Lo amargo de Maxim Gorki en Veraneantes

Fuente: Ros Ribas.

Fuente: Ros Ribas.

La tragedia Veraneantes continúa vigente tras recibir cinco manzanas plateadas en los Premios Max, los máximos galardones de las artes escénicas en nuestro país. La adaptación al aquí y ahora de Miguel del Arco traslada al público a una atmósfera de crisis económica y aparente felicidad. Traducida también en la falta de contrataciones que han hecho que esta función triunfadora se despida de los escenarios. ¿Podrán los autores rusos vencer los tiempos de crisis en España?

Veraneantes cuenta la historia de once personajes en su mes de vacaciones. En el escenario risas, alcohol y un clima en el que aparentemente todo tiene que ser feliz. Pero no va a ser así. En palabras del propio director, Miguel del Arco, "Veraneantes es una tragedia a ritmo de canción del verano". La función arranca con una melodía alegre que entonan todos los personajes pero durante este mes, que en escena dura dos horas y media, los espectadores se darán cuenta de que este canto tan sólo esconde una gran tragedia. El drama que sufrieron los revolucionarios rusos.

"Veraneantes tiene el espíritu de Gorki", declara el productor de la obra Aitor Tejada (Kamikaze Producciones). La obra original de Maxim Gorki sitúa a los personajes en plena prerrevolución rusa, algo que a Miguel del Arco le parecía bastante lejano. "El texto está muy parecido al original pero hemos acercado la trama a la actualidad", comenta Tejada. Los personajes de Veraneantes plasman los mismos conflictos de Los Veraneantes de Gorki. En 1904 se vivía en Rusia un estado de confusión general a nivel sociopolítico y económico. En la España de 2011 hay una idéntica radiografía. Debido a la crisis económica, los españoles muestran un estado de insatisfacción. Se encuentran infelices porque aspiran a más de lo que tienen. Tanto los personajes de Gorki como los versionados por del Arco sufren esta frustración. "La historia se repite", afirma Tejada. 

Los principales cambios que Miguel del Arco ha realizado del texto original son las profesiones de los protagonistas y los nombres de los personajes. Ahora la obra la protagonizan políticos, representantes de ONG´s, constructores corruptos,... que llevan el nombre de los propios actores. Una actualización que logra que el espectador se acerque a la tragedia de los personajes y sientan sus historias como la suya propia ya que, en palabras del productor, "lo que contaba Gorki se puede contar igual en el momento que vive España".

Una historia, la de la crisis económica, que afecta tanto a los protagonistas de Veraneantes como a la propia compañía de La Abadía. El pasado 26 de mayo se bajó el telón, posiblemente por última vez, para este equipo teatral después de más de 100 representaciones. A pesar de haber obtenido cinco premios Max (Mejor Espectáculo de Teatro, Mejor Adaptación de Obra Teatral, Mejor Composición Musical para Espectáculo Escénico, Mejor Actriz Protagonista y Mejor Productor Privado de Artes Escénicas), según Aitor Tejada, Veraneantes parece echar el cierre definitivo. "La decisión se tomó en enero. Teníamos una función al mes y eso no interesaba económicamente. Ahora con los Max no ha cambiado nada, no comes ni te contratan más". La crisis que llevan a sus espaldas los ayuntamientos de toda la geografía española ha hecho que esta obra de autor ruso no vuelva a representarse. "Ha habido gente que quería programarla en sus salas pero no tenían dinero para ello", aclara Tejada. 

Maxim Gorki, revolucionario del teatro ruso

Gorki nació en Nizhni Nóvgorod, ciudad rusa que llevó su nombre hasta 1990. Como fiel defensor de la causa bolchevique, su ideología lo llevó en varias ocasiones a la cárcel e incluso a perder un hijo, asesinado supuestamente por la oposición trotskista. Entre su repertorio se halla un retrato de las diversas clases sociales que coexistían en la Rusia de 1917, pero destacan sobre todo las descripciones de los sectores más desfavorecidos de la sociedad, que el joven Gorki conoció muy de cerca. Su propio apellido, que se traduce como amargo, muestra su visión personal de la sociedad de aquel momento. Al igual que los personajes de Veraneantes que desatan, desde las tablas, toda su amargura. Ríen, lloran, realzan sus pasiones y chocan unos contra otros para ver quién es el mejor.

Pero Gorki no es el único que traduce la sociedad rusa prerevolucionaria al teatro de nuestra España en crisis. El Inspector de Nikolái Gógol se estrenó el pasado 4 de Mayo en el Centro Dramático Nacional, versionado y dirigido, de nuevo, por Miguel del Arco. Un pueblo que se muestra aparentemente perfecto ante la llegada de un supuesto inspector se puede trasladar perfectamente a nuestra época. Una sátira sobre el poder, la corrupción y la inmoralidad que nos recuerda a casos de algunos políticos que están aún bajo la decisión de un juez.

Parece ser que los autores rusos siguen aún vivos en las salas de teatro españolas aunque obras de este calibre, con once actores la primera y quince la segunda, no podrán seguir realizándose sino es con ayuda de la financiación pública. De momento, ya hay una que ha echado el cierre a su telón rojo de terciopelo. 

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