Ataque a Irán, misión imposible

El Ministro de Asuntos Exteriores iraní Ali Akbar Salehi. Fuente: AP.

El Ministro de Asuntos Exteriores iraní Ali Akbar Salehi. Fuente: AP.

El llamamiento de turno del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, para que evitar el enfrentamiento sobre el programa atómico iraní, por fin parece haber caído en suelo fértil. Hace bien poco que la coalición angloamericana, la única decidida a realizar un ataque preventivo sobre Irán, muestra cierto desacuerdo. La amenaza de una guerra a gran escala en la región, algo probable teniendo en cuenta el enorme potencial militar de Irán, se reduciría enormemente si se mantiene esta tendencia, que se ha ido perfilando, a evitar la salida militar en el "asunto iraní".

El jefe de la diplomacia rusa, Serguéi Lavrov, declaró en su intervención en el reciente encuentro ministerial de los países participantes en la Conferencia para la Cooperación y Medidas de Confianza en Asia en Astaná (Kazajistán): "La situación alrededor del programa nuclear iraní y el problema nuclear de la península coreana, se encuentran entre los temas más candentes de la agenda internacional. No vemos otra alternativa para su resolución que la negociación a través de los canales establecidos... Esta es la única manera de conseguir que Teherán y Pionyang disipen los temores de la comunidad internacional".

La víspera de estas declaraciones de Lavrov, las autoridades de Israel, presionadas por Occidente y sobre todo por Gran Bretaña, revisaban sus planes de ataque militar sobre Irán. Según los medios de comunicación israelíes, el enviado especial del gobierno de Gran Bretaña realizó un llamamiento en un tono duro a Tel Aviv para que se abstenga de aplicar la fuerza militar contra Irán.

Los analistas israelíes consideran que el inapelable mensaje británico, sumado a las conversaciones telefónicas entre el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, y la canciller alemana, Ángela Merkel, han rebajado el grado de belicismo hacia Irán.

Al mismo tiempo, sería difícil pensar que Israel y EE UU, con sus poderosos sistemas de espionaje, puedan ignorar el enorme potencial bélico de Irán. De haber guerra en esta región, la dureza e impredecibilidad de las acciones bélicas no tendrán nada que ver con las iraquíes "Tormenta del desierto" y "Conmoción y pavor".  Incluso basándose en los datos públicos de fuentes internacionales autorizadas como, IISS Military Balance, Jane's Defence, Defense Daily Aviation Week & Space Technology, etc., se puede establecer que, en caso de un conflicto militar, las fuerzas armadas iraníes tienen capacidad para causar considerables e inadmisibles bajas a las fuerzas "occidentales" .

Los efectivos totales de tropas de tierra de las Fuerzas armadas iraníes oscilan entre 350.000 y 456.000 hombres, de los cuales por lo menos 230.000 son profesionales y el resto reclutas. Cuenta con 350.000 hombres en la reserva.

A pesar de la clara inferioridad de las tropas de tierra iraníes en comparación con la posible coalición occidental, es prácticamente imposible llevar a cabo una operación terrestre contra un país con un  complicado relieve montañoso y 70 millones de habitantes hostiles y tan solo pueden limitarse las bajas con paracaidistas. Ante una poderosa línea de defensa costera y una táctica probada de guerra de guerrillas con la utilización de misiles, un descenso de paracaidistas supondría unas enormes pérdidas, inadmisibles, teniendo en cuenta el factor de las elecciones en ciernes en EE UU.

"La única opción que queda es la campaña aérea contra el ejército convencional iraní", señala el experto militar ruso Alexánder Kostin. "Esto beneficiaría a las tropas americanas, pero hay que tener en cuenta dos factores. El primero, será una campaña larga, de meses. Estas operaciones se prolongan en el tiempo y no garantizan efectividad. Y lo segundo, Irán responderá dependiendo de la estrategia que decida su dirección militar". 

El espectro de respuestas es significativo. "El ejercito y la armada iraní disponen de misiles tácticos que pueden derribar con efectividad las fuerzas marinas y terrestres de los EE UU en la región. La mayoría de los elementos militares de los EE UU entran en el paraguas de los misiles tácticos 'Shahab-3' con un radio de 2.000 km", considera Kostin.

Además de eso, algunas de las infraestructuras clave de doble uso que ahora aprovecha EEUU se pueden convertir en objetivos: puertos, potabilizadoras y otras instalaciones. Aunque los ataques sobre las ciudades del Golfo Pérsico no tengan mucho sentido estratégico, el efecto psicológico y político sobre los países de la región puede ser considerable.

Además, Kostin señala que Irán puede agrupar los recursos de las fuerzas políticas y militares leales. "En primera línea, Hezbolá de Líbano, el "ejército de al-Mahdi" iraquí, así como las organizaciones ocultas todavía en Afganistán, Yemen o Bahrein, por ejemplo".

El experto ruso constata que "controlando el estrecho de Ormuz, Irán también puede influir sobre el volumen del comercio internacional. Es más, el hipotético peligro de los barcos elevaría por las nubes el margen de los seguros, lo que a la larga puede poner en crisis el suministro energético a nivel mundial".

Los daños a la infraestructura petrolífera de cualquiera de los países del Golfo Pérsico no solo traería calamidades económicas sino también ecológicas. En opinión del embajador francés en Teherán, François Nicoullaud, el bombardeo de las instalaciones nucleares en Irán, por ejemplo, la central de Bushehr, "puede provocar, aunque por supuesto en menor escala, consecuencias parecidas a las que vimos después del accidente de Fukushima".

"La central se encuentra a orillas de un mar cerrado, rodeado de muchos estados vecinos del Golfo Pérsico", señaló el diplomático. También dijo que la planta nuclear subterránea iraní de Fordo, a una profundidad de 90 metros, puede verse afectada, pero no puede ser completamente aniquilada sin la utilización de armamento nuclear.

Por lo tanto, simplemente no hay más alternativa que continuar con el proceso de negociaciones entre Occidente e Irán. 

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