Romney y Obama: ¿cuál de los dos es peor para Rusia?

Dibujado por Nyaz Karim

Dibujado por Nyaz Karim

¿Prefieren los rusos a Romney y Obama? Lo cierto es que ninguno de los candidatos les entusiasma demasiado, quizás por la tendencia a la baja de su fascinación por todo lo norteamericano, incluyendo el sacrosanto ritual de las elecciones presidenciales.

Cuando se trata de las relaciones entre Rusia y Gran Bretaña o los Estados Unidos, la opinión pública rusa suele ser tildada de inmadura por parte de los medios de comunicación occidentales. Veinte años después del colapso del comunismo  se les sigue tratando como a los hijos de una familia desestructurada.

El desencanto de los rusos con los Estados Unidos, cuando transpira, se suele adscribir a la influencia perniciosa de la televisión estatal o a algún truco sucio de la 'propaganda de Putin'.

Normalmente, la única cura que se sugiere para este tipo de 'enfermedad infantil' consiste en una mayor presencia en los medios de comunicación occidentales. Se supone que dicha presencia no existe todavía, aún cuando numerosos hechos hablan en contra de esta explicación tan simplista. 

La creciente penetración en el mercado ruso por parte de gigantes de la comunicación occidentales se pone de manifiesto, por ejemplo, en el caso del diario Védomosti, que se publica en cooperación con el Wall Street Journal y el Financial Times, convirtiéndose de hecho en un clon de dichos periódicos.

Sin embargo, hay un hecho incuestionable. Durante los últimos veinte años, Estados Unidos, Gran Bretaña y otros miembros de la Unión Europea han logrado hacer algo que hubiera sido impensable a finales de los años 80, durante el apogeo de la popularidad de lo occidental en Rusia: han conseguido perder apoyo de la opinión pública.

Fue necesario realizar un enorme esfuerzo para alcanzar un resultado así. La expansión de la OTAN, el bombardeo de Yugoslavia y varias guerras en Oriente Medio no bastarían, probablemente, para lograrlo, aunque la caracterización que hizo el gobernador Romney de Rusia como “nuestro enemigo geopolítico número uno” sí lo ha conseguido. Se cargó dos décadas de concesiones por parte de los rusos. Incluso a los liberales rusos, de la cosecha de los 80 se les pasó por la cabeza que algunos políticos occidentales pueden, a veces, ser no sólo embaucadores sino peligrosamente estúpidos.

Rusia, aún no siendo la personificación de la democracia ni de la prosperidad económica, sin duda no es tampoco una amenaza para los Estados Unidos. Como tampoco lo es para sus vecinos. Las constantes alusiones del líder georgiano Mijaíl Saakashvili a las políticas 'agresivas' del Kremlin, por ejemplo, deberían generar dudas precisamente por su naturaleza provocativa.

Los vecinos de la Unión Soviética de Stalin durante los años 40 y 50, rara vez hablaron sobre el carácter agresivo del dictador soviético por miedo a provocarlo y convertirse en su siguiente víctima. A los agresores potenciales con más frecuencia se les apacigua, casi nunca se les provoca.

Todo esto se ve a simple vista. Por eso cuando, durante uno de los debates, Obama dijo a Romney: “Los años 80 nos llaman ahora a la puerta para pedir que se les devuelva su política exterior,” estaba expresando los sentimientos de muchos rusos.

Muchos rusos, al igual que muchos norteamericanos, se hacen esta pregunta: ¿hay otra diferencia, entre Romney y Obama, más que una cuestión de retórica? De hecho, Romney está prometiendo hacer cosas que Obama ya está haciendo: más ejecuciones de sospechosos de terrorismo (y civiles aislados) procedentes de drones, más sanciones a Irán, más inflexibilidad con Rusia... 

En realidad, la fama de la 'inflexibilidad' de los republicanos con Moscú condujo a veces a entrañables relaciones personales entre los líderes soviéticos y sus homólogos norteamericanos. “A veces, los dirigentes soviéticos se alegraban de la presencia de republicanos en la Casa Blanca, puesto que la dura retórica del Grand Old Party servía de perfecta justificación para aumentar los programas ideológicos y armamentísticos dentro de la Unión Soviética,” recuerda Dmitri de Koshko, un veterano francés, que escribe sobre asuntos de política exterior y actualmente es comentarista de la emisora rusa Voice of Russia. 

En lugar de mostrar su preocupación sobre la afirmación descabellada del señor Romney de que es su “enemigo geopolítico número uno”, Putin agradeció de inmediato a Mitt sus palabras, ya que permitían al presidente ruso demostrar a su pueblo que el rápido desarrollo de un programa norteamericano de misiles antibalístico en Europa podría ir a parar a las 'manos equivocadas'.

En tal situación, Putin no quiso hacer juicios morales y se comportó, en lugar de eso, como el jugador político de sangre fría que se aprovecha del movimiento equivocado de su contrincante. 

De hecho, ésta podría ser la solución al antiguo acertijo que dice así: ¿por qué los candidatos demócratas eran más populares entre la población rusa de a pie (Kennedy y Roosevelt eran las únicas figuras positivas incluso para los medios de comunicación soviéticos ultra-críticos), mientras que los dirigentes soviéticos se llevaban mejor con los agresivos republicanos?

Las respuesta a esta pregunta no recae en la fuerza o debilidad del ejército ruso (que Reagan presuntamente destrozó).

Bajo el régimen de Stalin, la superioridad militar de los EE UU era mucho más obvia, pero no acarreó consigo la paz en los años de posguerra. La respuesta, como siempre, está en la percepción. Los candidatos como Romney hacen que los rusos de Moscú y los sirios de Damasco se sientan como rehenes. Y cualquier rehén sueña con su fortaleza personal (que los líderes soviéticos proporcionaron sin demora).

Putin no es esta clase de persona: el reciente pacto entre Rusia y BP  muestra cuan lejos se encuentra del aislacionismo. Pero la bocaza de Romney es un instrumento sumamente útil: con él, uno puede 'congelar' y 'descongelar' la reforma cuando quiera. ¿Puede un hombre de Estado pragmático, como Putin, desear algo más útil?

¿Y no se merece el pueblo de los Estados Unidos a alguien con más conocimiento y menos arrogancia como alternativa al, más bien, embaucador Obama? 

Dmitri Babich es analista político de la emisora de radio Voice of Russia.

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