Entrevista a Sofi Oksanen

Fotografías cedidas por la autora.

Fotografías cedidas por la autora.

Mirada de Lobo. Visceral y poderosa, como sus novelas Purga y Las vacas de Stalin. Me encuentro con Sofi Oksanen en la antigua prisión rusa de Patarei (Tallin). Ella viste un traje militar, corretea por las celdas y fuma. Sí, es Sofi Oksanen, ¿Te puedo hacer una foto aquí en la cárcel? “¡Pero si no nos conocemos!”.

Minutos después llega un fotógrafo profesional y comienza una sesión para ilustrar su nuevo libro. “Mi próxima historia está ambientada en Siberia. Es un tema que me ha interesado especialmente porque casi no hay ficción escrita sobre las deportaciones. Hay memorias, diarios, documentos, pero no representaciones artísticas, ni siquiera películas. De hecho, estaría bien investigar la reacción que produce en los lectores de más edad ya que vivieron lo que yo he contado como ficción”.

Su novela anterior, Purga (publicada en 41 países y traducida a 25 idiomas), ha acumulando las más altas distinciones del continente: mejor libro de Finlandia, premio del Consejo Nórdico, el francés Fémina de literatura extranjera, mejor novela europea de 2010... “Purga se ha publicado en territorios muy diferentes. Para mí es curioso ver cómo el mismo texto es presentado y recibido de una manera tan diversa. En muchos países, por ejemplo en Inglaterra, el nombre del traductor está como escondido, como si la novela no hubiera sido escrita en otra lengua. También en ese país, la edición de Purga en tapa dura ha sido presentada como una obra maestra literaria, y luego la de bolsillo como un thriller. No obstante, creo que la mayor diferencia se ha dado entre Europa del este y occidental... aunque en esta última también hay diferencias, por ejemplo un lector francés no es un británico”.

¿Cómo explicas esas diferencias? “Un inglés no es un irlandés o un escocés, porque estos países también han tenido su ocupación. Luego, creo que el lector francés conoce más el mundo que le rodea que el inglés. En España se da el caso de que parte de la población también se puede sentir identificada, por ejemplo los catalanes. Para algunos lectores la novela es puro entretenimiento, para otros refleja la realidad. Pero no quiero imponer ninguna interpretación sobre mi novela. Algunos lectores destacan en ella el tema de la violencia sexual, otros el tema colonial o los traumas del pasado; a mí me satisface que se emocionen cuando la lean”.

¿Y a qué tipo de lector están dirigidas tus novelas? “Yo escribo en finlandés, así que en primer lugar están dirigidas al lector finlandés. Pero es cierto que desde que mis novelas están traducidas a tantos idiomas también pienso en una audiencia más internacional. Por ejemplo, hay referencias culturales que podrían ser obvias para cualquier finlandés, pero no fuera del país. Eso podría ser reparado por el traductor, pero aun así lo tengo en cuenta e intento escribir de forma local, aunque tampoco demasiado local”.

Oksanen dice estar muy contenta con el trabajo de sus editoriales españolas y con el número de ventas de Purga en América latina. “La recepción de Purga en España ha sido extremamente buena. Confieso que me sorprendió un poco al principio, pero después he entendido que no es porque los españoles estén especialmente interesados en lo que pasa en este pequeño rincón de Europa, sino porque está relacionado con cómo se ha tratado su propio pasado, especialmente entre las generaciones más jóvenes. En mi editorial española me han dicho que allí no hay muchas novelas que reflexionen sobre cómo afrontar el pasado, y las que hay no son tan buenas ¿Es así? ¿Tú que piensas sobre eso?”.

Oksanen reconoce que es un privilegio tener una audiencia tan grande, pero esto implica tener menos tiempo para escribir. “Cuando viajo a otros países para presentar la traducción de mi novela siempre pregunto por la literatura que se está haciendo en el país y por los temas que tratan”.

Mi segundo encuentro con Oksanen se produce en una conferencia organizada en la universidad de Tallin para analizar su obra. “Yo estudié literatura y sé lo difícil que es comentar el trabajo de otra persona”, reconocerá la autora más tarde. Oksanen hace una mueca cuando la presentan como ‘nueva estrella literaria’ y escarba en su capuchino en busca de una espuma que ya relamió. La mueca se hace más aguda cuando se refieren a ella como ‘la lady Gaga de la literatura con gafas de John Lennon’. Poco después se levanta y abandona la conferencia.

Regresará 40 minutos más tarde, para hacer un comentario final y responder amablemente a las preguntas de los presentes. Entre tanto, pido un cigarro y salgo a fumar. “La relación entre hombres y mujeres es uno de mis temas favoritos. También me interesan las relaciones de poder, las reacciones traumáticas y lo que se considera desorden mental. En general todo lo relacionado con las formas de curar el pasado”, reflexiona en voz alta.

“El pasado lleva a una memoria futura, esto crea un vínculo entre generaciones y puede acabar en trauma… si no entendemos los problemas del pasado no tendremos futuro”, sentencia Oksanen, antes de añadir “en el caso de Estonia es particularmente complicado, de hecho es casi imposible juzgar el pasado porque Rusia querría participar en cualquier intento de hacerlo”.

Además, “en Estonia se combina la prisa por llegar al futuro con la necesidad de curar el pasado. Estonia ha tenido un pasado reciente muy complejo y el país sigue en transición. De hecho, cuando Estonia recuperó la independencia no éramos conscientes de los problemas que íbamos a afrontar”. Oksanen habla en primera persona al referirse a Estonia. Su padre es finlandés, pero su madre nació en el pequeño país báltico. También habla de la necesidad de reconstruir la identidad estonia, como si el período soviético la hubiera puesto en cuarentena.

