La victoria de Hugo Chávez y sus consecuencias para las relaciones con Rusia

El Presidente venezolano podrá seguir promocionando su visión del mundo, en la que las relaciones con Rusia juegan un notable papel. Fuente: flickr / elsanto_wa.

El Presidente venezolano podrá seguir promocionando su visión del mundo, en la que las relaciones con Rusia juegan un notable papel. Fuente: flickr / elsanto_wa.

Poco tiempo después de cerradas las urnas en Venezuela se confirmaba la victoria de Hugo Chávez en las elecciones presidenciales, al obtener un 55% de los votos frente al 45% del candidato opositor Henrique Capriles. De ese modo, el actual Presidente prolonga su mandato hasta 2019, cuando completará dos décadas en el cargo. La victoria de Chávez tendrá importantes consecuencias para la política iberoamericana, así como para la proyección exterior de la región hacia otros estados como Rusia, con la que Venezuela ha establecido importantes vínculos en los últimos años.

La Venezuela del Presidente Chávez en el mundo

La irrupción de Chávez en el escenario político de Iberoamérica representó un seísmo para la región. El exmilitar que en 1992 intentó derrocar al Presidente Carlos Andrés Pérez, episodio por el que pasó dos años encarcelado, en 1998 y ya como Presidente electo impulsó el modelo de República Bolivariana y su proyecto de “Socialismo del Siglo XXI”. Su mensaje gozó de especial predicamento entre las clases populares, marginadas por los beneficios del sistema económico liberal de los años 90, pero generó un gran antagonismo con la tradicional clase dirigente.

En el exterior, Chávez no tardó en enfrentarse a las políticas de Estados Unidos y a sus aliados en la zona, como la vecina Colombia que le ha acusado de prestar refugio y apoyo a la narcoguerrilla de las FARC. Una de sus principales iniciativas es la 'Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América' (ALBA), concebida en 2004 como alternativa al 'Área de Libre Comercio de las Américas' (ALCA) promovida por los estadounidenses.

En la actualidad, los miembros de pleno derecho del ALBA son Venezuela, Bolivia, Cuba, Ecuador y Nicaragua, además de varios pequeños estados del Caribe. Es también significativa la presencia, con estatus de observador, de países ajenos a la región como Irán y Siria.

La estrategia exterior de Chávez ha consistido en respaldar política y financieramente a los candidatos más proclives al movimiento bolivariano en las sucesivas elecciones, como en los casos de Morales (Bolivia), Correa (Ecuador), Ortega (Nicaragua) o Zelaya (Honduras), aunque este último país abandonó el ALBA tras el golpe de estado de 2009. Para ello, Venezuela se ha valido de las divisas obtenidas de la venta de hidrocarburos, que representan hasta un 12% de su Producto Interior Bruto (PIB).

Curiosamente, y a pesar de las continuas polémicas con Estados Unidos, es este país el principal socio comercial de Venezuela, ya que recibe un 39,9% de sus exportaciones.

La explicación de esta paradoja es que el petróleo venezolano, por sus características físicas, precisa de unas técnicas de refinado especiales sólo disponibles en las instalaciones estadounidenses del Golfo de México. De hecho, la compañía estatal de hidrocarburos 'Petróleos de Venezuela Sociedad Anónima' (PDVSA) posee hasta ocho refinerías en territorio estadounidense. Por tanto, existe una interdependencia entre Washington, que precisa de los suministros venezolanos para su consumo interno, y Caracas, que precisa de Estados Unidos para la comercialización de sus hidrocarburos.

Rusia y Venezuela: ¿matrimonio de conveniencia o cooperación a largo plazo?

Esa expansión del papel de Venezuela en Iberoamérica y en el mundo coincidió en el tiempo con el segundo mandato presidencial de Vladimir Putin (2004-2008), en el que Rusia recuperó su estatus de gran potencia en medio de un creciente enfrentamiento con Occidente. 

