La Madre Patria, la estatua que vigila Volgogrado

Fuente: Flickr/ BBM Explorer.

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La monumental estatua de la Madre Patria que domina la ciudad actual de Volgogrado es el vivo recuerdo de la batalla más sanguinaria de la Segunda Guerra Mundial. Situada en la colina Mamáyev Kurgán, la figura descansa sobre un solemne complejo dedicado a los caídos soviéticos y a la resistencia de una ciudad que fue desolada y que en aquel en aquel momento se llamaba Stalingrado.

La resistencia del ejército soviético ante el ataque de las tropas nazis sobre la ciudad de Stalingrado fue diseñada en la “altura 102.0”, palabra en clave que recibió la colina Mamáyev Kurgán –nombre atribuido al militar Mamáy, jefe de las Hordas Azules del imperio mongol– y que dominaba la ciudad en la que se encuentran los ríos Volga y Tsaritsa. El lugar fue elegido por su privilegiada posición, por lo que las fuerzas del Eje intentaron en numerosas ocasiones hacerse con su situación.


Entre el 12 y 13 de septiembre de 1942, apenas un mes del comienzo de la batalla, se produjeron algunos de los primeros éxitos de los soviéticos. Posteriormente, fue el lugar en el que Vasili Záitsev, el mítico francotirador ruso, dio caza a su rival Heinz Thorvald. Finalmente, la colina fue testigo del fin de la batalla más cruel de la historia que se cobró más de dos millones de muertos, en su mayoría soviéticos, alemanes y rumanos. Pero, sobre todo, vecinos de Stalingrado.
El centro de la ciudad no pudo resistir a seis meses de continuos ataques y quedó en ruinas, mientras que las bombardeadas tierras del Mamáyev Kurgán se mezclaban con la sangre de los miles de muertos que dejaron los ataques alemanes. A medida que se aproximaba el final de la guerra fue surgiendo, casi por unanimidad, la idea de levantar en ese heroico promontorio el memorial a los caídos que defendieron Stalingrado.


Un homenaje eterno


Tras la victoria soviética, multitud de voluntarios fueron llegando para ayudar a reconstruir la ciudad. En 1945, el gobierno soviético otorgó a Stalingrado el título de Ciudad Heroica y, poco después, Stalin ordenó la construcción de una estatua de gran tamaño que recordase para siempre lo ocurrido y que simbolizase los valores y resistencia del pueblo ruso. Numerosos escultores entusiasmados con el proyecto presentaron sus ideas, pero el mandatario soviético encargó la tarea final a Evgeni Vuchétich, un destacado escultor del realismo socialista que ya había diseñado el monumento memorial de los soldados soviéticos en Berlín.


La construcción del complejo comenzó en mayo de 1959 y terminó el 15 de octubre de 1967. En el conjunto destacaba, por encima del resto, la inmensa estatua de la Madre Patria –también conocida como ¡La Madre Patria te llama!–, realizada con hormigón y metal. Vuchétich se inspiró en la Niké de Samotracia, la escultura de mármol del siglo II a.C que se exhibe en el Louvre. Además, Vuchétich contó con varias modelos de Stalingrado para tomar las formas de su proyecto.


Los camiones transportaron, durante interminables jornadas laborales, las ocho mil toneladas de hormigón que se necesitaron para su construcción. El encargado de conseguir que todo ese engranaje de pesadas piezas resultara impecable fue el ingeniero Nikolai Nikitin. Una de las características más espectaculares de la Madre Patria es la espada que mantiene amenazante en su mano derecha. El material original del arma era de acero, pero, con el paso del tiempo, ésta se balanceaba con vientos fuertes, por lo que decidieron sustituirla por una de titanio.


En total, la estatua mide 85 metros de alto. Sólo la figura humana cuenta con 52 metros, mientras que la espada tiene 33 metros de altura. En el momento de su inauguración oficial el 15 de octubre de 1967 –a la que asistieron todos los grandes miembros del gobierno soviético, incluido Leonid Brézhnev–, la estatua era la más grande del mundo, ya que la estatua de la Libertad de Nueva York –de 93 metros de altura total– tiene una estructura sobre la que se erige. El símbolo de la libertad y la resistencia, sin duda, residía en Stalingrado.


Pese a que es la gran estatua de la Madre Patria la que ha alcanzado la fama y admiración internacional, el conjunto arquitectónico incluye otras muchas esculturas que representan el horror del asedio nazi. Una de las estatuas más destacadas es la del comandante Vasili Chuikov, que fue el asesor del escultor, y que aparece retratado en la escultura ‘Luchen hasta la muerte’. La ‘Madre dolorida’ sostiene a un soldado fallecido y la Sala de la Gloria militar es el mausoleo que cuenta con la Llama Eterna y los nombres de más de 7.000 soldados fallecidos inscritos en las paredes. El lugar está cargado de simbolismo; 34.505 combatientes soviéticos descansan bajo la estatua, a la que se llega tras ascender 200 escalones, tantos como días duró el asedio de la actual ciudad de Volgogrado.


El conjunto memorial es uno de los iconos del turismo de Volgogrado, ya que consigue atraer, cada año, más de dos millones de turistas. El complejo abre todos los días del año, festivos incluido, y la entrada es gratuita.


El paso del tiempo, único enemigo


Sin embargo, la majestuosidad de la Madre Patria cuenta con algunos factores que amenazan su dominio sobre la ciudad que la vio nacer. En primer lugar, el terreno de  Mamáyev Kurgán, bombardeado incesantemente durante la guerra, no es lo suficientemente estable, lo que provoca la lenta, pero continua, desviación de la estatua al sostenerse sobre su propio peso. Actualmente el nivel de inclinación es de 211 mm, que es el 75% de los cálculos permitidos por Vuchétich.


Por otra parte, la estatua en sí comienza a sufrir las consecuencias del inevitable paso del tiempo y algunas partes están comenzando a deteriorarse notablemente. Un equipo de escaladores profesionales se encarga de su costoso mantenimiento y la cubre periódicamente con materiales que favorecen su resistencia al agua. La parte superior de la estatua tiene miles de anotaciones, sólo perceptibles desde las propias extremidades, que reflejan las pequeñas anomalías que necesitan de constantes cuidados.


Un total de once pisos, sin contar la cabeza, constituyen la estatua, que está compuesta en su interior por 118 cables metálicos capaces de aguantar hasta 60 toneladas cada uno. Un ingeniero visita una vez a la semana los equipos electrónicos del corazón de la emblemática mujer de Volgogrado para controlar la temperatura del hormigón o la tensión de los cables, entre otras actividades. Además, hay repartidos 150 sensores que controlan y recogen información de toda la escultura.


Evgeni Vuchétich, diseñó también otra Madre Patria en Kiev, pero no pudo completarla y fue finalizada tras su muerte en 1974. La estatua ucraniana, de acero inoxidable, mide 62 metros y fue inaugurada en 1981. Al igual que su homónima rusa, también domina un conjunto memorial dedicado a los fallecidos soviéticos.


La Madre Patria de Volgogrado forma parte de las vidas de sus ciudadanos y de la libertad por la que lucharon todos sus habitantes. Desde el 31 de agosto de 2000, la estatua está incluida en la bandera del óblast de Volgogrado, pero desde siempre vigila el corazón del pueblo bañado por el Volga.

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