Un seguro contra la brutalidad

Una cárcel en Rusia. Fuente: flickr / Sebastian Niedlich (Grabthar)

Una cárcel en Rusia. Fuente: flickr / Sebastian Niedlich (Grabthar)

La población carcelaria en Rusia es de casi 750.000 personas, la tercera del mundo después de EE UU y China. Los presos de las cárceles rusas son vigilados por más de un millón de trabajadores del la Dirección federal del servicio de cumplimiento de condenas (UFSIN por sus siglas en ruso) y, su vida, en general, está sometida a numerosos abusos.

En Rusia hay un antiguo dicho: "¡Nadie está libre de mendigar ni de ir a la cárcel!". Y parece cierto, si nos atenemos al número de presos por cada 100.000 habitantes, Rusia ocupa el tercer lugar en el mundo después de EE UU y China.

La situación de los presos en las 'colonias' está  muy lejos de ser idílica. Los defensores de los derechos humanos reciben regularmente informes de palizas, de violencia y asesinatos en las cárceles, pero defender a un hombre al que el juez ha limitado la libertad a menudo resulta imposible. Vladímir Osechkin, defensor de los derechos humanos, ha propuesto una posible salida a esta situación: pretende asegurar la vida y la salud de los presos.

"Póngase en el lugar de un funcionario de prisiones, cada día se enfrenta con el rechazo de la gente, en una atmósfera de constante sufrimiento, tragedias, desgracias", nos dice María Kannabij, probablemente una de las personas con más experiencia en la defensa de los intereses de los presos. "Una persona que esté expuesta a esto durante todo el día se carga de energía negativa. El resultado es que la mayor parte de las quejas que me llegan son de maltrato y violencia por parte de los funcionarios".

Vladímir Osechkin, director del portal de internet Gulagu.net (grupo compuesto por ONGs, periodistas, abogados, etc que pretende humanizas las prisiones), considera que si se permite a los presos asegurar su vida y su salud, la administración de la cárcel, la colonia o la prisión, se lo pensará un par de veces antes de aplicar la fuerza contra el preso o permitir que se utilice por parte de otros, ya que la perspectiva de una resolución judicial y una sanción puede convertirse en un argumento a tener en cuenta en la defensa de los derechos claramente delimitados de los presos.

En opinión de Osechkin, este sistema no tiene análogos en la práctica mundial. "En EE UU, según me han dicho los especialistas, no existen este tipo de seguros", nos dice el defensor de los derechos humanos. En Europa existen seguros, pero no hay diferencia si eres un preso o no: la persona se asegura independientemente del lugar donde vaya a estar. Así que en esto somos pioneros", nos dice.

Los colegas de Osechkin están completamente de acuerdo con su propuesta, pero sus comentarios son cautelosos. Zoya Svetova, miembro de la 'Comisión de observación social de los sitios de retención forzada de Moscú', llamó la atención sobre el inevitable alto coste del seguro: el coste de las primas existentes comienza a partir de 1.000 dólares por contrato, más o menos, y esto es una enorme suma para la mayoría de los presos.

Por otro lado, el principal problema no es ni siquiera la falta de recursos, sino los problemas que surgen ante un caso asegurado en el que se obtenga una prima. El asegurador exige una considerable cantidad de documentos, entre los que se encuentra, por ejemplo, un informe de un examen médico que confirme la gravedad de las heridas o establezca las causas de la muerte. Es el médico de la cárcel el que debería redactar este documento.

"El sistema está construido de tal manera", afirma Svetova, "que una persona difícilmente puede demostrar que se ha quedado inválida debido a una paliza que le han dado los funcionarios". El único caso en toda mi carrera en que hicieron responsable al médico ha sido en el caso del abogado Serguéi Magnitski". 

"El servicio médico hace poco que ha dejado de estar supeditado a otras instituciones y se encuentra como un servicio independiente", dice en respuesta Osechkin. "Los médicos de las caŕceles están obligados a respetar la ética médica y por mucho que quieran no pueden negarse a un examen y deberían determinar las causas de los daños. Hay colonias problemáticas, donde se violan los derechos de los presos y los médicos violan la normativa y el juramento hipocrático, de mano de los agentes. Pero son excepciones del sistema".

Svetova añade obstinada: "No hay ninguna compañía de seguros a la que le guste pagar dinero. Para reembolsar el dinero siempre hace falta una gran cantidad de documentos y obtenerlos en la cárcel es prácticamente imposible. Si hubiera un auténtico criminal a las dos partes les interesaría ocultarlo”.

Según Kannabij, el problema de la arbitrariedad con los presos se debería resolver de otra manera: hace falta descargar significativamente las cárceles, cambiando las condenas de delitos 'no peligrosos' por importantes multas. Los expertos consideran que los centros de internamiento deberían ser, como mínimo, el doble de grandes y entonces disminuir proporcionalmente la cantidad de personal necesario. Esto, a su vez, permitiría mejorar considerablemente el bienestar de los mismos funcionarios del UFSIN.

"Hay normativas europeas de trato a los presos, en las que se recomienda prestar atención a la cualificación de los funcionarios", señala Kannabij. "Si el vigilante recibe un salario digno y tiene solucionadas sus necesidades sociales, se puede aumentar significativamente el nivel de exigencia. Aparecerá más gente que quiera el puesto y se podrá elegir. Ahora mismo no hay entre quien elegir. Las colonias se encuentran en lugares donde hay poca población: en las regiones de Mordovia, Cheliabinsk y Sverdlovsk, y el Krai de Krasnoyarsk. Esto conlleva un descenso en la calidad del personal. ¿Quién va a trabajar por un sueldo bajo en un lugar apartado, en condiciones poco confortables, con esas instalaciones, esos olores?"

A partir del año que viene el gobierno ha prometido aumentar significativamente el sueldo de los funcionarios del UFSIN. Aunque todavía no se está hablando de la compleja reforma de la institución,  los defensores de los derechos humanos no cejan en sus esfuerzos por mejorar las condiciones de vida de los presos y para que el gobierno se interese por sus iniciativas. Es posible que el seguro médico se convierta en algo así como una especie de salvavidas para los presos, que les asegure unas condiciones dignas en su internamiento y les de la posibilidad de no salir de la cárcel enfurecidos y mutilados (como a menudo sucede hoy en día), sino habiendo reflexionado sobre su pasado y dispuestos a comenzar una nueva vida.

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