Los rusos sobre ruedas

Fuente: RIA Novosti / Grigori Syssoyev.

Fuente: RIA Novosti / Grigori Syssoyev.

Actualmente en Rusia la compra de un coche es una tentación incluso para aquellos que no pueden permitírselo, según un informe del instituto de encuestas VTsIOM. ¿En qué se diferencia Rusia del resto del mundo cuando hablamos de pasión por las cuatro ruedas?

La industria automovilística disfruta de unas inmejorables perspectivas en Rusia: esta es la conclusión que puede extraerse de un nuevo estudio sociológico presentado hace pocas semanas. Juzguen ustedes mismos: el 19% de los rusos que desean adquirir un vehículo próximamente planea gastar una media de 9.691 euros. Es menos que el año pasado (10.223 euros), pero mucho más que en 2006, 2009 y 2010. Los que más invierten en un nuevo coche son los residentes en Moscú o San Petersburgo, con 15.324 euros. Pero las otras ciudades de más de un millón de habitantes no se quedan a la zaga: un ciudadano puede llegar a gastar una media de 12.243 euros.

La principal paradoja del estudio es que los rusos que a duras penas llegan a fin de mes calculan que se gastarán en sus vehículos tanto o incluso más que la clase media. De este modo, los encuestados con salarios bajos están dispuestos a pagar por su coche unos 7.677 euros, mientras que los representantes de niveles económicos superiores (nos referimos siempre a sueldos por debajo de la media) podrían invertir hasta 8.215 euros.

Las personas con salarios medios deberían, según la lógica, pensar en darse un capricho con un coche más caro, pero, por el contrario, destinarían a este fin 'solamente' 8.006 euros. Por otra parte, la mayoría de los potenciales compradores son jóvenes de 18 a 24 años (31%). Sin embargo, en esta categoría es poco probable que hayan tenido tiempo de madurar unas perspectivas financieras estables. ¿Cómo se explica, pues, esta afirmación?

Los expertos citan numerosas razones para este boom automovilístico. En particular, subrayan el hecho de que es muy difícil prescindir de un coche en Rusia, debido a sus grandes distancias. Y en las esquinas remotas del país, donde a menudo escasean los trabajos, un coche permite ejercer de taxista ilegal, lo que significa un medio de supervivencia. Por estas razones, incluso los menos favorecidos económicamente sueñan con el motor: también los habitantes de zonas rurales estarían dispuestos a gastar hasta 7.418 euros.

Un mercado en expansión

Por otro lado, el mercado automovilístico ruso aún no está saturado, lo que significa que el número de vehículos es insuficiente. Si comparamos Moscú y Europa occidental, o una metrópolis americana en términos de tasa de motorización (número de vehículos por 1.000 habitantes), la cifra de Rusia es casi dos veces inferior.

“Si hoy en Moscú calculamos algo más de 300 vehículos por 1000 habitantes, en las grandes ciudades de Europa occidental, la cifra de de unos 700”, señala el director de la agencia de análisis AvtoStat, Serguéi Chelikov. “Sin embargo, el crecimiento de este indicador es mucho más rápido en Rusia: se sabe que esta cifra empieza a disminuir peligrosamente una vez que se alcanzan las 500 unidades. Por tanto, en Occidente, y en particular en Europa, lo único que hace el parque móvil es renovarse, es decir, se venden coches viejos para comprar otros nuevos. En Rusia, por el contrario, el parque está en plena expansión”.

Recuperación tras la crisis

Según los datos de la agencia, actualmente el mercado automovilístico ruso se está recuperando con éxito de la crisis: en 2009 las ventas descendieron hasta 1,4 millones de vehículos al año, pero este año escalarán hasta los 2,7 ó 2,8 millones de unidades. A este ritmo, dentro de 10 años, Rusia contará aproximadamente con 400 coches por 1000 habitantes y, al mismo tiempo, los coches se volverán más asequibles. Por ejemplo, en 2001 la compra de un Lada Samara exigía 38 sueldos (en la época, los ingresos medios oficiales de los rusos eran de 81 euros y el precio de un coche nuevo ascendía a 3.100 euros). En 2011, solo era necesario el equivalente a 14 sueldos.

El PIB aumenta, y los salarios suben, aunque esta subida es lenta. Por otro lado, “la gente está acostumbrada a desplazarse en vehículos privados, y el transporte público no ha llegado a ser un sustituto del automóvil”, afirma Chelikov. Todos estos motivos elevan considerablemente la demanda.

Sin embargo, existen también otras explicaciones para este boom automovilístico, si tenemos en cuenta la psicología del ruso medio. Para él, el coche es todavía un símbolo de estatus social: si no tienes coche, pierdes mucha importancia ante los demás. La hipótesis basada en el estatus se apoya también en el hecho de que la gente está dispuesta a conducir durante horas en medio de embotellamientos por el simple hecho de no separarse de sus vehículos, aunque resulten poco menos que inútiles.

Artículo publicado originalmente en Ogoniok.

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