Póker ruso en la NBA

Andrei Kirilenko. Fuente: GettyImages / Fotobank

Andrei Kirilenko. Fuente: GettyImages / Fotobank

Esta noche arranca la temporada en la NBA, lo hace con cuatro rusos en liza, tres sobre la pista y uno en el palco. Empezamos por este último, el político y oligarca Mijaíl Prójorov, el séptimo hombre más rico de Rusia y dueño de la remozada franquicia de los Nets.

El equipo cambia este año de sede (de Nueva Jersey a Brooklyn), estrena pabellón e imagen corporativa, además de incorporar varios jugadores de renombre (Joe Johnson y Gerald Wallace, entre otros) merced a una fenomenal inversión en el mercado de agentes libres. Brooklyn se convierte de la noche a la mañana en el segundo equipo de la NBA que más gasta en salarios, 85 millones de dólares.

Bajando del palco, el pívot ruso Timofíi Mozgov repite en los Denver Nuggets, donde la temporada pasada, lastrado por lesiones, firmó medias de 6 puntos y 4 rebotes en 15 minutos en pista. Este curso tendrá aún más caros los minutos, pues competirá en la pintura con el prometedor griego Kostas Koufos y el atlético Javale McGee, al que la franquicia ha firmado 10 millones de dólares anuales.

 

El base-escolta Alexéi Shved (23 años) se estrena en la NBA de la mano de los Minnesota Timberwolves, donde compartirá puesto con el español Ricky Rubio. Dicen las malas lenguas que su mala relación con el entrenador Ettore Messina,  con quien ya coincidió en el CSKA en una anterior etapa, han tenido mucho que ver con su salida de Moscú.



Nada que ver con las razones del regreso de Kirilenko a la NBA, tras un extraordinario año en Europa, propiciado por el lockout de la NBA a comienzos del pasado curso. Ningún club europeo, ni siquiera el CSKA, puede acercarse a la cifra de 10 millones de dólares anuales que le ha firmado Minnesota.

 

¿Por qué una franquicia pequeña y de escasa historia como Timberwolves y no los Nets de su compatriota Prójorov? Pues porque después varios años de amasar talento joven Minnesota presenta uno de los proyectos más atractivos de la competición. Tras alcanzar el All-Star de la NBA en 2004, la trayectoria de Kirilenko sufrió varios años de decadencia en Utah Jazz.

 

Pero su caché y su carrera se han relanzado tras su fugaz paso por Europa  (MVP de la Euroliga) y sus logros con la selección nacional (bronce olímpico en Londres). Aunque tengan que disfrutarle allende el mar, el baloncesto ruso está de enhorabuena, ha recuperado a su faro, el mejor Kirilenko está de vuelta.

Kirilenko, jugador marca-país
 


Andrei Kirilenko, durante un evento con niños en Moscú. Foto: cskabasket.com

El ala-pívot de San Petesburgo representa mucho más que una estrella deportiva más el firmamento, se trata del rostro masculino más conocido del deporte ruso en el extranjero, precisamente gracias a su exposición mediática en la NBA, quizá la competición más famosa del mundo. Por cierto, una figura con ciertos paralelismos con lo que puedan representar Gasol o Ginóbili para España y Argentina.

 

El liderazgo del ruso tiene un arraigo mucho más profundo que el mero talento para anotar, la estadística más vistosa del baloncesto. Kirilenko destaca por su generosidad, anteponiendo el éxito colectivo al individual, sin excusas ni excepciones. Una rara avis en el híper-profesionalizado deporte de nuestros días. El ala-pívot ruso maneja todas las suertes del juego con excelencia como pocos: asistencias, robos, tapones o rebotes. Características que comparte con los mencionados Gasol o Ginóbili, todos ellos abanderados olímpicos de sus países.


“No solo es importante lo que hacen, sino cómo lo hacen y sobre todo, cómo es percibido por los aficionados. Entienden la importancia de su proyección pública, de su reputación, como espejos del deporte de sus países tanto dentro como fuera de sus fronteras. Podríamos denominarlos: jugadores marca-país”, explica a ‘Rusia Hoy’ Mario García Gurrionero, experto en comunicación deportiva de la consultora Comunicar es ganar*.

 

 La denominación ‘jugador marca-país’ implica un compromiso con la reputación pública: alejarse de la prensa amarilla, cuidarse de realizar declaraciones altisonantes o mojarse en temas de política nacional, no faltar a la llamada de la selección (pese a las reticencias de las franquicias NBA), sin olvidar una paciencia infinita para firmar autógrafos sin perder la sonrisa.

 

Además de todo eso, Kirilenko desarrolla una sincera labor filantrópica. Fundó junto a su mujer una fundación para ayudar a niños enfermos o huérfanos en Rusia y Estados Unidos. Cuando el pasado diciembre se levantó el cierre patronal de la NBA, Kirilenko recibió ofertas para regresar a la liga norteamericana, pero prefirió quedarse en Rusia para contribuir al éxito continental del principal equipo del país, el CSKA, a costa de perder bastante dinero. 

 

Es más, el jugador donó a su fundación su sueldo íntegro de la pasada temporada en Moscú.

*El próximo 21 de noviembre la consultora 'Comunicar es ganar' presenta en Moscú el documental 'Legendarios, fabricados para emocionar'. A las 16:00h en la Universidad Pedagógica Estatal.

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