Nadie es profeta en su tierra: 'Dictator' en el espacio postsoviético

Estatua de Niyasov, presidente de Turkmenistán de 1985 a 2006. Fuente: Flickr/ Martinjn.Munneke.

Estatua de Niyasov, presidente de Turkmenistán de 1985 a 2006. Fuente: Flickr/ Martinjn.Munneke.

Shasha Baron Cohen ha vuelto a dinamitar lo políticamente correcto con su película ‘Dictator’, en la que parodia a un sátrapa postmoderno con el personaje del General Aladín. Lo curioso, es que a pesar de estar ambientada en oriente próximo, ‘La República de Wadiya’ también tiene mucho de postsoviética y la película ha sido censurada en varios de esos países

Las autoridades de Tayikistán, por ejemplo, han decidido no conceder la licencia para exhibir ‘Dictator’ en el país, alegando que es incompatible con la mentalidad de sus ciudadanos. En una nota de prensa, el distribuidor de películas extranjeras en Tayikistán, Tantana, ha restado importancia a la decisión animando a sus compatriotas a disfrutar de ‘Men in Black 3’.


Así mismo, ‘Dictator’ también ha sido prohibida en Turkmenistán y Bielorrusia. Modestamente, yo no imagino a ‘Shasha’ Lukashenko como un gran amante del cine (a la altura del norcoreano King Jong-il), pero me gustaría saber si le ha hecho gracia la película.


Mejor suerte ha corrido en Uzbekistán, donde las autoridades del país sólo han censurado 12 de los 83 minutos que dura ‘Dictator’, metiendo la tijera en escenas calificadas como “indecentes”. Al leer esto en la prensa uzbeka me han entrado ganas de volver a ver la película, ya que parece que me he perdido las escenas de cama.


Baron Cohen es un viejo conocedor del espacio postsoviético y en su anterior película (Borat: aprendizaje cultural en América para traer beneficios a la gloriosa nación de Kazajstán), parodiaba a un líder kazajo que visitaba Estados Unidos para un intercambio cultural. Dicha película fue en su momento criticada por el gobierno de Astaná, y no recibió permisos de emisión ni en Kazajstán ni en Rusia. Sin embargo, el propio ministro de exteriores kazajo, Yerzhan Kazikhanov, ha reconocido recientemente que ‘Borat’ ha conseguido que lleguen más turistas al país, e incluso hay agencias de viaje que organizan ‘Borat Tours’. La otra cara de la moneda es que en una competición deportiva celebrada en Kuwait los organizadores pusieron el himno de ‘Borat’ pensando que era el auténtico de Kazajstán.


Otra de las conexiones de ‘Dictator’ con los países exsoviéticos está en el Báltico. Los coches del general Aladín están fabricados en Letonia. Cada Dartz Prombon cuesta entre 500.000 y 1.500.000 dólares, dependiendo de los complementos que se le añadan al coche (llantas de oro, rubíes y diamantes en el salpicadero etc). La velocidad máxima de los Dartz Prombon es 180 km por hora, pesan 4.5 toneladas y gastan 8.1 litros de gasolina de media por cada cien kilómetros.


El director de la compañía, Leonard Yankelovich, asegura que todos sus trabajadores son antiguos soldados del ejército rojo. También el chófer del coche dorado del general Aladín es un antiguo soldado soviético, Igor Ristolainen, quien combatió durante 11 meses en Afganistán y es apodado “Sniper” (francotirador).


En el espacio postsoviético, Baron Cohen encontraría un inspirador caldo de cultivo de generales Aladinos, y sin contar a geniales precedentes como Brezhnev y Jruschev. No obstante, el líder más rico en matices sería, indiscutiblemente, el Turkmenbashi Saprmurat Niyazov.


Niyazov gobernó Turkmenistán entre 1985 y 2006, tiempo suficiente para cambiar el nombre de los meses, poniendo el suyo a enero y el de su madre a julio, o para prohibir la barba, el pelo largo, la ópera, el ballet, la radio en los coches y toda la música que no fuese tocada en vivo. También mandó construir una estatua de oro con su figura, que mide 15 metros y gira automáticamente para que siempre esté cara al sol.


Turkmenbashi tuvo otras geniales ideas (dignas del mejor Aladín), como construir un palacio de hielo en una de las zonas más calurosas del planeta (el desierto del Karakum). Durante la presentación del proyecto, Niyazov explicó que así “nuestros niños podrán aprender a esquiar y habrán cafés y restaurantes en el palacio”.


El ex líder del Partido Comunista de Turkmenistán y primer secretario del ahora Partido Democrático de Turkmenistán también cambió el nombre de los días: el lunes pasó a ser el “Día Principal”; el martes, el “Día de los Jóvenes”; el miércoles, el “Día Favorable”; el jueves, “el Día Bendito”; el sábado, el “Día de la Espiritualidad” y el domingo, el “Día de Descanso”. Para el viernes no le quedaba imaginación y lo dejó igual.


Al cambiar los meses del año hizo como Julio Cesar, y puso su nombre al mes enero. Febrero pasó a ser el mes de la bandera turcomana y marzo honra a la festividad del Navruz. Para abril, el líder vitalicio sugirió el nombre de “Ine” (Madre), en honor de su progenitora, Gurbansoltan-edzhe, quien murió en un terremoto cuando él tenía ocho años y fue designada heroína nacional bajo su mandato.


El antiguo mes de septiembre se rebautizó con el nombre de su gran obra literaria, el ‘Rukhname’ (el libro del alma), una colección de pensamientos sobre la identidad y la historia turkmena que no sólo era exigido en la universidad y en la escuela, sino también para conseguir el carnet de conducir. Cada año sus ministros se mostraban asombrados de que la academia sueca no llamara a Asjabad para otorgarle el premio Nóbel de literatura, aunque como todos sabemos dicho galardón está altamente politizado.

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