Testimonios de rusos afectados por el huracán Sandy

Staten Island es uno de los mayores enclaves de ruso-estadounidenses. Los resultados electorales quedaron eclipsados por la devastación sufrida. Fuente: Ilya Galak, Xenia Grubstein

Staten Island es uno de los mayores enclaves de ruso-estadounidenses. Los resultados electorales quedaron eclipsados por la devastación sufrida. Fuente: Ilya Galak, Xenia Grubstein

El 7 de noviembre, un día después de que el presidente Obama fuera reelegido, la colaboradora de Rusia Hoy, Xenia Grubstein, tomó el ferry a Staten Island, uno de los mayores enclaves ruso-estadounidenses. Los residentes andaban en busca de gasolina y agua más de una semana después del huracán Sandy, y pocos hablaban de las elecciones.

El día después de que Barack Obama fuera reelegido presidente, el ferry de Staten Island estaba funcionando como de costumbre. Pero la Terminal de Whitehall en Manhattan estaba solo iluminada a medias.

 

Una vez que el transbordador llegó a la isla, los pasajeros fueron recibidos por un fuerte viento y una tormenta de nieve húmeda desagradable. Pero el servicio de autobús en la isla era sorprendentemente estable, dado que muchos edificios fueron destruidos, y algunos hogares todavía no tienen electricidad.

 

“Nos vemos en la gasolinera", dijo Vasili Zayats, ingeniero de 49 años, que accedió a mostrarme los alrededores. "No te lo pierdas. Pregunta a cualquier persona y te lo mostrará. En estos días, las estaciones de servicio son puntos donde la gente se reúne. Están desesperados por conseguir que sus coches circulen. Hace unos días empezaron a vender gasolina en algunas gasolineras  particulares, y las colas son como de cuatro horas", dijo Zayats.

 

Es demasiado pronto para hacer planes para reconstruir lo que se perdió. "No se ha restaurado nada", añadió.

"Un amigo mío ha estado tratando de conectar con su compañía de seguros durante tres días sin éxito. Simplemente no toman el teléfono. Y no se puede empezar a reconstruir nada antes de que vengan a evaluar el daño. "

 

Mira Saikina, a sus 60 años, es administradora en una oficina médica. Vive en Oceanside Avenue, con su esposo. Dijo que las autoridades actuaron bien durante y después del huracán, pero que podrían haber pensado más en las personas mayores y los discapacitados. "Fui a visitar a mi hijo a otro estado y me perdí todos los anuncios públicos", dijo.

 

"Oí que estábamos en la zona A y que tenían que evacuarnos, pero yo no sabía que íbamos a hacerlo nosotros mismos, ni sabía a dónde ir. No uso internet. Sabe, dejan muchos papeles inútiles en mi buzón de correo, pero esta vez realmente podrían habernos ayudado mediante la distribución de folletos con información sobre refugios, dejando pegatinas, o poniendo señales en las calles”.

 

Saikina dijo que estaba muy agradecida a su hija, y a las empresas que proporcionaron suministros de limpieza para los afectados. Se perdió la noche electoral, dijo. "Mi nevera en la primera planta estaba flotando, y mi alfombra se está pudriendo en el patio trasero ahora. ¿Qué me importan a mí las elecciones?"

 

Irina Lipovétskaya, de unos 40 años, vive con su novio en Oceanside Avenue. Recordó la noche del 29 de octubre: "Fuimos lo suficientemente estúpidos como para quedarnos en casa. El agua comenzó a llegar alrededor de las 20:20 y en 40 minutos teníamos unos 1,8 metros de agua. Nuestros tres coches estaban flotando.

 

Nos escapamos a la segunda planta, pero todos nuestros electrodomésticos, muebles, y un montón de otras cosas se sumaron. Incluyendo todos mis zapatos. Hablaba de pie en un pasillo sin paredes internas, mientras un reparador medía las habitaciones.

 

El amigo de Zayats, Arkadi, un hombre de negocios local no quiso dar su apellido. "Sí, mi propiedad sufrió daños”, dijo, "pero no más que las de los demás. Sobreviviremos, conseguiremos algo de dinero del seguro. No cubrirá todas nuestras pérdidas, pero es mejor que nada. Lo peor es la falta de electricidad.

 

Estuvimos alojados en el edificio durante seis días con la esperanza de que hubiera electricidad y luego nos trasladamos a casa de unos amigos. El agua tenía un nivel tan alto porque, por un lado no había viento del océano, y por otro lado, el agua de Long Island llegó a East River y luego a nosotros. Aparte de la marea alta y la luna llena. Los residentes de Staten Island que han vivido aquí durante 70 años me dijeron que nunca había visto nada semejante”.

 

A pesar de Sandy y sus secuelas, Arkadi siguió las elecciones presidenciales de cerca y estaba "un poco decepcionado" con los resultados. "Creo que los republicanos deberían haber cambiado su estrategia basada en esta elección, y pensar en atraer a más hispanos estadounidenses”. En cualquier caso, dijo, "Estaremos bien aquí, tan pronto como la electricidad vuelva”.

 

Otro conocido de Zayats  nacido en, Lvov, Andréi Ivaj, de 41 años, un diseñador de trajes de novia y de noche, dijo que la razón principal por la que los residentes no tomaron en serio las advertencias sobre Sandy, fue por la experiencia del año pasado con el huracán Irene, cuando la amenaza parecía grave, pero pasó la tormenta sin muchos incidentes.

 

En la noche del 29 de octubre "me di cuenta, de las grandes personas que me rodean a mí y a mi familia, y lo bien que estaba todo organizado". 

Lipovétskaya hace eco de las palabras de Ivaj. Dijo que estaba conmovida por la presencia de voluntarios que vinieron a ver cómo estaba y a ofrecerle ayuda. "La Cruz Roja y el Ejército estaban aquí todo el tiempo. Los vi distribuyendo pizzas calientes en nuestro vecindario. Unos extraños se detuvieron para ver si necesitábamos comida, ropa o artículos de limpieza. Una señora iba en un coche ofreciendo sopa caliente casera a cualquier persona que lo necesitara". Comentó que un grupo de unos 20 escolares habían venido a ayudarla a limpiar su patio trasero.

 

 "He vivido en Estados Unidos durante 30 años, y nunca he experimentado nada como esto", añadió tras una pausa emocional. "Me siento muy afortunada de vivir en este país".


Estaba oscureciendo, y se acercaba el viento del noreste cada vez más fuerte y empezó a nevar. Zayats se disculpó porque solo podía llevarme hasta la parada de autobús. "Lo siento, no puedo llevarte hasta la estación de ferry”,  sonrió disculpándose. “Es que la gasolina está a precio de oro estos días y necesito el coche para ir al trabajo”.

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