Un cruce de culturas

Contrariamente al estereotipo, el invierno ruso no dura todo el año, por lo que hay festivales al aire libre. La imprevisibilidad del clima, por supuesto, complica la tarea de los organizadores, pero el cálido público ruso no tiene miedo: el festival de música de verano ha reunido a más de 10.000 personas, a pesar de la lluvia, el granizo, y el tiempo poco veraniego.

El festival “Dikaya Myata” ha tenido lugar en Rusia por quinto año consecutivo. Para el aniversario los organizadores seleccionaron un lugar que estuviera a la altura del evento: el centro cultural y de formación “Etnomir” en la región de Kaluzhka, quizás el más inusual “complejo hotelero” del país. Ofrece a los visitantes la oportunidad de pasar la noche en una cabaña antigua típica de los Urales, en una yurta o en un chum: las viviendas tradicionales de los pueblos de Siberia y el Lejano Oriente, además de conocer a los representantes de los pueblos antiguos que vivían en Rusia, bailar la danza de los pastores de renos y saborear la cocina tradicional. También pueden ver la estufa rusa más grande del mundo en la que caben varias personas.
 
Además, durante los días en los que se desarrolla el festival, toda la región de Kaluzhka se convierte en una población multicultural: 50 músicos de 10 países diferentes alegrarán a los invitados de “Dikaya Myata” con melodías latinoamericanas, bailes rusos, danzas serbo-gitanas y rap africano.
 
El tiempo durante el festival ha hecho honor a su nombre y ha sido verdaderamente salvaje. Sólo el grupo moldavo Zdob si Zdub pudo actuar bajo el sol, los demás se vieron obligados a soportar la lluvia e incluso granizo. Sin embargo, no interfirió a la hora de practicar por la maána Qi Gong y Pilates, de aprender el arte de la alfarería y la caligrafía china y de degustar platos tradicionales de todo el mundo.


“Nosotros también tenemos festivales de este tipo, - explicaba la instructora belga de yoga Monique mientas levantaba con destreza una pierna por encima de la cabeza, - pero en Rusia todo es diferente, aquí es un verdadero desastre: el segundo día llueve muchísimo pero no por ello hay menos gente. En cuanto sale el sol, la gente va rápidamente a broncearse...”
 
Después de tres días de lluvia continúa la diversión en el terreno embarrado. Sólo un tercio de los invitados lleva con botas de agua, asi que el resto utilizan los medios a su alcance para salir airosos de la situación.
 
“Creo que los rusos se vuelven bondadosos cuando están en contacto con la naturaleza, - sonreía el francés Etienne, bailando en el barro con dos bolsas de plástico en los pies, - llevo dos años viviendo en Moscú. Me parece que la ciudad cambia a la gente: en la ciudad es muy importante tu aspecto físico. En cambio, aquí a todos les da igual...”
 
Hasta cierto punto, se puede considerar “Dikaya Miata” una fiesta familiar. A este festival no sólo llegan jóvenes y hippies profesionales, sino también cantidad de adultos respetables.
 
“Yo vivo en una tienda de campaña”, - responde una voz ronca a la periodista Lena, - pero gracias a “Etnomir” las personas con niños pueden pasar la noche en mini-hoteles o cabañas. Este festival “en media ciudad” , a diferencia de otros festivales al aire libre, éste está situado muy cerca de la ciudad...”
 
La idea principal de “Dikaya Miata” y “Etnomir” se basa en la igualdad entre culturas independientemente del nivel de desarrollo del país o de su estatus mundial. En el mismo lugar se planea llevar a cabo en los próximos años el mayor y, quizás el único “Cruce de las culturas” de Rusia.

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