España no puede enseñar a Rusia a cooperar

Cooperante en Etiopía. Fuente Flickr.

Cooperante en Etiopía. Fuente Flickr.

La ayuda al desarrollo española sufre recortes mayúsculos, mientras países emergentes, como Rusia, refuerzan su presencia en la asistencia internacional. Su desafío consiste en la estructura institucional de coordinación. Con un significativo capital en esa materia, España desanda el camino que muchos buscan completar.

Según las estadísticas oficiales, uno de cada cinco españoles es pobre, en tanto el hogar en el que vive dispone de menos de 20 euros diarios. En 2008 uno de cada cinco habitantes de países en desarrollo vivía con menos de 1 euro diario. Y el 43% lo hacía con menos de 1,6 euros al día. En el África sub sahariana casi el 50% de la población era pobre absoluto. En Liberia, más del 80%.

España conoce la diferencia entre pobreza relativa, que indica la desigualdad, y pobreza absoluta, que mide la capacidad de sobrevivir, desde hace tiempo. Y lleva más de dos décadas buscando ayudar a erradicar la pobreza absoluta en el mundo, con compromiso y responsabilidad.

 

España recorta su cooperación

Hasta hace dos años. Según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), España es el país que más ha contraído la cooperación en el último bienio. Desde 2009, la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) se ha reducido a la mitad. Solo en los Presupuestos Generales del Estado para 2012, el gobierno del Partido Popular aprobó un recorte del 47,6% en la AOD. Este año ésta supondrá apenas el 0,23% de la Renta Nacional Bruta, igual que en 2003. Los compromisos consignados en el Plan Director de la Cooperación Española 2009-2012 (el 0,56% para el 2010 y el 0,7% para este año) son papel mojado.

Podrían esgrimirse distintas justificaciones. Pero ninguna vale. Ni en sus mejores años el presupuesto de España en AOD tuvo un lugar destacado entre los países donantes de la OCDE, ni en volumen total ni en porcentaje.

La crisis tampoco es una excusa. Había alternativas. Se podían haber aumentado ingresos, con mayores impuestos al tabaco, el alcohol o los automóviles, y una lucha más agresiva contra el fraude fiscal (en lugar de una amnistía fiscal) y aquellos que están exentos (amén). Y se podían haber reducido los gastos contrayendo el presupuesto de otras partidas, al menos hasta el descenso medio del 17%. El presupuesto del Ministerio de Defensa apenas se reduce en cambio un 8% y el de la Casa Real, un 2%.

Gobiernos distintos al español muestran que el recorte a la AOD, y más un recorte tan fuerte, eran evitables. A nivel mundial las aportaciones de AOD de los países miembros del Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) de la OCDE alcanzaron en 2010 un récord histórico, a pesar de la crisis. Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Francia o Japón ampliaron su ayuda en 2010. Podría argumentarse que allí la crisis económica es menos profunda y el problema más la anemia del crecimiento que nuestro déficit público. Pero algunas Comunidades Autónomas, como Navarra, País Vasco (las de mayor AOD por habitante) o Andalucía (la de mayor volumen), han mantenido su esfuerzo. El programa de ajustes responde a principios políticos.

 

Rusia reactiva su asistencia al desarrollo

La apuesta política del Gobierno español le aleja de países emergentes, como Rusia. Tras casi dos décadas de abandono en la aportación a la ayuda al desarrollo, en la que figuró como receptor (parcialmente lo sigue siendo), en 2007 Rusia comenzó a reactivar la política de asistencia al desarrollo. En la política de cooperación firmada ese año el Gobierno se comprometió a aportar entre 400 y 500 millones de dólares anuales de AOD. Mientras promesas internas se quedaban en agua de borrajas, Rusia ha cumplido con creces sus compromisos en asistencia al desarrollo. En 2010 aportó 472 millones de dólares, todavía muy lejos de las cifras de la época soviética y la contribución relativa de países CAD, incluida España, pero casi cinco veces más que en 2006. La AOD creció incluso en época de crisis, como en 2009, cuando alcanzó su tope.

El desafío de la coordinación de la ayuda

Asentado el volumen, hoy Rusia debate sobre la gestión institucional de la asistencia. Aunque hace casi cinco años se anunció la creación de una agencia de cooperación al uso, aún no hay pistas sobre su estructura, dadas la centralidad de las atribuciones y la fragmentación y competencia del entramado institucional.

Mientras tanto, la política de cooperación es coordinada por la Agencia Federal para la Comunidad de Estados Independientes, los Compatriotas que Viven en el Exterior y la Cooperación Humanitaria Internacional, creada en 2008 bajo la jurisdicción del Ministerio de Asuntos Exteriores. Algunos sugieren aprovechar su red de oficinas en el extranjero para lanzar rápidamente programas de cooperación. Pero aunque puede ser una solución temporal, por sus costos reducidos y relativa inmediatez, lo que Rusia requiere es una estructura institucional profesional, con capacidad operativa y de interlocución. Demasiado grande y general, la entidad actual no parece el órgano adecuado.

El impacto futuro de la ayuda internacional gravita, de hecho, en su arquitectura institucional. Hay consenso sobre la importancia de establecer estructuras globales que permitan mejorar el diálogo y la coordinación entre los viejos y los nuevos donantes (Brasil, India, China, Arabia Saudí, Turquía, los Emiratos Árabes, Tailandia, México y Kuwait, junto a Rusia). También se conviene en que el primer paso es reforzar las estructuras nacionales de coordinación de la ayuda. Brasil o Corea del Sur recogen hoy los frutos de haberlo hecho. Como India, Rusia está en ese camino.

España arrasa con su estructura de cooperación

Pero todos los consensos tienen sus disidentes. En materia de coordinación de la ayuda, lo que para todos parece obvio no lo es para el Gobierno español, quien apuesta por desandar el difícil camino que otros luchan ahora por completar. Los recortes españoles hacen mella sobre todo en la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), la entidad encargada de gestionar y coordinar la política nacional de cooperación internacional para el desarrollo. Con casi 25 años de experiencia a sus espaldas, la AECID cuenta con un capacidad operativa significativa y una loable dinámica de profesionalización. Un gran capital que ahora se deja marchitar. El Ministerio de Asuntos Exteriores concentra la mayor parte del recorte, que hace saña en la AECID, con un tijeretazo de más del 70%. La mayoría de los recursos de cooperación supervivientes quedarán en manos del Ministerio de Economía, quien no sabe ni le importa sobre la gestión de la cooperación internacional.

Naturalmente, en cooperación el cuánto y el cómo son tan importantes como la efectividad. Y a España le queda un largo camino en la ampliación de la claridad, calidad e impacto de su ayuda. Según el Banco Mundial, en 2010 España ocupaba el puesto número 25 en esta materia, tras valorar su especialización geográfica y sectorial, armonización y alineamiento. La única salida para minimizar el impacto del recorte en el desarrollo y la proyección internacional es incrementar la eficacia. Es un desafío enorme. Y necesario. Pero se podía haber abordado sin semejante recorte. También existe la duda de cómo podrá hacerse con una agencia tan debilitada. El Plan Director de la Cooperación Española 2013-2017 que debe hacerse pronto debería recordar un principio elemental. La riqueza o miseria de un país se mide tanto por lo que tiene como por lo que da y cómo lo da. A veces es mejor no mirarse en el espejo. O mirarse, para intentar cambiar algo. O casi todo. Que Rusia no aprenda de España mientras tanto.

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