La agricultura ecológica salta a la red

El proyecto iOgorod (iHuerto) ofrece a cualquiera que lo desee la posibilidad de arrendar una parcela. Fuente: Courtesy of Synergy Innovation

El proyecto iOgorod (iHuerto) ofrece a cualquiera que lo desee la posibilidad de arrendar una parcela. Fuente: Courtesy of Synergy Innovation

El proyecto se desarrolla en la capital. Los iOgurets (iPepino) y los iPomidor (iTomate) son cinco veces más caros que en una tienda, pero aún así la demanda existe.

En Moscú, el huerto ha pasado de ser un medio de supervivencia a convertirse en un servicio para ciudadanos acomodados partidarios de un estilo de vida saludable. En un complejo de invernaderos situado en el pueblo de Ostrovtse, cerca de la capital, crece el proyecto iOgorod, donde cualquiera que lo desee puede arrendar una parcela y después observar, a través de una cámara web, cómo agricultores profesionales cultivan los vegetales que han seleccionado: desde tomates y fresas hasta rúcula y albahaca. Un repartidor les llevará la cosecha directamente a casa.

La idea de hacer un huerto interactivo se le ocurrió a una de las cabezas de la fundación Sinerguia Innovatsi, Vadim Lobov. En primavera de 2011, la fundación invirtió en el proyecto un millón de dólares: se alquilaron los invernaderos, se dispuso la tierra y se montaron las cámaras y se puso en marcha iOgorod.

iОgorod en cifras

El alquiler por metro cuadrado cuesta 1.000 rublos (30 dólares) al mes: y un huerto tiene 6 metros cuadrados. En una temporada (seis meses) se pueden recoger, por metro cuadrado, de 20 a 25 kilos de tomates, de 15 a 20 kilos de pepinos y un kilo de perejil. Así pues, al dueño, un kilo de tomates le sale a 7,5-12 dólares, el kilo de pepinos a 9-12 dólares, y el kilo de perejil a 31 dólares. En una tienda de Moscú, el precio de un kilo de tomates varía en el mercado de 1 a 3 dólares; el del kilo de pepinos, de 1,2 a 3 dólares; y el kilo de perejil oscila entre los 2,2 y 3 dólares.

“En un tiempo en que los estantes de las tiendas están repletos de verdura que ha crecido entre fibra de vidrio y cultivos hidropónicos, y la fruta ha sido sometida a una maduración rápida en cámaras de metano, todo el mundo debería tener derecho a llegar a su casa y encontrar en la mesa verduras y hierbas aromáticas frescas y orgánicas”, opina el fundador del proyecto.

Por ello, desde del principio los agrónomos optan por una agricultura ecológica,  sin herbicidas ni pesticidas químicos, que utiliza agua natural para el riego y sólo fertilizantes naturales. Este placer no sale del todo barato: el alquiler mensual de un huerto de seis acres cuesta 6.000 rublos (190 dólares), y para degustar los tomates o pepinos en su casa, hay que esperar casi medio año.

Fuente: Courtesy of Synergy Innovation

“Nuestros clientes son gente con dinero que se preocupa por lo que come,” explica Guennadi Medetski, director ejecutivo de la fundación Sinerguia Innovatsi. “Hay que darse cuenta de que los vegetales que se venden en los supermercados no son alimentos 'justos'; yo los llamo 'alimentos Frankenstein'.” Quien no quiera ser artificial y pueda permitírselo, que venga a nosotros”.

Este verano, en el invernadero iOgorod se arrendaron más de 50 parcelas, pero con la llegada del otoño y el clima frío, se reduce drásticamente el número de inquilinos y ahora son menos de diez. “La temporada ha terminado. Ya es imposible cultivar fresas, pepinos o tomates. Los rusos tienen esta mentalidad de que los pepinos y los tomates son hortalizas esenciales, que sin ellas no se va a ninguna parte,” explica Medetski y añade que, según los cálculos de la fundación, en Moscú viven unos 30.000 usuarios potenciales de iOgorod.

En su oficina hay dos monitores, situados en un punto preferente, donde se retransmite continuamente lo que pasa en el invernadero. Es algo así como un “retorno a la tierra” para familias ricas.

Sobre todo, para familias con niños: éstos son los principales clientes de iOgorod. “Una vez nos llamó un padre muy adinerado, quejándose de que su hijo comía unas patatas fritas y una barra de caramelo al mismo tiempo,” recuerda Medetski.

“Yo le pregunté al chaval si le gustaría plantar y cultivar algo con sus propias manos. El niño había jugado ya a 'Granjero feliz' en la red social VKontakte, y de repente dijo: 'Sí'. Le proporcionamos un huerto y él plantó zanahorias. En el fondo se podían comer fritas, y el niño se las comió encantado”.

Medetski reconoce que para Sinerguia Innovatsi, iOgorod no es un negocio, sino más bien una afición.

“Como usted sabe, nadie se dedica a la agricultura ecológica en Rusia, y en el mundo hay muy pocas empresas que lo hagan, ya que se trata de algo poco rentable. No vamos a tratar de competir con los que producen vegetales de manera industrial y masiva para el consumo,” explica, y añade que la inversión inicial del proyecto está casi desarrollada, y que dará sus frutos no antes de los próximos cinco o siete años.

Sin embargo, la gestión de la fundación ya piensa en atraer nuevos inversores a iOgorod. “Disponemos de cinco millones de dólares para alquilar invernaderos adicionales, aumentar la producción y, tal vez, abrir un nuevo invernadero en la región de Vladímir: allí todo es más barato, aunque aumentan considerablemente los costes de logística,” avanzó Medetski. Está convencido de que los alimentos orgánicos son un mercado con gran potencial en Moscú.

Artículo publicado originalmente en ruso en Moskóvskie Nóvosti

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Larissa Yugai, jefa del departamenro de agrónomos de iOgorod:

En nuestras parcelas hay una rotación constante: tan pronto como algo está maduro, procedemos a recoger la cosecha inmediatamente y a plantar nuevas plántas. Ello garantiza que los clientes siempre tengan en su despensa lo más fresco. Cultivamos pepinos, tomates, lechugas de distintas variedades, muchos tipos de hierbas aromáticas y verduras. Yo experimento: ahora estoy tratando de separar el micelio y comenzar a cultivar champiñones en el invernadero. Nuestro objetivo no es llegar a muchas personas, sino mantener la calidad. Sería fantástico si el uso de la agricultura ecológica y limpia hiciera crecer complejos enteros. Tal vez éste sea el futuro.

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