Un futuro aburrido

Dibujado por Nyaz Karim

Dibujado por Nyaz Karim

La elección de Barack Obama para un segundo mandato va a cambiar pocas cosas entre Rusia y EE UU. Durante su primera administración, las relaciones han recorrido un largo camino, desde un ruidoso y, en general, satisfactorio “reinicio” hasta un estancamiento evidente. Tan evidente que en vísperas de las elecciones en Moscú y en Washington ya nadie ocultaba la ausencia de ganas por activar el diálogo bilateral.

Michael McFaul, artífice y promotor del “reinicio”,  ha sido enviado a Moscú como embajador. Donde no estará para desarrollar nuevas y rompedoras ideas que puedan ser propuestas a los dirigentes de ambos países.

De haber ganado Mitt Romney en el diálogo entre los dos países habría aparecido algo de intriga. Al menos en los primeros instantes. El republicano se habría visto obligado a oscilar entre las amenazantes declaraciones preelectorales (“Rusia es el enemigo número 1 de EE UU”)  y las exigencias de la vida real, donde el fortalecimiento de China y los problemas en Irán y Afganistán le quitan a los EE UU la posibilidad de dedicarse siquiera a una cooperación moderada con Moscú.

Está bien,  Romney no va a ser presidente, así que esto no va a pasar.

Y ahora, en lugar de un nuevo asalto de la “pseudoguerra fría” que hubiera podido esperarse ante un cambio del partido en el gobierno, nos aguarda una existencia bastante aburrida.

Es obligatorio reconocer que los primeros cuatro años de presidencia de Barack Obama sido bastante exitosos para Rusia.

Los principales aspectos del “reinicio” se han desarrollado bajo unos parámetros que contemplan, básicamente, los deseos de Rusia: la paralización de la ampliación de la OTAN a Georgia y Ucrania, la modificación de la configuración del sistema de defensa antimisiles en Europa y un nuevo asalto en la reducción de armas estratégica.

Lo que, por supuesto, no debe afectar a la posición rusa ni hacerla más complaciente. Es absurdo hacer “regalos” a EE UU, la historia nos lo demuestra. Basta recordar las incumplidas promesas de principios de los años 90, cuando aseguraban que no iban a ampliar la OTAN.

Salvo las cuestiones mencionadas, así como la colaboración en Afganistán  y, parcialmente, el informe nuclear iraní, las relaciones entre Rusia y EE UU no han adquirido una categoría nueva durante estos últimos cuatro años.

El volumen de la cooperación económica sigue siendo insignificante. El diálogo a nivel de sociedad civil, tradicionalmente fuerte con Europa, prácticamente no se ha desarrollado.

Por cierto, en este sentido se puede citar como un logro importante del “reinicio” el comienzo del diálogo para suavizar el régimen de visados mutuo, lo que nos permite tener esperanzas de que, en el futuro, Moscú y Washington mantengan conversaciones sobre el fin de los visados, esa reliquia del nacionalista siglo XX.

Lo más triste de todo es que todos los problemas existentes en las relaciones entre Rusia y EE UU van a continuar durante el segundo mandato de Barack Obama.

Ambas partes son tan diferentes económica, política y socialmente que prácticamente no hay puntos de conexión entre ellos. A diferencia de las brillantes perspectivas de acercamiento a Europa, con quien Rusia tiene más cosas en común que  diferentes.

Además, Rusia y EE UU están condenadas a un “semienfrentamiento” disimulado o manifiesto, simplemente porque son las únicas superpotencias nucleares. Superan considerablemente a China en cantidad de armamento mortífero

A su manera, el factor nuclear convierte a Moscú y a Washington en garantes de la paz en todo el mundo y no permite que el actual caos en la política mundial derive en una guerra de todos contra todos. Pero, al mismo tiempo, paraliza las relaciones bilaterales y no deja que el diálogo salga del marco de la pura diplomacia.  

Por ello, en cuestiones como el futuro del Ártico, la paz y la seguridad en la región Asia-Pacífico, la no proliferación de armas nucleares y una serie de otras similares, Rusia y EE UU podrían haber avanzado bastante más.

Es esperable que otros miembros de la comunidad internacional reclamen más esfuerzos conjuntos. Queda esperar que estos temas, que se han planteado más de una vez en las ponencias de “el Club de Valdái”, sean valorados en los próximos cuatro años.

Y que no permitan que el diálogo entre este dos países se hunda definitivamente en la rutina, el cansancio recíproco y la irritación.

TimoféiBordachev es el director del Centro de Estudios Europeos de la Escuela Superior de Economía.

Artículo publicado originalmente en ruso en Izvestia

Todos los derechos reservados por Rossíiskaia Gazeta.

Más historias fascinantes en la página de Facebook de Russia Beyond.

Esta página web utiliza cookies. Haz click aquí para más información.

Aceptar cookies