Un detector de obras de arte falsas

Román Maev ha desarrollado una técnica que sirve para detectar científicamente las pinturas falsas y que podría revolucionar el mundo del arte.

A principios de este año, Spike Bucklow del Instituto Hamilton Kerr en Cambridge llevó a un pequeño grupo de estudiantes de postgrado a una iglesia en Norfolk, donde hay escondidas una serie de pinturas del siglo XV. Cuando Enrique VIII formó la Iglesia Anglicana tras la negativa del Papa a concederle el divorcio de Catalina de Aragón, los feligreses decidieron esconder una serie de pinturas. Estaban hechas a mano y situadas bajo los bancos de madera dentro de la Iglesia. Se quedaron allí escondidas durante siglos, hasta que un grupo de escolares religiosos descubrió recientemente las escrituras que documentaban la operación clandestina.

Bucklow pensó que la única persona capaz de realizar una descripción precisa del los iconos originales era Román Maev, y su metodología. “Ha desarrollado tecnologías que son nuevas en su campo. Nuestra pregunta era determinar si estas pinturas antiguas tenían algún valor,” dijo Bucklow.

Maev, físico canadiense con raíces rusas, ayudó a crear una serie de imágenes que se pueden usar para descubrir las falsificaciones. “Hemos sido capaces de visualizar los detalles más complejos de los iconos, que han estado perdidos para la civilización durante los siglos,” dijo Maev.

Actualmente Maev está centrado en revolucionar el mercado mundial del arte, que tiene un volumen de 30.000 millones de euros, o más exactamente, pretende cambiar el 15% de ese mercado, el de las falsificaciones. Según el FBI, cada año se gastan 5.000 millones de euros en arte falsificado o robado.

Maev está buscando subvenciones de las principales organizaciones científicas europeas y de las empresas de ingeniería para construir su laboratorio. “A los museos les gustan los laboratorios móviles porque pueden mantener sus obras de arte 'en casa'. Nosotros vamos allí y analizamos la autenticidad de las pinturas y los daños que tienen a través productos químicos, análisis espectrales y de imágenes.”

“Se han importado alrededor de 1.300 pinturas de Rembrandt a los Estados Unidos, pero él solo pintó 400,” explicó Maev en el bar de un glamuroso hotel situado en el centro de Moscú, refiriéndose a los últimos datos del Proyecto de Investigación Rembrandt. “Eso significa que la mitad de las obras de este autor en EE UU son falsas, pero la mayoría de los propietarios, incluyendo los coleccionistas privados y los museos, no quieren saber nada de ello. Las implicaciones para el mundo del arte son inmensas”.

“Técnicas como la microscopia acústica y la creación de imágenes de ultrasonido de alta resolución, que anteriormente solo se usaban en el sector aeroespacial de alta tecnología y en defensa, para convertir imágenes en 3D de las pinturas nos permite construir los modelos matemáticos que predicen con precisión la decadencia de una obra de arte antigua,” continuó. “Una vez que perfeccionemos este modelo, tendremos una especie de ADN que se puede usar para determinar si una pintura es una falsificación o no.”

Combinación de ciencia y arte


“Cuando era adolescente me gustaba el arte”, dijo Maev recordando su infancia en Moscú. “Pero en los años 70, justo cuando estaba eligiendo qué estudiar en la universidad, salió una famosa película soviética llamada 'Nueve días en un año' sobre un grupo de físicos jóvenes que salvaban el mundo. Entonces decidí que quería ser unos de ellos”.

Sin embargo, su pasión por la arte nunca flaqueó, incluso cuando su trabajo le llevó definitivamente a Windsor, Canadá, en medio del desmoronamiento de la infraestructura de ciencia rusa ocurrido en los años 90. “En un momento dado me di cuenta, mucho tiempo después de mudarme a Canadá, que el trabajo que había hecho en la escuela de postgrado de física, concretamente analizando vidrio, madera y prácticamente cualquier tipo de residuos sólidos, se podría aplicar al mundo de arte,” explicó.

