Adiós al mundanal ruido. Bienvenido a Siberia

El moscovita Serguéi Yereméev abandonó su trabajo en una multinacional y vive modestamente en la isla situada en el lago Baikal. Fuente: flickr / elrentaplats

El moscovita Serguéi Yereméev abandonó su trabajo en una multinacional y vive modestamente en la isla situada en el lago Baikal. Fuente: flickr / elrentaplats

El moscovita Serguéi Yereméev vive en la isla Oljón, situada en el lago Baikal, desde hace siete años. En los años 90 trabajaba para una gran compañía multinacional, llevaba una pistola de gas en el bolsillo de la chaqueta y le encantaba jugar en el casino. Ahora se ocupa de la despensa de una iglesia y vive con su familia en una pequeña isbá (cabaña) de madera situada junto al templo.

Serguéi se levanta a las siete de la mañana. Va a la iglesia, la abre, y espera a la gente que llegue a rezar. Es el único templo de toda la isla y, si no fuera por Serguéi, estaría casi siempre cerrado o vacío. Ha cercado el templo con una valla, ha encontrado una campana y ha ayudado a construir un campanario. Aparenta 35 años. Tiene varias carreras, una de ellas la estudió en la Sorbona. Habla con fluidez inglés y ruso, y entiende el griego. En el pasado, fue cazatalentos: se dedicaba a reclutar personal.

“Acabé harto”, dice sentado en la minúscula habitación de su casa, cuyas paredes están repletas de iconos, mientras bebe leche fresca de una taza. “Me fui a estudiar a París y comencé a viajar mucho. Lo que más me interesaban eran los monasterios rusos. Quizá solo al viajar al extranjero comienza uno a interesarse por la historia y la cultura de su propio país...”  

Cuando tenía vacaciones en la universidad, Serguéi hacía la mochila y hacía autostop.  “¿A dónde vas?”, le preguntaban los conductores. Y él respondía con franqueza: “A la montaña sagrada de Athos”. Comenzó el viaje con 500 francos en el bolsillo y lo terminó con mil. Los conductores que lo recogían no solo le daban comida y medicamentos, sino también dinero.

“¿Cómo puedo explicar lo que hice en el Monte Athos?”, sonríe Serguéi. Es un sitio donde se debe guardar silencio sobre muchas cosas”. 

Ocho horas de oración, ocho horas de trabajo, ocho horas de descanso; esa es la distribución del día en la Sagrada Montaña. Poco a poco, los intereses de Serguéi fueron cambiando. Dejó de despilfarrar dinero, de ir al casino y de relacionarse con muchos amigos.

“Me da la sensación de que en aquel momento comencé incluso a respirar de otro modo”.

Un monje del Athos le propuso quedarse en la Sagrada Montaña para siempre. Pero Serguéi se negó, pues, según él, no estaba preparado, y volvió a Moscú. Pero esta vez no logró vivir en la capital. Quería huir de ella. 

“No me gustaba el ajetreo de la capital, ni la constante lucha por hacerse un lugar en el mundo. Eso se superponía a todo lo demás”.

El Hostal Filoxenia 

Nastia, la mujer de Serguéi, charla con un turista holandés junto a la puerta de la iglesia. 

“Y qué, ¿realmente eres feliz aquí? Vale, se puede vivir aquí seis meses, o un año como máximo, pero quedarse aquí para siempre...”, reflexiona él en voz alta.


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Nastia sonríe. Ni sus padres ni sus amigos entienden su elección. Cuánto menos lo hacen los turistas ocasionales. Nastia también estudió en París y siempre soñó con labrarse una carrera en occidente. Cuando Serguéi le propuso mudarse de Moscú a Oljón, tardó mucho tiempo en encontrar la isla en el mapa.

Isla de Oljón

La mayor isla del lago Baikal, con un área de 730 km2, y la tercera más grande del mundo en un lago.

Habitada por unos 1.500 personas, mayormente indígenas buriatos que creen que  es un lugar espiritual. En la costa oeste, cerca de Juzhir, se encuentra el paraje más famoso de Baikal, la Shamanka o roca del chamán.

Cuando la encontró, se negó rotundamente. Una reacción comprensible, pues en aquel momento en la única isla habitada de Baikal no había ni electricidad. Pero Serguéi insistió. Quería irse de Moscú y daba igual a dónde. Él ya había estado en Oljón y le había gustado la isla. “Tiene algo en común con el monte Atos”, le gusta decir.

Isla Oljón. Fuente: flickr / xJason.Rogersx

“¿Quién se muda a Siberia por voluntad propia?”, bromea ahora Nastia, recordando su primera reacción ante la posibilidad de irse a vivir al Baikal. “Siempre he creído que la gente huye de allí”.

Sin embargo, una vez hecha la maleta,  siguió a su marido hasta un pueblecito llamado Juzhir. Nastia no tardó en acostumbrarse al nuevo lugar: aprendió a ordeñar cabras, a cultivar pepinos y tomates, dio a luz a dos hijos e incluso comenzó a cantar en el coro.

“¿Que cómo aprendí a disfrutarlo? Caminando descalza por la hierba, apreciando la posibilidad de desplazarse a pie a todas partes y de respirar aire fresco. También ayuda la idea de que ya no necesito pasar un montón de años ahorrando dinero para pagar un piso en Moscú”.

Para dar un toque de alegría a sus vidas y, al mismo tiempo, ayudar a los viajeros, Nastia y Serguéi decidieron abrir el Hostal Filoxenia (del griego “hospitalidad”). Se encuentra frente a su propia casa, a cinco pasos de la iglesia.

En el hostal viven de forma gratuita y durante todo el año personas de todas partes del mundo. Algunos turistas llegan exclusivamente para conocer a estos estrafalarios rusos. En el segundo piso se han instalado dos franceses que han viajado desde París a Moscú en bicicleta. Como agradecimiento por el alojamiento gratuito, están pintando la valla de la iglesia. Un israelita repara algo en la casa de Serguéi, una chica de San Petersburgo está limpiando la campana subida a una escalera... 

Serguéi trata de responder a nuestra pregunta sobre sus ingresos mientras acarrea cubos de agua de los barriles  a la estufa.

“Como despensero, puedo quedarme con parte de los donativos a la iglesia. A veces gano algo de dinero haciendo de guía. Y, por supuesto, también hay muchas buenas personas que ayudan. Por ejemplo, hace poco vinieron unos alemanes. Les conté todo sobre el templo y les hice una excursión guiada. Y ellos han reunido en su ciudad de Alemania 800 euros y me los han mandado. ¿Sabes cuánto tiempo se puede vivir en Juzhir con este dinero?“

El tañido de la campana se propaga por todo el pueblo. Serguéi arroja los cubos y sale disparado hacia el campanario. Allí, su hijo y su hija juegan a ver quién hace sonar la campana más fuerte. Este sonido no muy melodioso no parece molestar a nadie. En Oljón todos se toman las cosas con tranquilidad.

 Hostal Filoxenia

prixod xrama “Derzhavny” pereulok Gorny-1А

 Juzhir, distrito de Oljón, Región de Irkutsk, 666137

Rusia

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