Vladímir: la ciudad sobre la colina

Un joven toca un instrumento esloveno antiguo llamado 'gusli'. Fuente: Oleg Serdechnikov

Un joven toca un instrumento esloveno antiguo llamado 'gusli'. Fuente: Oleg Serdechnikov

Hay muchas ciudades en Rusia que llevan el nombre de personas conocidas, pero sólo una lleva un nombre propio: Vladímir. Está situada a 180 kilómetros al noreste de Moscú. Allí es donde comienza la famosa ruta turística conocida como “Anillo de oro”.

La carretera de Moscú a Vladímir está en buenas condiciones, en coche se tardan dos horas. Si al entrar en la ciudad se sigue recto se llega al lugar adecuado: la parte histórica. Lo más interesante entre los lugares de importancia histórica está concentrado en el llamado “Kremlin de Vladímir”. En Vladímir llaman Kremlin no al tradicional complejo primitivo de edificios rodeado por una muralla, sino a todo el distrito de la ciudad que va desde las “Puertas doradas” hasta el monasterio de la Natividad. Se trata de un tramo de la calle Bolshaya Moskóvskaya, que cuenta en su mayor parte con edificios históricos.

En tiempos antiguos Bolshaya  Moskóvskaya era una calle comercial, y en la actualidad las plantas bajas de todos los edificios son tiendas y restaurantes. Si se llega a Vladímir en coche, es mejor comenzar la visita desde las 'puertas doradas'.

Yegor Strelnikov - "Zemlia russkaia" (la tierra rusa) 

Estas se construyeron en 1164 bajo el mandato del príncipe Andréi Bogoliubski y son Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Antiguamente Vladímir estaba rodeado por una muralla y un foso y únicamente se podía entrar en la ciudad por una serie de puertas. Las doradas eran las principales y estaban orientadas hacia Moscú.

Por su apariencia se parecen más a una iglesia con una puerta en el centro. Y es que en aquellos tiempos era común construir un templo sobre las puertas para proteger la ciudad no sólo con barreras físicas, sino también con la ayuda de las fuerzas celestiales.

Por desgracia, el resto de la construcción no se ha conservado y lo único que queda es una pequeña parte del muro protector a la derecha de las “Puertas doradas”, que en la actualidad se parece más a una colina. A esta se puede subir por unas escaleras o bien por un sendero. Muy cerca se encuentra la Iglesia de la Trinidad y el museo del cristal. La entrada al museo cuesta sólo 50 rublos (algo menos de dos dólares).

Si se sigue a lo largo del muro, más allá de las “Puertas doradas” hay un curioso edificio. Se trata de una antigua torre elevadora de agua de ladrillo rojo construida en 1912.

Ya no se utiliza para este cometido, en ella se sitúa la exposición “Antiguo Vladímir”. En este museo se han recreado dispares interiores de comienzos del siglo pasado: comercios, oficinas de policía, restaurantes, etc. Vale la pena visitarlo.

Si se llega a Vladímir en autobús turístico, lo más común es llegar directamente a la plaza de la Catedral. En esta plaza todo es digno de ver. En el centro hay un monumento erigido en época soviética en honor del 850º aniversario de la ciudad.

Las tres figuras que componen el monumento – un antiguo guerrero, un arquitecto y un obrero contemporáneo – recibieron entre los lugareños el apodo de “los tres tontos” o “los tres vagos”. Seguramente porque no están de pie, sino sentados.

La plaza de la Catedral recibe su nombre en honor a la catedral de la Asunción y a la catedral de san Dmitri, que forman la imagen de la ciudad. La más grande es la catedral de la Asunción, cuya imagen figura en la mayoría de las postales con vistas de Vladímir. Se puede decir que es la tarjeta de visita de la ciudad. Está situada en el punto más alto de esta y lo más valioso es precisamente el mirador tras la catedral. 

Desde él se abren unas vistas que quitan el aliento: el río Kliazma fluye sinuoso abajo y se ven vastas extensiones de campos y bosques. A la derecha se ve la parte antigua de la ciudad, situada en la ladera sur. Allí las casas bajan como escalones hacia el río.

Fuera de la ruta turística

Si se desea conocer el color local auténtico al que no han llegado los restauradores se debe ir a esta parte de la ciudad, pasear por las callejuelas de la ladera sur. No hay ningún letrero para atraer a los turistas, su historia es auténtica, no aparece en las postales. La ladera sur es maravillosa por su pureza, como una joven sin maquillaje.

Olga pasea a los turistas en un carruaje cerca de la catedral de la Asunción. Nos habla de su ciudad y de los lugares de interés en Vladímir: “Además de los típicos lugares turísticos, se puede pasear por la zona del muro detrás del monasterio de la Natividad. Las calles que van por el otro lado en paralelo de la calle Bolshaya Moskóvskaya valen la pena, allí también hay restos de antiguos muros y muchos edificios históricos, aunque no se conservan tan bien como el centro. También recomiendo mucho visitar la iglesia de san Nikita. Es el único ejemplo del barroco en la región de Vladímir”.

Vladímir ha sido históricamente una ciudad comercial, ya que a través de ella pasaba la ruta comercial hacia Nizhni Nóvgorod. Pero en la actualidad las rutas comerciales ya no tienen tanta importancia como antes, así que en esta ciudad no existe más comercio que en cualquier otro centro de región de Rusia.

Si hablamos del Vladímir en el que discurre la vida diaria de sus habitantes, se trata de una ciudad bastante industrial. Tiene fábricas de construcción de tractores y motores eléctricos, empresas de procesamiento de metales, de alimentación y de industria ligera, y mucho más. La población de la ciudad es de unas 350.000 personas. Vladímir es el centro administrativo de la región de Vladímir.

A pesar de su industrialización, se puede decir que Vladímir es una ciudad verde, ya que posee una gran cantidad de parques. Al pie de la colina en la que se encuentra la ciudad fluye el río Kliazma. 

Evidentemente, no es el Volga, pero también es posible bañarse en él. En cualquier caso, en su ribera hay varias playas a las que los lugareños acuden a pasar los calurosos días de verano. Los amantes del arte y la fotografía acuden a Vladímir por sus espléndidas vistas de pura naturaleza rusa. Aunque también se puede visitar la ciudad sin cámara de fotos, porque Vladímir causa una impresión  profunda que se conserva en la memoria.

Dónde dormir:

Abundan los lugares de descanso para el turista. Los hoteles, hostales y centros turísticos están situados en el centro histórico y sus alrededores. Los precios son razonables: a partir de 10 euros la noche.

Cómo llegar:

Cada día a las 7:24 sale un tren de la estación Kurski y hace la ruta Moscú-Vladímir. Recorre los 191 kilómetros de distancia en 2 horas y 30 minutos. Además, existe una línea de autobús entre las dos ciudades (nº 115).

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