Adherirse o no al 'nuevo Protocolo de Kioto'

En los despachos gubernamentales se debate sobre la utilidad económica y ecológica del proyecto. Fuente: Kommersant.

En los despachos gubernamentales se debate sobre la utilidad económica y ecológica del proyecto. Fuente: Kommersant.

Rusia puede salirse del mercado internacional de intercambio de cuotas para emitir dióxido de carbono. Los funcionarios rusos no han llegado todavía a una decisión sobre la conveniencia o no de participar en el proyecto. Queda un mes para reflexionar. Las deliberaciones sobre el nuevo acuerdo que ha de sustituir al Protocolo de Kioto van a celebrarse a finales de noviembre en una conferencia internacional en Doha (capital de Qatar).

El Protocolo de Kioto para la Convención Marco de la ONU sobre el cambio climático fue aprobado en 1997. Su finalidad es reducir las emisiones de gases de efecto invernadero: los países firmantes estaban obligados a disminuir las emisiones un 5% de media en comparación con las de 1990.

El sistema establecido permite no solo reducir de forma real las emisiones, sino también comprar cuotas a otros estados (una unidad de reducción de emisiones es igual a una tonelada de su equivalente de dióxido de carbono). Rusia se incorporó al comercio de bonos de carbono.

Sin embargo, los expertos apuntan que la experiencia no ha sido tan acertada como se quería. Según el protocolo, para el 2012 las emisiones rusas no debían superar el nivel de 1990. Según datos de la ONU, en el  2010 su nivel ha sido un 35% más bajo que hace 20 años,.

“Hasta el 2000 las emisiones fueron descendiendo, después empezaron a aumentar, pero el ritmo no superó el 1% anual frente al crecimiento del 7-8%  del PIB”, señala  Gueorgui Safónov, director del Centro de Economía de medio ambiente y de recursos naturales de la Escuela Superior de Economía.

En total, según cálculos del Ministerio de Economía, Rusia ha ahorrado cerca de 6.000 millones de toneladas de CO2 de su cuota, unos 30.000 millones de euros. Sin embargo, el país ha ganado sensiblemente menos con la reducción de las emisiones.

Según afirma Vsévolod Gavrílov, director del Departamento de proyectos de ahorro energético y aprovechamiento de recursos naturales de Sberbank, las empresas se han embolsado cerca de 600 millones de dólares por los bonos de carbono vendidos. Los precios caen continuamente y la regulación en Rusia sobre proyectos en el marco del Protocolo de Kioto no es lo suficientemente efectiva.

La cuota global para las empresas rusas es de 300 millones de toneladas, que es el límite fijado por el Estado. Según datos de la revista Rusia empresarial, actualmente hay confirmados 108 proyectos por valor de 311 millones de toneladas, y han llegado peticiones para casi 400 millones.

“El sector empresarial le está cogiendo el gusto”, dice el empleado de una empresa que ha participado en los proyectos de Kioto. Los beneficios por la venta de bonos de carbono han de ser invertidos en el aumento de la eficiencia energética. A juzgar por las declaraciones de las empresas, estas están dispuestas a invertir cerca de 6.000 mil millones de euros, señala Gavrílov, aunque las recaudaciones han sido menores de lo esperado.

El Ministerio de Economía está de acuerdo en aumentar el límite y en simplificar los procedimientos, pero “para eso Rusia debe confirmar y seguir participando en los mecanismos de Kioto”, dice el subdirector del Departamento del Ministerio Oleg Plúzhnikov. El Ministerio de Economía ha abogado por la adhesión al nuevo acuerdo climático y ha comunicado su posición al Gobierno, continúa Plúzhnikov.  

Rusia podría aprovechar la cuota ahorrada: según las cuentas de Gavrílov, las empresas podrán vender cerca de 100 millones de toneladas de unidades al año, ganando 500 millones de euros cada una.

Los contrarios a la participación de Rusia en el nuevo acuerdo señalan que el Protocolo de Kioto no ha ayudado a detener o a ralentizar el cambio climático.

Además, los países más importantes por su volumen de emisiones han anunciado su salida del acuerdo o su negativa a firmar el nuevo (EE UU, China, Canadá y Japón entre otros), explica el copresidente de Rusia empresarial Antón Danílov-Danilian.

“La cuestión sobre la participación de Rusia en el nuevo acuerdo es prerrogativa del Gobierno”, insiste Dmitri Peskov, del Gabinete de Prensa del Presidente. Por su parte,  Natalia Timákova, del Gabinete de Prensa del Primer Ministro, declara: “Esta cuestión aún tiene que ser debatida, no hay ninguna decisión definitiva”.

“En las negociaciones sobre el Protocolo de Kioto, explica el director de campañas de Greenpeace-Rusia Iván Blokov– Rusia debe actuar conforme a sus prioridades a largo plazo; la adhesión al nuevo acuerdo es un estímulo poderoso para reducir el consumo de energía de la economía y para renovar la tecnología”.

Artículo publicado originalmente en Védomosti.

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