En 2007, Maev recibió una subvención de 160.000 euros del gobierno canadiense, y en 2010 otros 40.000 euros del Museo Pushkin de Moscú, para probar su idea. “Hemos invitado a un restaurador de primera clase a nuestro laboratorio en Windsor para alterar una pintura, para ver si podíamos determinar que había cambiado,” dijo. “Usando varias técnicas, incluyendo la reflectografía térmica, la formación de imágenes infrarroja y el ultrasonido, hemos sido capaces de encontrar cada alteración individual, incluyendo la firma falsa que había añadido.”

Entonces Maev decidió recorrer numerosos lugares con su tecnología a cuestas y dio conferencias en lugares como Italia, Inglaterra, Dinamarca e Israel. Finalmente encontró socios interesados en determinar si sus colecciones eran autenticas. “Firmábamos acuerdos de confidencialidad con coleccionistas ricos. Simplemente les explicaría: “No puedo decirle si usted posee un auténtico Rubens o no, pero le puedo decir con gran precisión si la pintura coincide con la época, si tiene señales evidentes de falsificación y si se ha adherido la 'firma' del autor o si los colores escogidos y los materiales están presentes en todas sus obras,” explicó Maev.

El método de Maev también atrajo el interés de recién inaugurada galería del Príncipe de Liechtenstein en Viena. “En la capital austriaca hay cientos de galerías, y a sus propietarios les gustaría demostrar que lo que ofrecían era único”, dijo. Maev acaba de perfeccionar una técnica que le permitió determinar los orígenes geográficos de una obra de arte. “En casi todos los países europeos solía haber gremios de artistas que determinaron qué tipo de pigmentos y barnices se usaron en las pinturas. Analizando esos datos podemos determinar el país dónde se hizo la pintura. Dando un paso más allá, pronto deberíamos ser capaces de determinar el pueblo exacto.”

A escala mundial


Después de patentar su técnica en EE UU y en otros 15 países, el objetivo de Maev es establecer un laboratorio móvil que podría llevar a cualquier lugar del mundo. “Londres es la capital indiscutible del arte mundial. Allí están los mejores museos y las mejores subastas,” dijo.

“Mucha gente no sabe que los artistas solían ofrecer sus servicios de manera escalonada,” continuó. “Concretamente, cobrarían un precio determinado por pintar la cara de un cliente y hacer que sus estudiantes hicieran el resto del retrato. Por una tarifa más alta, pintarían todo el cuerpo, y así sucesivamente. Nuestra técnica permite a los museos determinar la cantidad de obras que fueron pintadas por el artista principal.”

¿Listo para la verdad?


Sin embargo, Maev tiene sus detractores. “Soy un poco escéptico acerca de la capacidad técnica,” explicó James Butterwick, conocido coleccionista y marchante de arte de Londres. “He visto tantos casos con las obras de la vanguardia rusa que no son solo inexactos, sino incluso abiertamente delictivos, que tengo poca fe. Todavía no hay nada tan fiable como un certificado de procedencia y la historia de exposición.”

“Es peligroso tener demasiada fe en cualquier tipo particular de la información,” añadió Bucklow.

“Muchos museos, especialmente los pequeños, simplemente no quieren saber qué cuadros de sus colecciones no son auténticos,” explicó Maev. “Algunos pagaron grandes cantidades de dinero para adquirir obras que ahora atraen multitudes. Nadie se beneficiaría si los etiquetásemos como falsos.”

En Rusia hay instituciones que han mostrado interés en el análisis de obras de arte a través de la técnica de Maev. “Pero en el Ministerio de Cultura me dijeron que hay que hacerlo a nivel estatal,” sonrió. Existe una gran preocupación si los coleccionistas ricos empezaran a descubrir la escala real de las falsificaciones y de la posible violencia que podría generarse, incluso podría haber una reacción violenta de los falsificadores contra Maev.

Probablemente Rusia no esté preparada para realizar un veredicto final, aunque Maev está convencido de que su tecnología, utilizada de manera correcta, podría lograr resultados definitivos. “Si somos capaces de completar el modelo matemático y finalizar nuestra comprensión del ADN de una pintura, estaremos muy por delante de lo que pueden hacer los mejor falsificadores,” consideró. “Por lo menos para una nueva generación de coleccionistas.”

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