De ese modo, el Kremlin fue alineando sus políticas con lo que podríamos denominar un eje de los excluidos, que proponen un nuevo orden mundial acorde con la realidad de las potencias emergentes. Un ejemplo significativo de esta tendencia es el grupo de los BRICS  (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), países a los que poco más une que su oposición conjunta al modelo de relaciones internacionales que Estados Unidos intentó imponer bajo la administración de George W. Bush.

Por citar un caso de cooperación bilateral entre Rusia y Venezuela en el plano de la seguridad, en agosto de 2008 Moscú reconoció la independencia de Osetia del Sur y Abjaza, tras la guerra de seis días que la enfrentó con Georgia. La diplomacia rusa intentó entonces que el mayor número posible de países se unieran a ese reconocimiento, pero sorprendentemente ninguno de sus aliados más próximos (como Bielorrusia, Kazajstán o Armenia) lo hicieron, mientras que Venezuela y Nicaragua (además de algunas pequeñas islas del Pacífico) sí.

Tras ese episodio, la colaboración se incrementó en todos los ámbitos. Así, PDVSA suscribió acuerdos en 2010 un consorcio ruso  (en el que participan entre otros Gazprom, Rosneft y Lukoil) para la explotación de nuevos yacimientos petrolíferos en el delta del Orinoco, a la vez que Gazprombank ofreció un crédito de 4.000 millones de dólares para el desarrollo del sector minero de Venezuela.

Cabe destacar que, de acuerdo con la ley venezolana, en todas esas sociedades el Estado debe mantener el control mayoritario del paquete accionarial, lo que no ha representado un impedimento para los rusos a la hora de invertir.

Por último, en el campo militar se han cerrado importantes acuerdos, como el suministro de armamento a Venezuela (misiles antiaéreos S-300, carros de combate T-72, aviones Sukhoi, helicópteros, y 100.000 fusiles de asalto Kalashnikov), aunque su compra también ha sido financiada por la propia Rusia.

En septiembre de 2008 Moscú envió a Venezuela dos bombarderos de largo alcance Tu-160, y a finales de ese año una agrupación naval, con insignia en el crucero nuclear 'Pedro el Grande', llegó al Caribe para adiestrarse con unidades navales venezolanas, rememorando en cierto modo los despliegues navales soviéticos en Cuba durante la Guerra Fría.

Conclusiones

Aunque están previstas unas exportaciones de armas de Rusia a Venezuela por valor de varios miles de millones de dólares, convirtiéndose en su segundo mayor cliente tras la India, no se debe exagerar la importancia de ese país como socio comercial de Moscú.

Baste recordar que en 2010, según datos de la Embajada rusa en Caracas, los intercambios comerciales entre ambos estados alcanzaron unos exiguos 165 millones de dólares, cifra minúscula si se compara con los 308.000 millones de dólares de intercambios comerciales con la Unión Europea. La conclusión es que Rusia, en realidad, no se jugaba tanto en términos económicos en las elecciones venezolanas, y su principal interés se centraba, por tanto, en la energía y la geopolítica.

En el caso de la energía, y aunque las empresas rusas puedan obtener pingües beneficios de la explotación de nuevos yacimientos en Venezuela, no parece muy lógico invertir tan lejos de su propio territorio cuando Rusia está agotando los yacimientos tradicionales de los Urales y Siberia Occidental, y precisa de grandes inversiones para explotar nuevas bolsas de hidrocarburos en la península de Yamal o en Siberia Oriental, además de para modernizar las vetustas infraestructuras. 

En el caso de la geopolítica, es necesario ser prudente a la hora de incentivar una posible carrera de armamentos en una región con serios problemas de seguridad, y lo mismo se puede afirmar con respecto a contar con un aliado lejano y ajeno a la tradición rusa, lo que puede servir para transmitir una imagen de gran potencia, pero que a la vez implica a Rusia en una zona en la que sus intereses vitales no están en juego, y perjudica las siempre complejas relaciones con un actor clave como EE UU.

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