ordenador, o que beba cerveza (muchos verán arriesgado este método, pero la cerveza es perfecta para distraer de la lectura).

También podemos enseñarle cómics: tienen muy pocas letras y muchos dibujos, es un buen método para hacerle cambiar poco a poco de intereses.

En tercer lugar, pida ayuda a un especialista. Le recomendamos que, sin que se dé cuenta, le cuele al niño un libro de Lev Tolstói, de Fiódor Dostoievski o de Maxim Gorki. Los clásicos son uno de los métodos más socorridos para ocasionar a un niño sana repugnancia por la lectura.

Pero un especialista podrá recomendarle determinada literatura en particular.

En cuarto lugar, hable con su hijo abiertamente. Dígale que comprende ese interés por la lectura, que usted mismo ha pasado por ello, y que tarde o temprano acabará dominando esa mala costumbre. La comprensión y la paz familiar es una garantía de éxito. 

En quinto lugar, recuerde que el proceso de cura va a ser largo y las recaídas son inevitables. Ir al ejército, quedarse sin ordenador o sin televisor, una discusión con un amigo o amiga, puede hacer que vuestro hijo vuelva a alargar la mano hacia un libro.

Se conocen casos en los que incluso gente de edad avanzada ha empezado a leer apasionadamente tras haberse encontrado en unas circunstancias vitales complicadas. Pero cuanto antes empiece a luchar contra ese vicio, ¡más oportunidades habrá de que vuestros hijos tiren los libros y no vuelvan a coger uno nunca más!

Todos los derechos reservados por Rossiyskaia Gazeta.