“Un descubrimiento no se puede planear”

Barry Sharpless, premio Nobel de química. Fuente: AFP.

Barry Sharpless, premio Nobel de química. Fuente: AFP.

El estadounidense Barry Sharpless, galardonado con el Premio Nobel de química en el año 2001, abre un laboratorio en el complejo biofarmacéutico Severni, que depende del Instituto Físico-Técnico de Moscú. No tiene ninguna duda que con sus compañeros rusos realizará muchos descubrimientos. En una entrevista a la revista Expert, Sharpless explicó las tendencias contemporáneas en la ciencia mundial y también reveló por qué decidió abrir su laboratorio en Rusia.

¿Cómo se enamoró de la química? Muchos la odian en la escuela.


Si empezaran con la química orgánica, les gustaría. A decir verdad, al principio la química no me gustaba tanto. Se empieza con materiales aburridos para describir las reacciones. Pero hubo tres cosas que me llamaron la atención. En primer lugar, la magia de la fotografía, cuando ves como en la oscuridad empieza a revelarse la imagen en el papel. En segundo lugar, todos esos experimentos con explosiones y cerillas que siempre atraen a los niños. Y, finalmente, lo más interesante y lo que más me intriga: los olores.

 

¿Cómo llegó a su primer descubrimiento? ¿Nos podría dar un pequeño manual por pasos de cómo alguien puede convertirse descubridor de algo en la ciencia y en premio Nobel?


¿Bromea? No hay ningún tipo de guía. Un descubrimiento no se puede planear. Los políticos, presidentes y dirigentes creen que pueden planear, pronosticar, prever y destinar a algo grandes cantidades de dinero, incluidas determinadas ciencias. A menudo se trata de una ilusión, sobre todo en la ciencia. Si el científico se ocupa de aquello que fue planeado dos años antes, no llegará a descubrir nada. Estoy convencido de que si tiene algún tipo de idea y sabe qué es lo que puede conseguir, no vale la pena dedicarse a ese proyecto porque ya conoce el resultado final. Algo parecido dijo Einstein: “Si una idea no es absurda al principio, entonces no merece la pena”.

Barry Sharpless recibió el Premio Nobel en el año 2001 junto con William Knowless y Ryoji Noyori por sus descubrimientos en catálisis quiral. A la catálisis quiral también se le llama especular. Nuestras manos son quirales: la mano derecha es el reflejo especular de la izquierda. Knowless y Noyori obtuvieron moléculas quirales ópticamente puras mediante la hidrogenación y Sharpless mediante la reacción de oxidación

La seguridad de acercarse a un descubrimiento da una cierta sensación de confort. Y eso es exactamente lo que mata el descubrimiento. Los científicos tienen que sentirse como el que explora una selva. Siente que allí, más adelante, hay algo interesante y la curiosidad lo arrastra. Pero al mismo tiempo sabe que todo lo de alrededor es desconocido e incluso, peligroso.

 

No es que tenga que tener miedo constantemente, pero sí adrenalina; una cierta sensación de estar al límite, una fuerza que empuja hacia adelante y hacia arriba.

 

Recientemente llegó a un acuerdo para abrir un laboratorio en el complejo biofarmacéutico Severni, que depende del  Instituto Físico-Técnico de Moscú. ¿A qué se debió esta decisión?


Cuando estuve en JimRare (uno de los organizadores del cluster Severny), me sorprendió el gran trabajo que están haciendo. Me maravilló la espléndida biblioteca de combinaciones que se pueden oler y tocar. Pensé que con estas combinaciones se podría trabajar muy bien.

 

¿Cubriéndolas con azúcares y otros grupos funcionales?


Más o menos. Hay gran cantidad de combinaciones y de medicamentos ya conocidos en los que se invirtieron millares de dólares.

 

Los podemos cubrir químicamente, envolverlos en otro envase químico (no quiero decir cambiar el envoltorio, eso es una profanación) y las moléculas empezarán a comportarse de otra forma.

 

¿Hacer de la aspirina un remedio contra el SIDA?


¿Y qué? O de un anticonceptivo hacer un antidepresivo. Lo puedo garantizar, con la ayuda de la química rápida y las combinaciones conocidas encontraremos nuevas moléculas interesantes. 

 

¿Significa eso que Magallanes no descubre necesariamente unas tierras nuevas sino que puede ver algo nuevo que los otros todavía no vieron?


¡Oh! Me gusta mucho la comparación con Magallanes o con Cook, con cualquier descubridor. Siempre he intentado parecerme a ellos. El primero en desembarcar, el primero en palpar. Tras los descubridores llegaban los otros, con palas y empezaban a cavar y a dinamitar. Que dinamiten, yo ya estoy en otro lugar. También es posible que alguien ya hubiera estado pero que no hubiera visto las perlas. Como descubridor quiero encontrar otra aplicación a esas piedras, plantas, combinaciones y medicamentos, observándolos desde otro ángulo.

 

Y para eso, ¿por qué necesita Rusia?


En cierto sentido aquí también me siento un descubridor. Es interesante trabajar para una empresa como JimRar porque hay una buena base de ciencia fundamental. En el Instituto Físico-Técnico de Moscú hay estudiantes que empiezan a aprender de otra forma, sintetizando los conocimientos de física, química y biología. Esto es muy importante. Lo que también está muy bien es que no tenemos que romper con los estereotipos, ya que la ciencia farmacéutica durante los últimos diez años prácticamente no se ha desarrollado. Somos libres.

 

¿Se tratará de un laboratorio real o será virtual?


De momento es casi virtual, pero será real. Aquí investigarán especialistas rusos y americanos, habrá un intercambio continuo, en la actualidad es bastante faćil relacionarse con otro continente. Y quiero confiar que, a partir de nuestros éxitos en la química clínica en Rusia se desarrollará una nueva ciencia, capaz de descubrimientos como los de Magallanes.

 

Artículo abreviado, el original está publicado en ruso en la revista Expert.

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