Enoturismo: viajar con la etiqueta en la mano

Recogida de la uva. Fuente: ITAR-TASS

Recogida de la uva. Fuente: ITAR-TASS

Cada vez hay más rusos que deciden viajar a la Toscana, Burdeos o Borgoña para conocer de cerca las tierras en las que se produce el vino. La geografía se amplia y también han llegado a España. El surgimiento de agencias especializadas ha ayudado a que florezca el sector.

Dos veces al año, Víctor Sótnikov, director de planificación estratégica y desarrollo de una gran empresa rusa de combustible, se va de vacaciones. Sus vacaciones son poco convencionales:  a la sombra de las vides y en el frescor de las bodegas de vino. Fue allí donde empezó a profundizar en los matices de la maceración en frío, el envejecimiento, la entereza, etc. Disfruta enormemente del estudio del contenido de las cubas de acero y las barricas de roble.


“En un sentido general, soy un turista frustrado”, dice Sótnikov. “No me interesan  las excursiones por las capitales del mundo, donde bastante a menudo tengo que ir por motivos de trabajo. No soy una persona deportista, eso de escalar las cimas de las montañas, un día de pesca o en el agua, o ir al campo de golf, no son placeres para mí. Por eso, desde hace ya unos cuantos años dedico mis vacaciones a lo que realmente me gusta: los buenos vinos”.


La geografía de los viajes cambia en cada ocasión, lo único que no varía es la vista a las cepas desde la ventana del hotel. Víctor no planea rutas demasiado complicadas, simplemente se dirige allí donde le llaman las etiquetas de sus vinos preferidos. En los últimos años ha estado en lugares de producción de la noble bebida en Australia, Alemania, España, Italia, Rusia, EE UU, Francia, Montenegro y Suiza. Las próximas vacaciones planea pasarlas en Chile. Durante sus vacaciones, normalmente hace un recorrido para visitar las fincas de la región, hace degustaciones, conoce a los vinicultores y estudia las particularidades locales de la enología.

“En los últimos diez años, la demanda del enoturismo por parte de los turistas rusos ha tomado fuerza. Crece de forma estable el interés por las regiones francesas. Especialmente populares son los recorridos vinícolas por Alsacia, Burdeos, Champagne, Ardenas, Reims,  Épernay, Normandía y Calvados”, afirma Inessa Korotkova, directora de la Agencia de Desarrollo del Turismo en Francia.

En los últimos años han aparecido diez agencias de viajes especializadas exclusivamente en enoturismo. “Creamos una subdivisión que se encarga de la organización de los recorridos vinícolas con acreditación de las embajadas y certificado de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo, etc., en el año 2007. Cuando hablo del turismo de vinos, sobreentiendo que es ese tipo de servicio turístico en el que la gente  busca, en concreto, una selección de ofertas únicas, inabarcable por las compañías turísticas habituales. Entre nuestros clientes, los destinos más demandado son el Piamonte y Toscana, en Italia. En Francia, prevalece Burdeos, seguido de Borgoña y Alsacia. Y en España, Bilbao”, cuenta Anatoli Kornéyev, vicedirector general de la compañía de comercio vinícola, Simple.

La paradoja estriba en que el vino, por tradición, no está entre las bebidas alcohólicas más populares de los rusos. El clima es el principal impedimento para que crezcan viñas en la mayor parte del territorio del país. Además, en los últimos cien años, se han llevado a cabo algunas campañas contra el alcohol, que tuvieron una influencia negativa en el desarrollo de la vinicultura.

Sin embargo, la cantidad de rusos interesados en el vino aumenta. Y cada año, más personas se interesan por los viajes a los lugares de producción. Hoy en día, camino a casi todas las fincas vinícolas de Francia, España, Italia y Suiza, hay indicaciones especiales que anuncian en la carretera la existencia de salas de degustación o boutiques de vino. Y los vinicultores de más éxito proporcionan sus propios minihoteles y restaurantes. Incluso algunos encargan la construcción y el diseño de las bodegas a los principales diseñadores y estudios de arquitectos.

