Rusia ayuda al desarrollo

Helen Clark, de UNDP, saluda a un grupo de mujeres en Tombuctú en una clínica dedicada a tratar enfermos de VIH en Malí.Fuente:Flickr / United Nations Development Programme.

Helen Clark, de UNDP, saluda a un grupo de mujeres en Tombuctú en una clínica dedicada a tratar enfermos de VIH en Malí.Fuente:Flickr / United Nations Development Programme.

Cooperar es ayudar al otro, y al tiempo apoyarse a sí mismo. En su ir y venir, la cooperación rusa da buena cuenta de ello. Reactivada en 2007, su asistencia se define por la utilización de cauces multilaterales y triangulares, la concentración en necesidades primarias y el equilibrio geográfico. Con o sin cálculo, el impacto no es despreciable.
Hay un debate casi tan antiguo como ese animal social llamado ser humano. Cooperar es uno de sus atributos distintivos. Pero, ¿es un acto egoísta o desinteresado? En realidad, ambas motivaciones parecen no ser incompatibles. Brindar ayuda a quien la necesita puede ser una reacción innata y al tiempo generosa y honesta. Pero proveerla constituye también una estrategia de política exterior. Asistir permite ser visible e influir, a través de ese poder denominado blando que induce a que otro sea o haga deliberadamente justamente aquello que es también lo mejor para ti.
En su ir y venir, la cooperación rusa da buena cuenta de ello. La Unión Soviética constituyó un actor protagónico en la ayuda internacional al desarrollo. El espíritu socialista nutría naturalmente la solidaridad soviética. Pero en la competencia por la supremacía del modelo de desarrollo de la Guerra Fría, la asistencia bebía también del interés de forjar aliados.
La caída de la URSS alteró las tornas. Superada por sus problemas internos, Rusia abandonó la aportación a la ayuda oficial al desarrollo (AOD). Preocupados por consolidar la transición a la economía de mercado, el país fue irrigado entonces con fondos de Estados Unidos y de Europa.
Pero la historia es un río plagado de meandros. A mediados de la década anterior, Rusia empezó a cumplir los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) gracias a esfuerzos domésticos. La pertinencia de cooperar se revaluó. En 2006, era el único país del G8 que no disponía de una estrategia de ayuda internacional al desarrollo y que no participaba en el Comité de Asistencia al Desarrollo (CAD) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
Y en el mundo contemporáneo, aunque más que un estado es un proceso, cooperar parece ser el último ladrillo de ese edificio que todos los países sueñan con acabar de construir: el desarrollo. Para pertenecer al club, parece ser la ley, debes ayudar a otros a desarrollarse. Es el precio de ser rico. O el compromiso asociado con serlo. En la cumbre del G8 del 2006, que presidió, Rusia selló su compromiso de reactivar la AOD.
Desde entonces, la Federación ha aportado unos 2.200 millones de dólares. Sólo el año pasado brindó 514 millones, superando la meta establecida. Además, desde 2011 declara sus flujos a la OCDE y al Banco Mundial. Pero ¿cuál ha sido el patrón de esa asistencia? ¿Cómo ha balanceado el interés y la solidaridad?
Modalidades
La cooperación puede canalizarse a través de mecanismos bilaterales, triangulares y multilaterales. La bilateral suele ser la vía más explotada por sus virtudes en política exterior. Pero requiere una capacidad institucional que Rusia aún no tiene. Quizás por ello, la asistencia rusa al desarrollo se ha volcado en las iniciativas multilaterales y, de manera creciente, en la cooperación triangular, que permite orientarla temática y geográficamente sin perder capacidad financiera ni técnica.
Según las últimas cifras del gobierno ruso, en 2011 más del 60% de la ayuda tuvo carácter multilateral, mientras el apoyo a fondos, programas y agencias especializadas de Naciones Unidas supuso el 18%. La asistencia transmitida a través de su propias estructuras de cooperación apenas representó el 22%. Gran parte corresponde a apoyos presupuestarios generales, la condonación de vieja deuda externa y la concesión de nuevas líneas de crédito, menos exigentes institucionalmente.
Sectores
Aunque la política de cooperación rusa de 2007 contemplaba un abanico amplio de sectores, ésta se ha concentrado en la promoción de la seguridad alimentaria y la salud. En 2010, estos dos sectores sumaron casi la mitad de toda su AOD.
La prestación de ayuda humanitaria y de emergencia, sobre todo a través del Ministerio de Situaciones de Emergencia, conocido internacionalmente como EMERCOM, es otro de los capítulos prioritarios y uno de los más visibles.
En los últimos años, Rusia busca, con todo, diversificar su portafolio de asistencia al desarrollo. El medio ambiente, la cobertura energética y la educación se están fortaleciendo. También tiene peso creciente la ayuda en la persecución del crimen organizado y el tráfico de drogas. La Federación es asimismo activa en los programas de mantenimiento de la paz.

Regiones


El sistema de cooperación ruso equilibra la atención de sus socios regionales, vinculados con la Comunidad de Estados Independientes (CEI), y, de manera más extensa, Europa Central y Asia, y los países más necesitados, especialmente África.

De acuerdo con las cifras oficiales, en 2011, el 28% de AOD se destinó a Europa del Este y Asia Central, incluyendo los países miembros de la CEI, con acento en los miembros del Acuerdo para un Espacio Económico Integrado y la Comunidad Económica Euroasiática, con quienes le unen históricos lazos geopolíticos y culturales.

El África sub-sahariana recibió un porcentaje idéntico. La región es la gran beneficiada de su condonación de la deuda exterior, una de las más importantes. La Federación ha cancelado hasta el momento unos 20 billones de dólares de deuda de los países africanos, incluyendo 2.2 billones a los países menos desarrollados. Los programas de salud y seguridad alimentaria y las operaciones de mantenimiento de la paz también cobijan a buena parte de los países de la zona.

Aunque no es muy visible, América Latina fue el destino de un 20% de los flujos rusos de AOD. Nicaragua, Honduras y Venezuela son los países con mayor atención. Finalmente, el sur de Asia recibió el 12%, el este de Asia y el Pacífico el 9%, y Oriente Medio y el norte de África el 3%. Este equilibrio geográfico responde a la confluencia de las intenciones de profundizar las relaciones con socios tradicionales, forjar nuevas alianzas (América Latina) y convencer a la comunidad internacional de que el compromiso es serio y honesto (África).

Interesada o desinteresadamente, lo importante parece ser cooperar. Y hacerlo de mmalanera transparente, coordinada y eficaz, dando liderazgo al receptor. A veces, complejos debates sobre las intenciones obvian rotundas consecuencias. La forma en que el qué y el cómo acaban derivando en resultados prácticos. Plante una semilla, y un universo de formas devendrá una figura. Apoye el desarrollo, y un universo de prácticas pondrán en cuestión su intención y desempeño. Interesada o desinteresadamente, Rusia ayuda. El resto es tiempo. Historia.

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