El largo camino hacia la aceptación social

Fuente: AFP.

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Los gais rusos aún no han conseguido especiales éxitos en el terreno de la emancipación, y las autoridades tienen una actitud hostil hacia ellos.

Román tiene 24 años, trabaja en Moscú como informático. Llegó a la capital desde Omsk, y en las calles de la capital se siente menos amenazado que en casa. La cuestión es que Román es gay. En su provincia se enteraron de que le gustan los hombres y empezó a sufrir ataques regularmente. “Incluso empecé a rezar mientras me pegaban: Dios, que me den solo patadas, con cuchillos no, por favor”, cuenta Román.

Evgueni, de Stávropol trabaja como conductor en una gran empresa de gas. Nunca se ha encontrado con gais, pero está seguro de que no le van a traer nada bueno. Al oír la historia de Román, alabó a aquellos que se le echaron encima. Evgueni está seguro de que los gais no representan ningún buen ejemplo para los niños. “Si veo a un par de homosexuales, les daré una paliza, sacudiré de aquí esa basura sin pensarlo”, dice Evgueni.

Esta agresividad la comparten los habitantes de muchas ciudades de Rusia. Así, en un reciente festival de cine LGBT, que tuvo lugar en Siberia, los habitantes de Novosibirsk intentaron atacar a los asistentes al acto. Los policías, que fueron a custodiar el cine, por compromiso con los organizadores, no quisieron tomar cartas en el asunto, pero uno de los principales jefes de policía declaró a los organizadores: “No tengo intención de defenderles aquí mañana”.

“LGBT en Rusia está continuamente amenazado por agresiones homófobas, palizas y asesinatos, y la investigación de estos asesinatos, a menudo se interrumpe con la alegación de ´suposiciones inventadas´”,   dice el activista gay, Serguéi Ilupin. Es un luchador activista por los derechos de los gais y considera que las parejas del mismo sexo en Rusia, deberían tener derecho a casarse, a adoptar niños y recibir garantías jurídicas.

 “Los motivos homófobos de despido, la expulsión de centros escolares, palizas o asesinatos, son imposibles de probar, ya que el propio concepto de "homofobia" no figura en la ley, y las personas LGBT no están reconocidos como un grupo social”, dice Ilupin.

No hace mucho se planteó un nuevo objetivo, conseguir que se anulen las leyes de prohibición de propaganda homosexual. En Rusia, mostrar la bandera del arcoíris y manifestar abiertamente una orientación sexual no tradicional, ya está prohibido en Astracán, Kostromá, Riazán, Novosibirsk y San Petersburgo, donde hace poco se expidió la primera multa por propaganda homosexual.

La multa la pagó uno de los permanentes organizadores del Orgullo Gay, Nikolái Alexéyev. El motivo era que sostenía un cartel con una cita de la famosa actriz soviética Faína Ranévskaya "La homosexualidad no es una perversión. Perversión es el hockey sobre hierba y el ballet sobre hielo", el tribunal le impuso una multa de 5.000 rublos. Tras la sentencia condenatoria, Alexéyev tiene la intención de anular la ley de San Petersburgo.

En Moscú, donde de momento la prohibición de la propaganda homosexual no se ha adoptado, pero las autoridades han optado por otro camino y han prohibido los desfiles del Orgullo Gay en los próximos 100 años. Que de momento no se haya prohibido la propaganda, ha sido gracias a los activistas gais que se aprovecharon de las lagunas de la ley y anunciaron una marcha de minorías sexuales cultural y de masas. En respuesta, Alexéyev no obtuvo ni el permiso ni una prohibición directa de la marcha. Se acordó remitir la carta al tribunal, que dictaminó que, sin embargo, la prohibición de los desfiles del Orgullo Gay en los próximos 100 años es una medida legítima.

Serguéi Gubánov, abiertamente gay, teme que la ley de propaganda homosexual se adopte a nivel federal. “Esto sería una vuelta a las leyes soviéticas”, dice. El 3 de junio de 1993, excluyeron el artículo 121 del Código Penal de la Federación de Rusia (´sodomía´), según el cual los homosexuales masculinos se enfrentaban a una pena de 8 años. Este artículo se publicó en 1934, 17 años después de la Revolución de Octubre. Las primeras medidas punitivas por homosexualidad se introdujeron en el siglo XVIII por Pedro I y concernían a los militares. Y la homosexualidad se convirtió en delito durante el reinado de Nicolás I, en el que a los hombres gais los enviaban al exilio a Siberia.

“De hecho, desde los tiempos soviéticos no ha cambiado nada. La única pequeña victoria es el permiso a los gais para donar sangre. Y derechos no tenemos ninguno, aunque la emancipación del movimiento gay está en pleno apogeo, la gente va a los desfiles del Orgullo Gay, la columna gay se reúne en las manifestaciones de la oposición”,  dice Gubánov, que marchaba en la columna central de la comunidad LGBT en la manifestación “Por una elecciones justas” que se celebró el 12 de junio.

El último éxito gay tuvo lugar el  pasado 2 de junio, cuando se celebró por primera vez una campaña concertada la “marcha de los corazones ardientes” que los medios de comunicación rusos bautizaron como desfile gay. De hecho, esto no es exactamente así, explica Gubánov. Los manifestantes no solo lucharon por los derechos de LGBT, sino también por los derechos de las minorías étnicas, las mujeres y los trabajadores, y en su organización ha participado activamente la organización de izquierdas, el Comité Internacional del Trabajo.

Sin embargo, en poco tiempo, estas acciones pueden ser prohibidas, igual que la ley que prohíbe la propaganda homosexual tiene no malas perspectivas de extenderse a toda Rusia. “No hay ninguna razón para no aceptarla, tanto más cuanto que ya están funcionando iniciativas regionales. En Rusia, la emancipación de los homosexuales no es posible, tenemos que aumentar la tasa de natalidad, por eso, es una cuestión también de fundamentos morales, una cuestión de cultura”, dice el miembro del partido Rusia Unida, Alexánder Jinshtein.

El diputado reconoce que los homosexuales tienen derecho a su libertad, pero considera que no deberían hacer de su vida un modelo ´moderno y romántico´. No hay necesidad de introducir leyes especiales para proteger a los gais, ya que, en su opinión, los participantes en los desfiles del Orgullo Gay provocan a menudo que los creyentes radicales y nacionalistas les ataquen. “No soy partidario de tal comportamiento, aunque creo que no hay ningún motivo de odio, es una defensa agresiva de la moral”, dijo Jinshtein.

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