Claves de las relaciones entre India y Pakistán

Más de un 50% de los indios consideran que existe un alto nivel de amenaza desde Pakistán. Fuente: Press Photo.

Más de un 50% de los indios consideran que existe un alto nivel de amenaza desde Pakistán. Fuente: Press Photo.

Según lo previsto, el Presidente Vladímir Putin viajará a Pakistán el próximo 2 de octubre. Entre las prioridades de su visita figura la firma de al menos 12 acuerdos de cooperación en distintos ámbitos. Como es de suponer, Nueva Delhi seguirá con atención la visita de Vladímir Putin a Islamabad.

El curso de cambios en la política mundial obliga a Rusia a volver a las regiones donde su posición se había debilitado tras la caída de la URSS. Entre estas regiones se encuentra Asia del Sur. Los círculos gobernantes de India y Pakistán lo reconocen: Rusia no tiene otro objetivo que la estabilización de la situación en el sur de Asia, hecho que se volverá especialmente urgente cuando finalice la misión de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF) en Afganistán. Finalmente, las complicadas relaciones indo-pakistaníes y la facilidad para predecir la trayectoria de ambas partes en estas relaciones son de especial importancia en la 'pacificación' de la región.

 

Entre las complicaciones se encuentra la memoria histórica, los prejuicios congénitos y adquiridos, la inestabilidad de sus disputas territoriales, la identidad nacional y étnica difusa y no manifiesta, las inertes contradicciones religiosas, la aguda competitividad de ideologías estatales, la constante sensación de indefensión ante el país vecino, etc. Hasta ahora se mantiene vigente una potente tendencia a la desconfianza mutua. Por otro lado, la actitud hostil hacia los vecinos, a menudo impuesta, persigue también un fin político: la consolidación de una clase política y un sistema en el país, especialmente en un periodo de crisis.

Más de un 50% de los indios consideran que existe un alto nivel de amenaza desde Pakistán y un 46% de los pakistaníes tienen sentimientos parecidos sobre la India (un 13% de los indios y un 28% de los pakistaníes apenas sienten amenaza por parte de sus vecinos).

Entre los indios se ha propagado una firme opinión: únicamente una 'reconstrucción de calidad' del estado pakistaní, es decir, una desintegración de su 'agresiva' ideología 'anti-india', podría mejorar realmente las relaciones bilaterales.

 

La incapacidad de las autoridades pakistaníes (tanto civiles como militares) para modernizar la sociedad ha tenido como consecuencia la búsqueda de mecanismos de compensación capaces de garantizar la tranquilidad social. Uno de estos mecanismos ha sido la nueva versión de la identidad pakistaní, basada en dos estrategias: el programa nuclear y la hostilidad histórica hacia la India.

En la actualidad, el poder civil y militar de Pakistán, en sus cálculos de política exterior, parte de tres factores básicos:  el “agotamiento” geopolítico de América debido a la sobrecarga de sus problemas en Oriente Próximo y Oriente Medio; el hecho de que China se haya convertido en una fuerza geopolítica de gran influencia en el sur de Asia (China es el mayor socio en la economía exterior de todos los estados limítrofes, incluidos la India, Pakistán y Bangladesh); la secreta disposición de EE UU a pactar con el papel “pacificador” de China en Asia del Sur, sobre todo en lo que se refiere a las relaciones entre la India y Pakistán.

Algunos expertos opinan que, actuando de esta forma, Washington intenta ganarse el apoyo de Pekín en sus difíciles relaciones con Teherán y Pionyang. Nueva Delhi, por su parte, está totalmente en contra de cualquier mediación en las relaciones bilaterales, tanto por parte de China como de EE UU.

 

China es, sin lugar a dudas, miembro invisible en las relaciones entre Pakistán e India. Al desarrollar su cooperación con Islamabad, Pekín pretende matar varios pájaros de un tiro: detener el avance de los islamistas radicales, desde Pakistán a territorio chino, sobre todo la Región Autónoma de Uigur de Sin kiang; limitar la influencia de EE UU en Asia Central y del Sur; controlar de forma más eficaz el abastecimiento de portadores energéticos desde el golfo Pérsico; contener la influencia de la India en esta región mediante un sistema de alianzas con los estados limítrofes, así como con otros estados algo alejados (Sri-Lanka).

 

La rivalidad entre China e India, su lucha por la influencia sobre Asia del Sur, al parecer, favorece a una política de Islamabad que no busca compromisos en las relaciones entre Pakistán e India. Los politólogos indios señalan que en la clase política pakistaní los que se manifiestan a favor de un desarrollo de los vínculos económicos, científicos, técnicos y culturales entre los dos países no tienen todavía suficiente fuerza.

 

Por otra parte, la India está vitalmente interesada en mantener la unidad y la integridad territorial de Pakistán. Los conflictos étnicos, ante la perspectiva de una posible 'balcanización' de Pakistán, podrían llevar a un flujo incontrolable de refugiados a la India, al aumento del tráfico de drogas y de armas, al caos en el gobierno del país y, a fin de cuentas, a una caída de la atracción de inversión, según piensa Nueva Delhi.

 

Además, los expertos indios en política exterior están convencidos de que la presencia en ambos estados de arsenales nucleares contendrá el desarrollo de conflictos y limitará las probabilidades de acciones militares entre los dos países, incluidas las de poca intensidad. Actualmente Pakistán, según algunas estimaciones, posee entre 90 y 110 cabezas nucleares, mientras que la India cuenta con 80-100  portadores de armas nucleares.

La sociedad pakistaní está cambiando rápidamente. Las 'profundas grietas' en la economía y en el sistema político, a pesar de la enorme ayuda desde el exterior (China, Arabia Saudí y EE UU), requerirán cambios radicales en el curso del país y, en particular, 'un progreso estratégico' en las relaciones con la India. La India está dispuesta a apoyar estas nuevas tendencias en la política de Pakistán, incluso mediante 'gestos unilaterales' si es necesario.

Sin embargo, el 'abanico de posibilidades' de la línea de compromiso en relación a Islamabad de Nueva Delhi es muy limitado. La oposición, desde los comunistas hasta el Bharatiya Janata Party, no ve con buenos ojos este enfoque 'conciliador' del primer ministro M. Singh sobre las relaciones con Pakistán, y para ello se basa en la 'defensa de la soberanía política' del país.

 

Andréi Volodin, Doctor en Historia, investigador jefe en el Instituto de Economía Internacional y Relaciones Internacionales de la Academia Rusa de las Ciencias

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