Ígor Lysenko: “No quiero limitar mi imaginación”

Fuente: Ígor Lysenko.

Fuente: Ígor Lysenko.

Entrevistamos al artista Ígor Lysenko, un prolífico pintor surrealista.

¿Trabaja sólo con un estilo surrealista o su creatividad tiene alguna otra manifestación?

 

A mediados de los años 70, siendo un adolescente, me impresionó mucho el arte de Salvador Dalí. Si uno no aspira a parecerse a alguien importante, su propio arte no funcionará. Sin embargo, no fue una copia directa, sino el deseo de extraer lo más valioso de la fuente que abrió el maestro. Hasta el día de hoy, me adhiero a su legado de asesoramiento técnico.

 

Por otra parte, consciente o inconscientemente, mi vida personal tiene mucho en común con la vida de Dalí. Realmente, no pienso tratar de definir el estilo de mi obra. Porque definir es limitar y yo no quiero limitar mi imaginación. A mí me interesa la hoja seca de un árbol y las grandes extensiones del universo. Desde hace algún tiempo he sentido una gran afinidad con los simbolistas, poetas y artistas de los siglos XIX y XX.

 

¿Tenía usted alguna asociación particular durante la elaboración del trabajo en la iglesia de Las Palmas?

 

Me temo que mi respuesta le decepcionará. El trabajo no era completamente original, ya que fue hecho por encargo, en esos momentos estaba trabajando con el boceto de otra persona. No obstante, había una cosa suficientemente creativa: incluir en la pintura los retratos de dos  miembros de la Hermandad de Las Palmas. Esta obra fue para mí como una lección y un examen, al mismo tiempo. A lo largo de seis semanas que me tomó hacerlo, se formó la idea de dejar mi trabajo como artista de teatro y dedicarme a la pintura.

 

Ígor Lysenko nació en 1963, en la región de Volgogrado. Es graduado de la Universidad de Kaliningrado. Ha participado en numerosas exposiciones, en los Plen Air en Rusia y en el extranjero. Es miembro de la Unión de Artistas de Rusia desde 2005. Ese mismo año  ganó el Concurso “Los Cuadros Misteriosos”. Uno de los trabajos más destacados de Lysenko es la pintura en una iglesia en Las Palmas, España.

La gran mayoría de sus obras contiene algún misterio para el espectador. Por ejemplo, en las pinturas de LaPatria de Oscar Wilde, Las almas muertas y El paisaje de invierno se pueden ver los retratos escondidos de Wilde, Gogol  y Napoleón, respectivamente. ¿Le molesta cuando el público no reconoce su idea?

A veces el cuadro completo contiene un misterio, a veces hay una imagen escondida. Por lo general, la gente percibe el mundo por las imágenes que se formaron en su mente. Entonces el proceso de reconocimiento va por un camino determinado según la percepción de cada uno. Por ejemplo, en mi pintura Huellas en la arena, se encuentra escondido un gato blanco y negro. Muchos espectadores no lo ven ni siquiera después de que se lo diga. Pero esto no me molesta, ya que no todo el mundo tiene el deseo y el tiempo de observar el mundo.

 

Fuente: Ígor Lysenko.


¿Considera que ha tenido diferentes etapas en su carrera?

 

Estoy tratando de recuperar el tiempo perdido cuando no sentía completamente mi vocación. Sé, por ejemplo, que para el compositor Gioachino Rossini, la etapa más fructífera fue la primera mitad de su vida y para el poeta William Butler Yeats, la segunda. En este sentido, soy semejante a Yeats. Siento que todo lo que ha estado madurando a lo largo de mi vida dentro de mí, encuentra ahora una salida.

 

¿Cómo surgió la idea de pintar los retratos de Alain Delon y Fernandel? ¿Por qué eligió a estos dos actores franceses?

 

Desde mi infancia tenía muy lindos sentimientos hacia los dos. El retrato de Delon tiene una larga historia. El cuadro permaneció durante un año en la Embajada de Rusia en París. El retrato fue hecho para el septuagésimo aniversario del actor y recibió aprobación por el secretario de Delon. Pero, lamentablemente, la Embajada nunca concretó la entrega del regalo.

 

El retrato de Fernandel lo realicé dos veces. Una vez tal como lo imaginaba Dalí: un enano al estilo de Velázquez. Para hacer alusión a esto, pinté una carta de Dalí en la mano de Fernandel. La pintoresca imagen cómica de su cara me dio la idea del segundo retrato con una imagen oculta. Me gustaría que el retrato "Fernandel en gloria" un día encontrase su lugar en Francia.

¿Cuál es para su lugar ideal para trabajar? 


El lugar perfecto es la ¨Torre de marfil´. Así se llama mi taller, donde estoy rodeado de mis libros favoritos, de la música y las cosas que me traen lindos recuerdos. Pero las condiciones externas dejan desear algo mejor. A veces me gustaría esconderme en una pequeña casa en la costa de Normandía para no estar rodeado de la vulgaridad y la mente escasa y pobre. (Risas)

 

En su obra se refleja su amor por la naturaleza y los animales. Pero también se percibe su amor especial hacia los gatos. ¿Por qué?

 

Tal vez, es algo genérico. Yo nací y crecí en un pequeño pueblo no muy lejos del río Volga, que se llamaba Kotovo (de la palabra 'kot', significa 'gato', en ruso). Ahora vivo rodeado de gatos: dos viven en mi departamento y hay más de veinte en el patio. Descubrí gracias a Leonardo da Vinci que “cualquier gato es una perfección", y de Freud que "el tiempo pasado con un gato no puede considerarse perdido."

 

¿Qué pregunta acerca del mundo le llama más la atención?

 

La cuestión de la infinitud del espacio y el tiempo. A menudo pienso en ello. El hecho de que nuestro mundo fuera creado de los restos de mundos que ya murieron. El hecho de que todo cambia, pero nada desaparece para siempre. La eternidad es un abismo que me mira fijamente.

 

 La Galería de Igor Lysenko

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