Como resultado, los locales de producción de vino (que suelen reunir bajo un mismo techo todo lo que compone el negocio: recipientes para la fermentación, bodega, salas de degustación, boutiques, minihoteles, restaurantes, etc.) a menudo figuran en los catálogos de la mejor arquitectura moderna. Es decir, pasan de ser objetos regionales de la agricultura, a convertirse en lugares de interés turístico de importancia internacional para un círculo pequeño de refinados conocedores.

La mayoría de los expertos coinciden y aseguran que el turismo del vino tiene un gran futuro. Rusia no es una excepción. Las grandes fincas, Fanagoria, Chateau le grand Vostok, Kuban-Vino, Chateau Taman, Mysjako, disponen salas de degustación, boutiques de vino y organizan excursiones a las bodegas.
 
Los planes más ambiciosos son los de la compañía Abráu-Diursó. La cuna del champán ruso junto con la compañía transnacional Cronwell Hotels & Resorts, planea crear en la región de Krasnoyarsk, en las afueras de Moscú y en Grecia una red completa de hoteles 'Abráu Diursó- Hotels by Cronwell'. Estos hoteles estarán orientados exclusivamente a los amantes del buen vino. En cada hotel temático no habrá más de 100 habitaciones. Las actividades de ocio incluyen: degustaciones de vino, acceso a las bodegas de Abráu-Diursó, tratamientos para la salud en un balneario utilizando vino espumoso, etc. Los fundadores de 'Abráu Diursó- Hotels by Cronwell', están explotando las condiciones de venta de la franquicia para los hoteles ya existentes en diferentes regiones de Rusia.
 
 Dmitri Alexéyev, crítico gastronómico, vicepresidente de la Asociación de Columnistas Gastronómicos.

Dos veces al año, Víctor Sótnikov, director de planificación estratégica y desarrollo de una gran empresa rusa de combustible, se va de vacaciones. Sus vacaciones son poco convencionales: a la sombra de las vides y en el frescor de las bodegas de vino. Fue allí donde empezó a profundizar en los matices de la maceración en frío, el envejecimiento, la entereza, etc. Disfruta enormemente del estudio del contenido de las cubas de acero y las barricas de roble.

En un sentido general, soy un turista frustrado”, dice Sótnikov. “No me interesan las excursiones por las capitales del mundo, donde bastante a menudo tengo que ir por motivos de trabajo. No soy una persona deportista, eso de escalar las cimas de las montañas, un día de pesca o en el agua, o ir al campo de golf, no son placeres para mí. Por eso, desde hace ya unos cuantos años dedico mis vacaciones a lo que realmente me gusta: los buenos vinos”.

La geografía de los viajes cambia en cada ocasión, lo único que no varía es la vista a las cepas desde la ventana del hotel. Víctor no planea rutas demasiado complicadas, simplemente se dirige allí donde le llaman las etiquetas de sus vinos preferidos. En los últimos años ha estado en lugares de producción de la noble bebida en Australia, Alemania, España, Italia, Rusia, EE UU, Francia, Montenegro y Suiza. Las próximas vacaciones planea pasarlas en Chile. Durante sus vacaciones, normalmente hace un recorrido para visitar las fincas de la región, hace degustaciones, conoce a los vinicultores y estudia las particularidades locales de la enología.



En los últimos diez años, la demanda del enoturismo por parte de los turistas rusos ha tomado fuerza. Crece de forma estable el interés por las regiones francesas. Especialmente populares son los recorridos vinícolas por Alsacia, Burdeos, Champagne, Ardenas, Reims, Épernay, Normandía y Calvados”, afirma Inessa Korotkova, directora de la Agencia de Desarrollo del Turismo en Francia.



En los últimos años han aparecido diez agencias de viajes especializadas exclusivamente en enoturismo. “Creamos una subdivisión que se encarga de la organización de los recorridos vinícolas con acreditación de las embajadas y certificado de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo, etc., en el año 2007. Cuando hablo del turismo de vinos, sobreentiendo que es ese tipo de servicio turístico en el que la gente busca, en concreto, una selección de ofertas únicas, inabarcable por las compañías turísticas habituales. Entre nuestros clientes, los destinos más demandado son el Piamonte y Toscana, en Italia. En Francia, prevalece Burdeos, seguido de Borgoña y Alsacia. Y en España, Bilbao”, cuenta Anatoli Kornéyev, vicedirector general de la compañía de comercio vinícola, Simple.

 

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