Las claves de la cooperación entre Ecuador y Rusia

Rafael Correa, el presidente de Ecuador. Fuente: Flickr / Presidencia de la República del Ecuador

Rafael Correa, el presidente de Ecuador. Fuente: Flickr / Presidencia de la República del Ecuador

Las relaciones bilaterales recomenzaron en 2009. Hoy son más estrechas en el comercio y la inversión. Ecuador exporta a la Federación bienes primarios y recibe de ésta créditos y conocimiento en armamento y energía. Pero hay acuerdos razonablemente polémicos. Ambos deberían saber que la calidad de la inversión es más estratégica que el apoyo en dudosas aventuras políticas. A diferencia de la literatura, en las relaciones internacionales, las mejores historias tienen inicio y desarrollo, pero no desenlace.

Toda historia tiene un comienzo. O varios. Tras décadas de intercambios recíprocos, las relaciones bilaterales de Rusia y Ecuador volvieron a empezar en 2009. En Octubre de ese año, Rafael Correa realizó la primera visita oficial de un jefe de Estado de la república a la Federación Rusa. Auspiciada por su nueva asociación estratégica, la cooperación se ha estrechado en lo económico y político.

 

Relaciones comerciales

 

Según el Banco Central de Ecuador, excluyendo petróleo y derivados, el comercio bilateral alcanzó en 2011 un valor de cerca de 800 millones de dólares. Tras crecer más de un 70% desde 2007, es el  importe más alto del lustro.

 

 A esta expansión ha contribuido la apertura en 2010 de un nuevo servicio de transporte de mercancías entre los dos países. Seis portacontenedores de la compañía danesa Maersk Line conectan Guayaquil con San Petersburgo, después de hacer escala en el Canal de Panamá, Rotterdam y Bremen. La eventual apertura de una ruta directa, hoy en discusión, entre Manta y San Petersburgo, por el Pacífico, daría un nuevo impulso.

 

 De acuerdo con su Oficina Comercial en Moscú, la república exporta mayormente a Rusia bienes primarios. Destacan los plátanos (más de un 70% de las exportaciones en 2011), las rosas (un 20%) y los extractos, esencias y concentrados de café (un 5%). Además son importantes otras frutas tropicales y exóticas (como la piña o el mango), el cacao y los productos del mar, sobre todo los camarones. Ecuador importa crecientemente de Rusia productos laminados de hierro o acero (el 28% en 2011) y abonos minerales y químicos (el 11% ese año). 

 

La balanza comercial es favorable para Quito, con un superávit de 600 millones en 2011. Desde 2007, ha crecido un 65%. El año pasado registró la cifra más alta de la historia, muy cerca de 2009, cuando las importaciones de productos rusos cayeron por su crisis económica (apenas 18 millones, cuando en 2008 sumaron 129 millones, el valor más elevado en el lustro). 

 

El flujo de inversión extranjera directa

 

En esta materia la república también sale bien parada del intercambio con la Federación Rusa. Según su Banco Central, el país suramericano no ha invertido en Rusia. Mientras tanto, la inversión euroasiática en Ecuador ha sumado 560.000 dólares desde 2007. El flujo ha sido enormemente irregular, concentrándose en 2008, cuando se logró el importe más alto, y 2011, cuando alcanzó 235.000 dólares. En 2007 y 2010 apenas supuso 10.000 dólares. De acuerdo con la misma entidad, el capital de inversión proveniente de la Federación se ha orientado a agricultura, silvicultura, caza y pesca (un 67% de la inversión desde 2007) y comercio (un 28% en el periodo).

 

La defensa y la seguridad

 

Aunque no aparezca en esas estadísticas, la colaboración militar es próspera. En 2009, Ecuador suscribió un crédito con Rusia de unos 200 millones de dólares para el fortalecimiento de su fuerza terrestre. Además, Moscú ha vendido a Quito siete helicópteros MI17. El país suramericano está también interesado en aviones cazas tipo Su-30MK2, aparatos de vuelo no tripulados y sistemas defensivos antiaéreos.


 

Energía

 

La participación rusa en la industria energética ecuatoriana es cada vez más significativa. Hace un año, el embajador de Rusia en Ecuador, Yan Burlay, anticipaba que la Federación ejecutará alrededor de 1.000 millones de dólares en la república suramericana, especialmente en el sector energético. Para Quito, que importa casi 1.000 millones de kilovatios hora de la vecina Colombia, la ayuda en este campo es estratégica.

 

Los dos países han suscrito un memorando de entendimiento para emplear tecnologías rusas en la prospección de yacimientos ecuatorianos de petróleo y gas. Desde 2010, la empresa estatal Rosneft ha trabajado en el bloque 31, en el Parque Nacional del Yasuní, en la Amazonía. En Julio de este año, Ecuador y Gazprom sellaron un acuerdo para explotar el bloque 6 del Campo Amistad, en el Golfo de Guayaquil. La reconstrucción de refinerías también es promisoria.

 

La energía hidroeléctrica está asimismo siendo objeto de la cooperación rusa. Los bancos rusos Roseksimbank y Eximbank han otorgado créditos para proyectos hidroeléctricos liderados por la empresa rusa Inter Rao Ues, que se encarga de construir y suministrar maquinaria de la también euroasiática Tiazhmash.

 

Inter Rao ya está participando en la construcción de la central hidroeléctrica de Toachi-Pilatón, cuya apertura se prevé para 2015. En junio de este año firmó un acuerdo de intenciones  con Ecuador para el desarrollo de los proyectos hidroeléctricos de Chontal, Chirapi y La Unión. Además, está interesada en la construcción de las centrales de Tortugo, Tigre, Yurimaguas y Manduriacu.

 

La cooperación en actividades relacionadas con el uso pacífico de la energía nuclear ha sido menos ágil y mucho más polémica de lo que, de por sí, cabía esperar. El convenio suscrito en 2009 entre los dos países está paralizado por la Asamblea Nacional de la república por su cuestionable constitucionalidad y conveniencia estratégica.

 

 El documento que se negoció contemplaba no solo que Ecuador mine uranio, construya reactores nucleares y fabrique materiales radioactivos, lo que, además de ser crítico, ignora la decadencia global de la energía nuclear, sino que los desechos nucleares rusos ingresen en Ecuador, convirtiéndolo en el basurero nuclear de Rusia.

 

 La polémica ha transcendido el propio acuerdo para centrarse en la debilidad de la política exterior y el sistema de control de constitucionalidad ecuatorianos. 

La política

 

La cercanía ha sido constante en el complejo escenario de las relaciones internacionales. Las relaciones de Moscú con América Latina han sido particularmente activas con los países miembros de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba), que comprende a Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Cuba (y tres pequeñas islas), además de a Ecuador.

 

Recientemente, la Federación ha apoyado a la república suramericana en el caso Assange

 

La relevancia de ello es sin embargo dudosa. La historia de Rusia y Ecuador vuelta a empezar en 2009 puede quizás tener un nudo mejor que la muerte dilatada e infeliz de residuos radiactivos.

 

 Tal vez los impactos a medio plazo del comercio y la inversión importen más que el apoyo corto-placista a la loable, valiente y un tanto trivial protección a Julian Assange. Con la entrada de Rusia en la Organización Mundial del Comercio, los dos países han acordado recientemente trabajar en la firma de un acuerdo comercial específico. Las negociaciones deberían tener presente la historia cercana en la selección de los sectores y, sobre todo, las formas de cooperación. En las relaciones internacionales, en las buenas historias, el desarrollo no implora la necesidad del final.

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