“En Estonia yo distingo entre los que se fueron, la diáspora, y los que vivieron aquí bajo la ocupación soviética. Esta ocupación afectó a la identidad, el idioma y todo lo que se hacía en este territorio. Cuando Estonia recuperó la independencia, aquellos que vivieron alejados del país durante décadas quedaron en estado de shock al volver porque ya no encontraron lo que recordaban o lo que les habían presentado. Como casi todos los que han emigrado, ellos vivían en una nación imaginada que sólo existía en su cabeza”.

“Al final no puede haber una manera correcta de ser un buen estonio, pero sí muchas opiniones”, reconoce, y pasa a analizar secuelas soviéticas todavía latentes en dicha sociedad: “la cultura soviética está detrás del estado de la libertad de expresión en Estonia. Aquí hay cierta libertad de expresión, pero no al nivel de los países occidentales. Un ejemplo es cómo se trata la igualdad de género en Estonia y en Finlandia. Otro es el tema del tráfico de personas, en Estonia hacen como si no existiera o no fuera un problema”.

¿Y cómo fue recibida en Estonia tu última novela? “La prensa local estaba muy preocupada por la impresión que los extranjeros podían tener del país, como si el lector de mi novela acabara pensando que toda la gente de aquí es extremamente violenta. Este es un síntoma típico de los países pequeños. En Finlandia pasó algo parecido con Aki Kaurismäki, la gente se preocupó porque los extranjeros podían pensar que los finlandeses no son capaces de hablar, tal y como aparece en sus películas. Es típico de aquellas sociedades no acostumbradas a que se hable de ellas. Estoy bastante segura de que a los italianos no les preocupa que se diga de ellos que son unos gángsters, o que sólo comen pizza”.

Rusia está muy presente en tu obra ¿Es por proximidad geográfica o tu interés va más allá? “Yo respeto todas las interpretaciones que se hacen de mis novelas y no me gusta decir si es errónea o correcta. Normalmente, yo escribo sobre supervivientes y la mayoría de mis personajes son supervivientes. Yo he leído literatura rusa, pero tengo la impresión de que en los últimos años se está traduciendo menos al finlandés” (En el caso español es al contrario, donde tanto la calidad como el número de traducciones del ruso al castellano se ha disparado en los últimos años).

Además, “creo que en este mundo hay demasiado mainstream, en la ficción, en el cine, todo está demasiado concentrado en un lado del planeta. Hay muchos temas que pueden ser muy eficaces, por ejemplo, las experiencias que fueron vividas pero no escritas en su misma lengua”. Su última novela, Purga, está ambientada en una zona rural de Estonia en 1992, cuando el pequeño país báltico acababa de recuperar su independencia. No obstante, las historias se entrecruzan, alternando presente y pasado a través de una narración que alcanza un ritmo afilado. “Me interesó que las víctimas del tráfico de personas tuvieran similares reacciones traumáticas que las mujeres violadas durante la guerra”, confiesa.

Portada de su última novela.

“A mí me sorprende que en el 2012 sigamos preguntándonos si es realidad o ficción. Una ficción no es un documental y ya en el siglo XV se hablaba de mímesis. Los siglos han pasado y seguimos hablando de esto, algo tan evidente en literatura. Al final lo importante es que seas capaz de crear imágenes potentes que transmitan emoción. Por ejemplo en Purga hay un pasaje con gatos. Yo no tengo gatos, de hecho soy alérgica a los gatos, pero la gente da por supuesto que tengo gatos porque he hablado de ellos. Incluso, una revista sobre animales domésticos contactó conmigo para que hablara sobre mis gatos. Esto significa que en tu texto has creado realidad, o al menos sensación de realidad”.

En febrero de 2007, ya con dos novelas en negro sobre blanco (Las vacas de Stalin y Baby Jane) Oksanen presentó Purga (‘Puhdistus’) primero como obra de teatro, después como novela. Cinco años han tenido que pasar para terminar su siguiente obra: Cuando las palomas desaparecieron. Aparecerá en finlandés después del verano, con una tirada de 100.000 ejemplares para un país de 5.5 millones de habitantes. “Yo no soy inmigrante, si lo soy es de segunda generación. Yo he nacido en Finlandia y escribo en finlandés”.

Invitado a una recepción del presidente de Estonia, Toomas Hendrik Ilves, me encuentro por cuarta vez en tres días con la autora de Purga y Las vacas de Stalin. Retomamos la conversación durante media hora, tiempo suficiente para liquidar un puñado de bombones y varios vasos de vino. Oksanen rechaza el cava – le gustan los dulces pero no las burbujas. Ya con la guardia baja demuestra cierta socarronería.

¿Puedo publicar nuestra conversación como entrevista?... creo que saldrá algo divertido. “Por supuesto, a veces me toca dar entrevistas a periodistas que ni siquiera han leído mi libro”. Por cierto, ¿Te acuerdas que nos encontramos hace tres días en la prisión? “¡Claro que me acuerdo! Querías hacerme una foto… esta semana me han acontecido casualidades extrañas, como encontrarme contigo en sitios tan diferentes”.

Al día siguiente me llegaron tres fotos suyas. Fue la semana que casi conocí a Sofi Oksanen.

- Purga, editorial Salamandra.

- Las vacas de Stalin, 451 Editores.

 En twitter: @fm_fronteraazul

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