Se celebra en Moscú la 25º Feria Internacional del Libro

Feria de libros en Moscú. Fuente: María Afónina

Feria de libros en Moscú. Fuente: María Afónina

Del 5 al 10 de septiembre en Moscú tendrá lugar la vigésimo quinta Feria Internacional del Libro en Moscú, donde editores de 45 países han aportado más de 200 000 libros. El invitado de honor en la feria de este año ha sido Francia.

En el pabellón de los participantes extranjeros lo primero que se ve al entrar es la caseta francesa. El diseño ha sido desarrollado por el arquitecto ruso Ígor Kozlov y Maxim Mijnenko.

 

La exposición francesa la inauguró el embajador de Francia en Rusia, Jean de Gliniasty. La literatura francesa estuvo bien representada no solo en la caseta francesa, sino también por muchas editoriales rusas.

 

"Para los franceses, la literatura rusa es sobre todo una lectura seria. Incluso 'ultraseria'. A menudo son libros sobre la guerra o sobre la dura vida cotidiana. En la literatura francesa hay más ligereza", dijo Hélène Mélat, agregada del Departamento el Libro de la Embajada de Francia. 

 

Secretos de estilo

En el marco de la exposición se realizó la presentación del libro de Svetlana Makovétskaya, Maya Plisétskaya & Pierre Cardin. Misterio de estilo . El libro incluye fotografías de la famosa bailarina Maya Plisétskaya hechas por la ya fallecida fotógrafa Svetlana Makovétskaya con una especial técnica artística, cuya característica distintiva  es la imagen vaga y diluida. Las fotos fueron tomadas en Moscú, Munich y París. Una parte del libro está dedicada al vestuario de Maya Plisétskaya, creado por el diseñador francés, Pierre Cardin.

Escritores rusos discutieron sobre el Puente entre la prosa seria y el lector general, entre ellos, Dmitri Bikov (coautor de las emisiones de vídeos políticos Grazhdanin Poet), Yuri Buida (Don Domino, Prusskaya nevesta), y el periodista Konstantín Milchin

 

Yuri Buida, por ejemplo, considera que no es necesaria la construcción de este puente. "En Europa, los intelectuales permanecen sentados en sus madrigueras y el lector medio se ocupa de sus asuntos. Y todo está bien. Y es incluso bueno que no haya ahora ninguna corriente principal en la literatura rusa. En la época soviética todos nos esforzamos por la unidad. Y ahora hay muchas corrientes principales. Todas se desarrollan y encuentran su lector".

 

Según Dmitri Bikov, "por supuesto, el escritor debe tener una opinión e incluso errónea. Pero ahora brilla por su ausencia un tipo de literatura profesional rusa, que se pueda leer. Y también interesante como, por ejemplo, el libro de los Strugatski (los hermanos Strugatski se hicieron famosos con la novela El lunes comienza el sábado). Aunque como editor, recibo buenos libros, pero nadie los imprime. Hace poco leí el manuscrito de una novela cuya acción se desarrolla en una fábrica, pero ese tipo de novelas no tienen demanda, y no se imprimirá".

 

El 'espacio del autor' también se convirtió en uno de los epicentros de atracción para los visitantes de la exposición. En el primer día de apertura fue posible comunicarse con Zajar Prilepin,autor de Monos negros, y que estará en Barcelona el próximo 20 de septiembre.  

"El lenguaje es el instrumento más honesto. Ahora no puedo imaginar libros para niños como los que había en la época soviética, por ejemplo, el de aventuras heroicas, Timur y sus amigos, porque los tiempos han cambiado. Pero yo no exageraría ni el terror actual, ni lo que ocurrió en la era soviética. Ya pasaron aquellos tiempos de Voznesenski, Shukshin ... "

 

El autor explicó su participación activa en la vida política del país. "Lo que estoy haciendo ahora mismo para mí es innato. Muchos nos acusan de provocación. Pasé mucho tiempo con Eduard Limónov. Eso no es provocación. Intente vivir así, aunque sea un rato: escuchas telefónicas, etc.. Pronto rechazaría ese tipo de provocación".

 

El escritor habló sobre su nueva novela, sobre el campo de concentración de Smolensk de los años 20, donde cumplían condena actores, escritores y músicos. Según palabras de Prilepin, allí mataban como en todas partes pero tenían una vida cultural.

 

En el 'espacio del autor' se pudo hablar con Frédéric Beigbeder y Jean-Claude Perrier (El enigma de Saint-Exupéry) y con muchos otros escritores contemporáneos rusos y extranjeros.

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