Un coloso con entrañas rusas

Supervisión de los avances en la construcción de la Yesca. Fuente: Flickr.

Supervisión de los avances en la construcción de la Yesca. Fuente: Flickr.

Si México tuviera un Madrid-Barça, ese día estaría usando energía de la Yesca. A falta del mencionado derby , podría ser un partido entre el América y las Chivas de Guadalajara, eternos rivales. Porque la Yesca está pensada para entrar en juego precisamente en esos momentos en que el consumo se dispara y la electricidad se encarece, en las horas punta.

La Yesca es la última presa hidroeléctrica en construcción en México, con capacidad para generar hasta 750 MW al año. En esta obra, todo lo que no es cemento, es ruso, y Power Machines es responsable de su instalación y mantenimiento. Las compuertas, los generadores, las turbinas…toneladas de materiales han llegado desde las fábricas de la compañía en Rusia y Ucrania, después de mes y medio de travesía, para dar forma a esta gran mole, que se prevé estará lista a finales de año.

Éste es el cuarto proyecto hidroeléctrico construido con tecnología rusa en México, y el tercero en el cauce del río Santiago, entre los estados de Jalisco y Nayarit. Los dos anteriores, hoy en pleno funcionamiento, son las  presas de Aguamilpa y el Cajón, y fue precisamente en 1989, con el inicio de las obras de Aguamilpa, cuando Power Machines llegó al país. Aunque por aquel entonces se llamaba todavía Energo Machexport, y Rusia era aún la Unión Soviética. Power Machines no nacería sino hasta el año 2000, a partir de la fusión de varias empresas rusas líderes del sector, dando lugar a la primera compañía del país especializada en la  fabricación de turbinas y generadores de energía hidroeléctrica, térmica y nuclear, y que se cuenta hoy entre las cinco primeras del mundo en su ramo. 

Desde 1989, la empresa mantiene oficinas permanentes en la capital, y ha participado en proyectos de gran envergadura en este continente, en Argentina, Chile, Brasil, Colombia, Panamá, y próximamente, Ecuador. Alrededor del mundo, ha trabajado en 57 países.

Energía suficiente para abastecer varios estados

La Yesca es el proyecto más importante de Power Machines en América Latina en estos últimos diez años, explica Serguei Souproun, director ejecutivo en México.  La central tendrá dos turbinas de 375 MW cada una, capaces de generar 1.5 veces la energía que el estado de Nayarit consume en su totalidad durante un año, o la necesaria para encender 12.5 millones de bombillas. La Comisión Federal de Electricidad de México, propietaria de la obra, calcula que se ahorrarán 2 millones de barriles de petróleo al año. La energía sobrante podrá ser llevada a otros estados que la necesiten.

Además,  una central hidroeléctrica comienza a ser rentable a partir de los 30 años, pero, con el mantenimiento adecuado, podría seguir produciendo 70 más, al contrario que una térmica, a la que el mismo calor agota en apenas tres décadas.

Arturo Zamora, director técnico del proyecto, atribuye la elección de Power Machines en detrimento de otros proveedores mexicanos a su alta especialización en el sector. “En el mundo hay muy pocas fábricas especializadas en generadores y turbinas. Por eso se la eligió, porque proporciona los equipos principales, y los equipos auxiliares se compran localmente. La intención es unir industria local con industria rusa para conseguir el óptimo de precio y calidad”. De los 200 millones de dólares a los que asciende el contrato de la compañía, 100 se quedan en México, y otros 100 corresponden a suministro ruso y ucraniano.

También se quedan aquí millones de dólares en concepto de salarios, ya que, en su apogeo, la obra atrajo a unos 5,000 obreros y se crearon otros 5,000 empleos indirectos.

Un trabajo para gente diferente

Un proyecto de esta envergadura requiere de todo tipo de profesiones, explica el ingeniero Arturo Zamora. Se necesitan abogados, doctores, ingenieros en todas las especialidades, biólogos, sociólogos, psicólogos, técnicos, y muchas otras profesiones. “Es una labor humana completa y compleja, nos toca tener vivencias y tener tragedias…este vivir diario es para gente especial, somos diferentes, el trabajo nos moldea”, dice Zamora.

También hasta aquí llegaron empleados rusos, en su mayoría ingenieros, diseñadores, supervisores y montadores. Algunos pasan sólo unos meses en el país, pero para otros la estancia se alarga mas allá del año, aprenden el idioma, y sobrellevan, de la mejor manera posible, estar lejos de la familia. Tratan de  hablar con los suyos prácticamente todos los días, y organizan eventos y fiestas, o salen a visitar playas cercanas o a pescar. Serguei Souproun añade: “La mayoría de ellos van de proyecto en proyecto, se pasan la vida así, sin familia, en Rusia, en Asia, en todas partes del mundo”.

Las dificultades de poner en pie a un gigante

Los retos de construir semejante proyecto no han sido pocos. Para empezar, la cortina de la presa, de 220 metros de altura -sólo 10 metros más baja que la Torre Espacio de Madrid, uno de los edificios más altos de España- tuvo que ser girada 14 grados  hacia atrás cuando la montaña se empezó a desplomar, algo no previsto en los estudios geológicos preliminares. 

Para detener este desprendimiento, se “inyectaron” tapones rellenos de cemento  a la montaña, a modo de arterias,  de hasta 80 metros de profundidad, que ayudaron a contener el movimiento de la tierra, además de cubrir toda su fachada con una capa de cemento.

Esta gigantesca obra de corrección retrasó el proyecto diez meses, e incrementó su costo en más de un 70%, hasta los 1,300 millones de dólares -de los 770 millones presupuestados inicialmente-. La alternativa, no contemplada, habría sido parar la obra, devolver el terreno a sus condiciones previas, y resignarse a perder el dinero invertido hasta entonces.

Por otra parte, las enormes piezas que formarán los generadores, las turbinas o las compuertas, pueden llegar a pesar hasta 20 toneladas, y son transportadas por    carreteras construidas casi sobre la marcha. La caída desde el camión de una de estas piezas supuso tener que devolverla a San Petersburgo para ser reparada, lo que interrumpió todo el ritmo de producción durante meses.

Otro factor que se tuvo muy en cuenta fue el de los movimientos sísmicos, en un país que yace sobre dos placas que se mueven constantemente, provocando frecuentes temblores y terremotos. Por ello, la gigantesca cortina ha sido diseñada para soportar un terremoto de entre 8.2 y 8.4 grados en la escala Richter sin quebrarse.

Cuando faltan apenas 8 meses para su inauguración, las obras van viento en popa y hace escasos días comenzó a llenarse el pantano, que sube a un ritmo de un metro a la semana.

A punto de finalizar su último proyecto en México, Power Machines tiene sus ojos puestos en la construcción de otra hidroeléctrica que saldrá a concurso a finales de año. “Las condiciones actuales no ayudan, el precio del petróleo afecta a todo, todo se encarece”, dice Serguéi Souproun, pero Power Machines parece haber llegado a México para quedarse.

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