Orquesta mexicana, alma rusa

Todas las orquestas mexicanas se han beneficiado de la influencia de jóvenes artistas rusos. Fuente: Flickr/ xinita.org

Todas las orquestas mexicanas se han beneficiado de la influencia de jóvenes artistas rusos. Fuente: Flickr/ xinita.org

La diáspora de artistas rusos que comenzó con la perestroika sembró América Latina de jóvenes músicos, que han dejado su huella en las mejores orquestas del continente. Tanto es así que podría decirse que hay un antes y un después de la llegada de estos artistas.

El día que el joven violinista Iván Petrov llegó a San Luis Potosí, a unos 400 kilómetros al norte de la Ciudad de México, para cumplir un contrato de ocho meses en una orquesta sinfónica recién nacida, seguramente nunca imaginó que doce años después estaría plenamente establecido en este país, con hijos mexicanos y hablando un español prácticamente perfecto.

Con él llegaron otros 26 compatriotas, todos jóvenes profesionales, que entonces trabajaban en instituciones tan prestigiosas como la Orquesta del Teatro Bolshói de Moscú   o la Filarmónica de Novosibirsk. De aquellos 27, los 15 mejores, de acuerdo a su director, el maestro José Miramontes, decidieron quedarse, convirtiendo a la orquesta potosina en una de las tres mejores del país en un tiempo récord, y con nada que envidiar a otras afamadas agrupaciones fundadas hace más de cincuenta años.

Para el maestro Petrov, “esto no es solamente un trabajo, un dinero o un contrato, es una misión….Ver como crece la orquesta es como ver a nuestra propia familia, nuestra propia creación”.

En la actualidad, todas las orquestas mexicanas, desde las grandes agrupaciones hasta las cameratas y los pequeños ensambles, se han beneficiado de la influencia de jóvenes artistas rusos, ya que todas, sin excepción, emplean a varios, siendo la Sinfónica de San Luís Potosí la que cuenta con el mayor número, 27, más de un tercio de su plantilla.

 

En busca de los mejores

La Orquesta Sinfónica de San Luís Potosí es el sueño hecho realidad del maestro Director José Miramontes Zapata. Educado en la Escuela Nacional de Música de la UNAM, en México, y en el Conservatorio de San Petersburgo, donde estudió Dirección Coral y Orquestal durante seis años, cuando tuvo la oportunidad de crear su propia agrupación, quiso contar con los mejores concertistas a su alcance y, usando sus contactos, consiguió atraer a 27 jóvenes talentos, a quienes convenció, si no con sueldos exorbitantes, sí con la idea de formar parte de un proyecto tan refrescante como el nacimiento de una Sinfónica.

Sin duda, uno de los mayores aciertos de Miramontes fue añadir una cláusula en el contrato de los rusos, por la que se comprometían no sólo a interpretar, sino también a enseñar a sus compañeros mexicanos, que demostraban gran talento natural, pero tenían una formación mucho menos sólida que la de los recién llegados.

Esto marcaría unos parámetros de calidad tan altos, que hoy en día la Sinfónica de San Luís Potosí, con tan sólo 12 años de edad, puede presumir de haber sido la primera orquesta Latinoamericana invitada a tocar en la prestigiosa sala Musikverein de Viena, famosa por ser la sede desde donde se retransmite el Concierto de Año Nuevo.




Una manera especial de sentir la música

Miramontes nunca quiso fundar una orquesta extranjera en México, sino aprovechar la vasta experiencia de los rusos, para mejorar la calidad de su ensamble. Y es que estos intérpretes siguen siendo apreciados no sólo por su impecable técnica, sino también por su su manera de sentir la música. Destacan especialmente en los instrumentos de cuerda, tales como violín, viola y chelo, producto del sistema educativo de los siglos XIX y XX, que dio al mundo algunos de sus mejores exponentes.

En palabras del director, los intérpretes llegados desde la antigua Unión Soviética “destacan por su disciplina, tienen unos reflejos auditivos muy bien trabajados desde niños, y tienen además un nivel de sensibilidad realmente extraordinario para el arte, y esto siempre aporta beneficios a nuestras orquestas”.

América Latina se ha beneficiado especialmente de esta diáspora de artistas que comenzó con la perestroika.

Pero la influencia rusa sobre el panorama musical latinoamericano no se ha limitado sólo a lo que los músicos locales aprenden de sus compañeros extranjeros.

Muchos de los artistas provenientes de la antigua Unión Soviética afincados en México dedican parte de su tiempo libre a la enseñanza privada, con lo que su influencia alcanza a más gente, mientras que otros forman pequeños ensambles de tres, cuatro o cinco miembros, que tocan en eventos privados y participan en festivales, tanto nacionales como internacionales.

 

Influyen, asimismo, en la elección del repertorio, en el que predominan composiciones rusas y alemanas, y a algunos de sus miembros más activos, como el maestro Iván Petrov, todavía les queda tiempo para organizar proyectos de intercambio de artistas entre países, y ayudar a grupos a presentarse a festivales en su país de origen, tales como el Russia Meets Friends, que se celebra cada año en Moscú.

Un corto pero difícil camino

Cuando la Orquesta Sinfónica de San Luís Potosí nació, en el año 2000, la ciudad no estaba preparada para una agrupación de tal magnitud. A sus primeros conciertos acudían apenas unas 50 ó 60 personas y era un público muy selecto. Hoy en día, la agrupación puede presumir de llenar salas de hasta 1.300 localidades, durante varias sesiones. Y el público ya no lo forman sólo melómanos, sino gente de todo tipo.

El panorama musical en la ciudad ha cambiado notablemente desde aquellos primeros años. Antes se interpretaba música estrictamente clásica, pero uno de los retos para el maestro Miramontes ha sido el de llevar su trabajo al interior del Estado, a las escuelas y a las plazas, por todos los municipios, y con un repertorio accesible para los no iniciados, que pueden escuchar temas de los Beatles, Queen, canciones populares mexicanas y hasta de Metallica.

Además, su incansable director está organizando un programa de intercambio de orquestas entre ciudades, en las que se intercambiarían sedes, se prestarían músicos, o se unirían orquestas para ejecutar obras que requieran de un mayor número de concertistas, como es el caso del repertorio de Mahler, para el que se necesitan al menos 100 intérpretes.

Su proyecto para los próximos dos años es conseguir los fondos para ampliar su orquesta, de sus actuales 76 miembros, a los 96. Un cupo de 20 músicos más, entre los que sin duda llegará alguna que otra joven promesa rusa.

Más información en la página de la Orquesta Nacional San Luis Potosí  

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