“Sólo es rentable un producto de calidad”

Crisitina y su marido Dmitri se mudaron hace dos años a la aldea de Medovéyevka, a 10 kilómetros de Krásnaya Poliana, donde se dedican a producir jabón artesanal.

En la cocina de Cristina Suderóvskaya, artesana que fabrica jabones con sus propias manos, todo tiene un aspecto comestible y apetitoso. En la mesa hay aceite de girasol y de oliva; en una olla a fuego lento se derriten bloques de aceite de coco y en otra de palma. Hay leche de cabra, miel, huevos, hojas secas de eucalipto y capullos de rosa. Esperan su turno los canastos de hierbas silvestres de la recolección matutina. Espera un arsenal de frascos y botellitas con esencias y sustancias.

Los ingredientes que se requieren para fabricar un jabón no encierran ningún misterio. Ahí están, anotados en las hojas de papel que la dueña colocó sobre los estantes de castaño. Las recetas son precisas, y se calcula hasta el último gramo la proporción de los elementos. Lo único que no se puede es reproducir una receta de autor con exactitud.

Hace tres años Cristina, su marido Dmitri y su pequeña hija se mudaron desde Moscú al pequeño poblado montañés de Medovéevka, a 10 kilómetros de Krásnaya Poliana. Hay problemas con la electricidad y la comunicación. En invierno las casas quedan sepultadas bajo la nieve, y en verano los osos suelen visitar los manzaneros con regularidad. Pero el aire y el agua son de una pureza extraordinaria, mientras los bosques y los prados están llenos de plantas en peligro de extinción.

“Lo entiendo, cuesta creer que haga jabón a base de leche de cabra, de jugo de zanahoria recién exprimido o té de margarita. ¿Para qué molestarse con los caprichosos componentes naturales, si existen colorantes baratos, aromatizadores y sucedáneos? La gente es escéptica respecto a lo que fabricamos, se llevan una pequeña muestra para probar. Después vuelven y se abastecen como para un año entero. La diferencia entre un producto casero y uno industrial es evidente”, explica Cristina.

No hace falta decir que los numerosos parientes y amigos de Cristina ya están provistos de jabón y champú artesanales. Cualquier novedad se prueba primero en la familia, incluyendo a Milana, su hija mayor, y la menor, Vlada, que apenas tiene dos años.

En Medovéevka se utiliza una tradición ancestral para hacer jabón: mezclan aceites naturales con una solución de soda cáustica (hidróxido de sodio), que mediante una reacción química se vuelve jabón. Mientras sigue caliente se introducen los ingredientes adicionales: aceites, infusiones, leche, miel y otras cosas.

La mayoría de los productores de jabón artesanal no gasta tiempo en reacciones químicas, sino que usa una base de jabón ya hecha, que se vende en forma de gránulos transparentes. Sin embargo, esta base prefabricada contiene una gran cantidad de componentes tóxicos, incluso combinaciones de metales pesados.

Si ve sobre el mostrador un jabón artesanal transparente, liso y de aspecto brillante, lo más seguro es que se haya hecho con alguna de estas bases. Por su parte, el jabón casero es blanquecino, algo  turbio, y su apariencia es la misma que la de una barra de jabón común.

Cristina lleva en seis años dedicándose a ello. Comenzó haciendo unos pedacitos, para sí misma y los amigos. Ahora tiene una producción de cuatro toneladas anuales entre jabón, champú, gel, bálsamos, exfoliantes y cremas. Bajo el nombre de 'Jabón de Krásnaya Poliana' sus productos se distribuyen en salones de spa, exclusivos baños turcos y tiendas de cosmética naturista. El jabón de Medovéevka es solicitado por clientes particulares Rusia y en el extranjero.

“No hemos gastado ni un kopek en publicidad,” cuenta Dmitri Serov, marido de Cristina. “Funcionó el infalible 'boca a boca’, siendo yo mismo 'brand-manager' de profesión. Este negocio no se arma por el deseo de comprarnos un yate mañana, sino con el afán de que lo hagan nuestros nietos. Considero que sólo es rentable un producto de calidad. La gente creerá en él y en 10 ó 20 años seguirá en el mercado”.

Hasta ahora Cristina no lo considera un negocio y sigue llamándolo 'hobby'. Los ingresos de las ventas, igual que una considerable parte de las ganancias del marido, se reinvierten en la propia empresa: se necesitan materias primas, papel, envases, diseño, impresión de catálogos y preparación de etiquetas.

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